Antes de nada, muchas gracias a Lyann por su review.

Pd: En mi instituto tampoco hay profesores como Backer, tendremos que decirle a Marie que nos le preste ^^

-.-

Miré apesadumbrada por la ventana del autobús. Era el primer día de las vacaciones y, aunque interiormente anhelaba este momento, me fastidiaba ver a la gente caminar tranquilos y sin nada que hacer.

- La última oportunidad – había dicho mi padre antes de que yo saliera de casa.

Volví a la realidad cuando el autobús paró. Suspiré resignada y seguí mi camino.

El instituto estaba casi desierto. Giré en uno de los pasillos para dirigirme al departamento de Lengua, donde había quedado con el profesor Backer.

Casi huyo espantada de allí cuando me encontré con la "flor y nata" del instituto en la puerta del departamento.

Era un grupo de seis chicos y ni rastro de chicas, salvo yo… Genial. Viva la inteligencia masculina.

La mayoría eran repetidores, como Sarah y Evan, pero ellos este año se lo estaban tomando en serio.

No tenía ganas de compartir clases con esa gente. ¿Había que juntarse con la plebe?

Al hacer la aparición estelar, todos se giraron a mirarme. Reconocí a un par de mi clase. De aquí no podía salir nada bueno…

- Vaya – dijo Harry como-se-apellide, quien parecía ser el cabecilla del grupo – La señorita Hale ha decidido hacernos una visita.

- Déjame – le contesté. No se me daba muy bien lidiar con adolescente con aspiraciones dominantes. No sabía controlar la situación. Y esta era de una esas situaciones. ¿Dónde estaba la puntualidad del señor Backer cuando se requería? Harry me interceptó, cortándome el paso, aunque yo no me dirigía a ninguna parte. Sólo quería salir de ahí.

- ¿Y si no lo hago? – retrocedí instintivamente empezando a asustarme – Estás más guapa así… Verdaderamente el uniforme escolar es un estorbo – todo su grupito rió la estúpida broma… Dios. ¡Parecían gorilas! Repasé mentalmente la ropa que llevaba, ya que no nos obligaban a traer el uniforme. Me había puesto una falda vaquera por encima de las rodillas, una camisa blanca y una chaqueta azul marino. Como había venido en autobús, no me preocupaba el frío. Era una cosa que aguantaba bastante bien. Pero no había contado yo con este pequeño inconveniente… El próximo día me vendré con el hábito de monja… - Marie. No te asustes. Sólo queremos que vengas con nosotros a tomar algo – no me había dado cuenta, pero estaba entre Harry y la pared, y este se acercaba peligrosamente. Como un león que acecha lentamente a su presa – Tú eres lista, seguro que no te pasa nada por perder unas clases…

- Deje las citas para luego, Hale – irrumpió la voz del profesor Backer en el pasillo. Y por fin pude respirar. Harry se alejó y yo me quedé más tranquila. Me fijé en el profesor. Él también lucía más informal que de costumbre: con suéter y vaqueros.

Al verle, todos los muchachos se pusieron rígidos.

- Bien Hale. Tú vendrás conmigo a la clase de 2º y el resto os quedaréis con los demás profesores que os asignen. Ya pasarán a buscaros. No sufráis por que me lleve a la señorita, pero tiene mejores cosas que hacer que estar aquí de charla con vosotros.

Seguí al profesor riendo interiormente, no sin antes voltear para ver a Harry. Y no me gustó como me miraba. Denominé a su mirada como "mirada de león hambriento". Normal, se había quedado sin su presa…

Backer me abrió la puerta del aula vacía, cuando llegamos.

Me coloqué en primera fila y él soltó los libros que traía.

- Buenos días – me saludó.

- Buenos días, profesor.

- Veo que causa furor entre los chicos – comenzó sentándose en la mesa y pasándome unos ejercicios que recordé haber hecho al poco de que él llegara. El profesor también me miraba de forma penetrante y curiosa, pero no como Harry… Difícil de explicar. No era como un león hambriento sino como un excursionista que se detiene a ver el monumento de la ciudad de visita o como si alguien mirara una obra en un museo. Sonreí ante mi propia explicación. Era una tontería. Pero fuera lo que fuera, no me quitaba el ojo y eso, me gustaba. Crucé las piernas por debajo de la mesa, para darle un poco de emoción al asunto. No sabía por qué lo hacía, pero su vista seguía clavada en mí con renovado interés. De vez en cuando, jugaba con mechones de mi pelo o miraba por la ventana. Me quedé callada, por que no sabía que contestarle; pero viendo que la cosa iba para largo decidí entablar conversación.

- Preferiría no tenerlo.

- Es normal a tu edad. Si alguna vez te molestan, puedes decírmelo.

- Tenía controlada la situación – mentí descaradamente. ¿Y? No me gustaba que pensase que no podía con unos tipos como esos.

- Marie, serás una buena actriz en el futuro… pero a mi no me engañas.

- Usted lo ha dicho. No lo hago – él sólo sonrió. Tras media hora terminé todos los ejercicios que me iba pasando.

