LA ESCALERA

Algo cambió.

De pronto, ya nada sería lo mismo. Lo supo en el mismo instante en el que sintió un suave cosquilleo contra su piel. Y es que ahora tenía piel.

Era como despertar de un sueño eterno, aunque en aquél momento no lo sabía. De haber conocido las palabras para describirlo, habría dicho que acababa de presenciar su propio nacimiento. Y es que hasta aquél momento no existían las palabras.

Parpadeó sin ser consciente de lo que hacía, y con ojos que no sabía que tenía observó a la oscuridad por primera vez. Y es que la oscuridad acababa de nacer.

Una diminuta forma de no-oscuridad descansaba en el medio de las tinieblas, y su cuerpo se movió hacia allí. Y es que las distancias aparecieron en cuanto su cuerpo se materializó.

Caminó y caminó, con piernas recién estrenadas, pero la no-oscuridad seguía lejos de su alcance. Entonces chocó contra algo y lloró. Y es que el dolor había estado esperando el momento de presentarse.

Con sus manos inmaculadas tanteó ese algo, y descubrió una estructura extraña, un camino de tinieblas sólidas que reveló una ruta para alcanzar la no-oscuridad. Al seguir aquél camino, sus inmutables labios se curvaron en una mueca inconsciente. Y es que la esperanza había despertado y con ella, danzantes, vinieron las sonrisas.

La no-oscuridad se hacía más y más grande, hasta que finalmente se encontró bajo ella, al frente de ella, a su lado y detrás de ella. Su corazón le hizo partícipe de su nerviosismo, mas eso no evitó que estirara su brazo para conocer aquello que había sido el causante de su existencia.

Ya nunca nada sería lo mismo. Y es que al tocar a la puerta, la Verdad acudió a su presencia.