Pasando los días con su hermosura radiante,

Un entendimiento ni en piedra ni papel,

Que llamaba la arena y el mar propia caza -

En que vivían los dos sonriendo.


Pero se perdió un día en el cielo, eternamente

Azul, y remarcaba sus sentimientos solamente

En su corazón. Para que viera la gente

Que no entiende lo que es amar y perder.


Lejanamente miraba, espiaba y destrozaba,

Porque en sus entrañas esperaba la belleza

Que se devolviera a lo que uno esperaba

Fuera comestible y masticable, en fin: amable.


Y afuera sentado, esperando un beso,

Hasta las últimas horas de la madrugada

Con un puño de vegetación moribunda

Sentaba el borracho, bajo la lluvia salada.