- Bien. Ya hemos hecho suficiente por hoy.

- ¿Bromea? Si quedan más de dos horas.

- Pero ya has hecho todo lo que traía preparado. Eres muy rápida – y ahí estaba otra vez esa mirada. Creo que me sonrojé involuntariamente.

- Entonces… ¿qué vamos a hacer? – este hombre era capaz de tenerme el resto del tiempo mirando al frente, callada y sin hacer nada.

- Hablar – dijo como la cosa más natural del mundo - ¿Qué vas a hacer con las grapas?

- No lo sé.

- ¿No las puedo tirar?

- No, son mías yo las quité.

- Eso no te da ningún derecho sobre ellas.

- Como si pudieran opinar – musité mirando lo absurdo de nuestra conversación.

- ¿Y si lo hicieran?

- Pues que vengan y me lo digan. Esto es ridículo. ¿No podemos hablar de otra cosa?

- ¿Su novio no la protege ante tantos pervertidos? No creo que el señor Tyler sea el único que se haya fijado en usted - ¿había escuchado bien? ¿Mi novio? No entendía las segundas intenciones de su comentario. Y ahí estaba otra vez esa mirada. ¿Qué significaba? ¿Qué el también se había fijado en mí? Más tonterías…

- No tengo novio… de momento - confesé. ¿Y qué coño hacía yo contándole mi vida privada?

- Pretendientes no le faltan – volvió a esbozar esa sonrisa tan arrebatadora ¿eran imaginaciones mías o disfrutaba de la conversación? La verdad yo prefería hablar sobre la vida secreta de las grapas.

- No creo que a eso se le pueda considerar pretendiente – yo también reí – Es más bien, como una rata callejera – Era mucho más fácil hablar con él cuando no peleábamos. Y agradable. E interesante. Y... debería parar...

- Seguro que Harry no comparte tu punto de vista. Estaba muy interesado en ti.

- Ya, pero no es mutuo – suspiré. ¿Estas eran mis clases de refuerzo? ¿Lo había planeado él así?

- Cuídate de él. Nunca se sabe lo que es capaz de hacer – me quedé helada al escucharlo y creo que empalidecí. Backer no se dio cuenta y siguió - ¿Qué libro has leído recientemente?

- Romeo y Julieta – una hora después me había coscado de que indirectamente había iniciado un debate sobre el amor con mi profesor.

- ¿Te gustaría enamorarte? – me preguntó cuando llevábamos un rato callados.

- Nunca me había parado a pensarlo – contesté con la mirada perdida en la ventana – pero qué adolescente no quiere vivir un romance de ensueño.

- ¿Es tu caso?

- Yo prefiero los retos – le miré fijamente – Las cosas difíciles – Backer se quedó callado, pero luego la charla volvió a salir fluidamente. Me di cuenta de que no me costaba mantener la conversación con el profesor. Era muy espontáneo y elocuente.

Cuando llegó el momento de marcharnos fuimos juntos hasta la salida.

Una estridente risa hizo que me parara en seco.

- Marie no voy a dejar que te haga nada – susurró el profesor, llenándome, misteriosamente, de seguridad.

Al pasar por el lado de Harry, él siguió con sus tonterías y yo le hice caso omiso como siempre, pero la presencia de Backer me dio valor. Esto no iba a quedar así.

- Creo, señor Backer – dije para que todos me oyeran – que el director debería revisar los expedientes porque no se admiten animales en el instituto – y sonriendo cínicamente a Harry, me encaminé hasta la salida.

Eran mediados de diciembre y el clima, muy frío; pero me sorprendí al salir y ver una gruesa capa de nieve. ¿Cómo no me había dado cuenta de que nevaba si había estado mirando por la ventana? Una sonrisa traviesa se formó en mi rostro, a la vez que tenía una genial idea. Corrí hacia donde había una gran acumulación de nieve en el suelo e hice una bola. Antes de que pudiera tirársela al profesor, él me atacó dándome en el brazo. Le miré expectante y aparentemente indignada. Backer reía a carcajadas. Tenía una sonrisa tan hermosa que me estremecí al admirarla. Sólo otra bola cerca de mi cabeza, que afortunadamente esquivé, me hizo salir de mi ensoñación. Mi profesor volvió a reír cuando le lancé la mía.

Iniciamos una guerra toda la calle arriba. Yo me refugiaba detrás de los árboles y corría; pero él me alcanzaba enseguida.

Ninguno paraba de reír. Era una situación un poco extraña, divertida, agradable. Nunca me cansaría de estar así.

- ¿Cómo hemos llegado al aparcamiento del instituto? – le pregunté mientras me sacudía la nieve de la chaqueta. Backer sólo se encogió de hombros.

- ¿Hacemos un muñeco? – estaba pensando justamente en eso, por lo que asentí emocionada.

Empezamos a juntar nieve. Al modelar el cuerpo nuestras manos se rozaron y una calidez inundó mi cuerpo. A pesar del frío de la nieve pude sentir su tacto suave.

