Insectocosis

Está ahí. Puedo verlo. Tan cerca que casi roza mi hombro. Se queda quietecito, como si supiera que lo estoy mirando. Se deja admirar y se deja odiar el desgraciado. Quizás esta pensando en como torturarme aún más: ¿Me quedo aquí donde pueda verme? ¿O mejor me escondo para que no sepa donde estoy?

Ahora se mueve, se burla de mí. ¡me tienes miedo! ¡me tienes miedo! ¡me tienes miieeedoooo! ¿Podría aplastarte, sabes? Sólo dos dedos, índice y pulgar. Tomar tu delicado cuerpecito verdehoja, sentir tus pequeñas patitas haciendo cosquillas en piel y un momento después, apretar. Tu frágil exoesqueleto echo puré, tus vísceras esparcidas, una pegajosa mezcla verde que… Agh! No, no podría.

Camina decidido. Las patitas pisando firme por la chaqueta negra, sin titubear. Soy poderoso... O tal vez sólo ignorante. No debe tener idea que es la montaña negra que quiere subir. No debe saber que en este momento debe estar viajando más lejos de lo que podría en toda su vida, que si es que vive para bajarse de la micro llegará a un mundo totalmente distinto, nuevos insectos, nuevas aves, nuevos pares de dedos…

El viejo de la chaqueta negra me miró y se dio vuelta a la ventana. Debe pensar que lo miro a él. Que soy una especie de psicópata. Muajajaja ¡Te seguiré hasta tu casa y… y … y tocaré el timbre! Jajaja

No, soy la última persona que alguien creería psicópata.

Debería decirle: señor, tiene un bicho en la ropa que camina directamente a su oreja. Entonces el da un manotón, la mano derecha en su hombro izquierdo, no sabe donde está, no alcanza a ver su hombro casi en el cuello, da un manotón a ciegas, hace el saltar al bicho que hace un arco en el aire y cae sobre mí y yo grito de histérica, me paro de un salto y toda la micro me mira, que le pasa a esta loca.

OK, toma aire (Señor, tiene un bicho en el hombro), que no se te enrede la lengua,(Señor, tiene un bicho en el hombro), modula claro (Señor, tiene un bicho en el i en hombro) y trata que tu voz no suene chillona.

Pero ya no está en el hombro. Ni en las mangas, ni el codo, ni en los pantalones… No se le puede haber metido en una oreja porque se habría dado cuenta. Quizás está escondido en un pliegue. O quizás tenía alas y se fue volando. No, no tenía alas. Solo muchas patas.

En fin. Igual no quería que lo matara.

Me pica algo en la pierna.

Como algo que camina.

¡No! ¡No puede ser! ¡Piensa! ¡Piensa! No puede haber bajado hasta tus pies para luego decidir subir por debajo de la ropa. O por lo menos no podría haberlo hecho en tan poco tiempo. Pero tampoco estaría demás rascarme disimuladamente, sólo por si acaso.

Ahora me pica el brazo. No, no tengo nada.

No, no me estoy rascando el cuello. Es el pelo que me molesta y me da un poco de comezón. Hace tanta calor en esta micro.

Es sólo psicológico, repite, es sólo psicológico. No hay ningún bicho. La picazón está sólo en tu mente. ¿Y donde quedó el bicho? No, no pienses en eso. Es sólo mi imaginación. Omm.

Mi imaginación me sigue picando. Y todavía queda por lo menos media hora de camino.