Descubrí, en ese instante, la calidez de la nieve.

Nos miramos profundamente. Sus ojos contra los míos.

Tal como vino se fue y nosotros seguimos haciendo el muñeco.

Al terminarlo lo miré orgullosa. Saqué el móvil para hacerle una foto, cuando vi un montón de llamadas perdidas de mi madre. No me había dado cuenta de que el tiempo había volado mientras jugábamos como niños. Mi madre me había dicho que nada de salidas. Estaba castigada, por alguna estúpida razón que no sabía, y del colegio iría directamente a casa.

- Lo siento profesor Backer – me disculpe – Lo he pasado muy bien. Ahora tengo que irme. Mi madre me va a matar.

- Entiendo – me dijo – Mañana te veo a la misma hora – yo ya había empezado a correr para llegar antes, pero nada me salvaría de una buena bronca - ¡Cuidado con la… - tarde - nieve!

- ¡Aaahh! – resbalé a cámara lenta quedando mi pobre tobillo hecho añicos. Backer vino de inmediato, haciendo un enorme esfuerzo para no reírse. ¡Y cómo no hacerlo! Era patética: cubierta de nieve, con el culo helado, la falda descolocada y el tobillo… en no muy buen estado. La risa nos venció a los dos sin poderlo evitar.

- ¡Marie, eres peor que un niño! – exclamó riendo y ayudándome a incorporarme. Me tendió la mano y tiró de mí con tanta fuerza que nuestros rostros quedaron a milímetros de distancia. Todo eran indirectas y hoy, día de acercamientos. ¿Significaría algo? Intenté por todos los medios no apoyar el pie, pero cuando lo hice la risa cesó y la sustituyó una mueca de dolor - ¿Estás bien? – puede que parezca mentira, pero hasta que no escuché la profundidad de su voz en mi oído no me fijé en lo cerca que estábamos. Sus manos me rodeaban, nuestros cuerpos se tocaban y sus labios… ¡Qué escándalo! – Será mejor que te lleve al hospital.

- Si no quiere puedo llamar a mis padres – repliqué porque no parecía muy entusiasmado con la idea. Creo que también se dio cuenta de nuestra cercanía.

- No pasa nada – alucinada como estaba pasé a un estado de "shock" cuando me tomó en brazos al más puro estilo princesita de cuento. Pero no era una carroza tirada por hermosos corceles blancos lo que me esperaba en el aparcamiento; si no un pedazo de coche último modelo negro metalizado. Casi se me cae la baba…

¿Cuánto ganaría como profesor?

Sin soltarme, abrió la puerta y me introdujo cuidadosamente en el interior. Yo estaba sonrojada a más no poder y no era capaz de articular palabra.

La expresión del rostro de mi profesor era muy confusa, por lo que no pude descifrar nada. Recordé que tenía que llamar a mi madre y saqué el móvil.

- ¡Marie! ¿Dónde estás? – dijo tras descolgar – ¿No sabes qué hora es? Quedamos en que…

- Mamá estoy camino del hospital – contesté escueta – Me he resbalado en la nieve y el profesor Backer se ha ofrecido amablemente a llevarme.

- ¡Marie, no te da vergüenza! ¡Siempre estás comprometiendo a tu profesor! Deberías procurar ir con más cuidado… - qué remedio… Tuve que colgar.

Miraba a reojo a Backer, quien estaba concentrado en la carretera y, sin pensalo ni poder evitarlo, sonreí.

-.-

- Un ligero esguince de tobillo – confirmó el médico mientras me examinaba bajo la atenta mirada de mi madre y del profesor, que había insistido en quedarse – Se lo vendaré y tendrá que guardar reposo unas dos semanas. Si siente molestia tome este medicamento – me extendió un papel con el nombre – Y evite moverse más de lo necesario – miré enfurruñada las muletas que a partir de ahora debería usar – la otra pierna podría verse resentida por cargar con todo el peso del cuerpo.

Me lo vendó y me esfumé de allí lo antes que pude. Mi madre se quedó arreglando papeles con el médico.

Me iba a costar habituarme a las muletas. Iba tan deprisa que tropecé con mis propios pies y de no ser por la mano mágica de Backer me la habría pegado.

- Ten cuidado… ¿No querrás romperte algo? – yo suspiré. No me acostumbraba a atenerle tan cerca. Ni a su tacto. Perdía el control de mí cuando esto pasaba. Tenía que poner una distancia de seguridad entre los dos.

- Muchas gracias por todo, profesor Backer – dije cortante – Hasta mañana.

No sabía que saldría del experimento de mantener una distancia de precaución prudente con él, pero debería intentarlo.

Tenía algo que me atraía… ¿Qué demonios estabas pasando?

Ahora sólo había una tregua. Espera a que empiece el segundo trimestre. Va a ser un no parar de molestar. Y de discutir. Y de sus ácidos comentarios. Y de su arrebatadora sonrisa sarcástica de superioridad.

¡Basta! Esto debía acabar… ¿Dónde habían quedado esos tiempos en los que no le soportaba?