Hermano.

Al parecer he pasado muchas cosas por alto, sobre todo a mi hermano. Creo que no les he hablado mucho de él y de su transformación. Su transformación fue un error... no, un accidente.

Pero empecemos por el comienzo.

Mi hermano nació el 20 de agosto de 1985, yo nací siete años después, el 31 de diciembre. Lo sé, es una extraña fecha. Además de nosotros dos, tenemos una hermana de doce años que actualmente está viviendo con mis padres en otra ciudad.

Mi hermano estaba iniciando la universidad cuando fue convertido. Tenía diecisiete, y yo nueve, casi diez.

Él estudiaba en la noche, y un día que volvía a casa fue atacado. Era un vampiro joven, quizás como yo ahora. Estaba sediento, mi hermano iba a morir, pero un policía notó que había algo fuera de lo normal y se fue acercando al vampiro que se estaba alimentando de mi hermano. El vampiro estaba muy débil y no podría luchar contra el oficial, pero tampoco podía dejar a mi hermano medio muerto ya que el oficial le había alumbrado la cara con una linterna y sabía su identidad, lo buscarían, quizás lo matarían, o, en el peor de los casos, descubrirían lo que él era. Así que en un ataque de pánico el vampiro convirtió a mi hermano y huyó.

Por supuesto, se hizo una investigación, pero como mi hermano se repuso tan rápidamente y no le habían robado nada no llegó a mayores. En esa época esta ciudad no estaba tan repleta de vampiros como lo está ahora. Y únicamente habían vampiros jóvenes. El que hubiesen vampiros también era un error... o un accidente. Según la teoría de mi hermano, por esta zona, el primer vampiro en ser convertido, fue uno al cual lo tuvo que haber convertido uno viejo que andaba sólo de paso, así fue como quedamos llenos de vampiros jóvenes. Mi hermano que siempre fue fuerte, se posicionó entre los vampiros más fuertes de la ciudad y por eso la mayoría le teme.

Mi hermano tuvo que lidiar con su vida de vampiro cuando mis padres aún estaban con nosotros, y nuestra hermana menor estaba al cuidado de nuestros abuelos paternos. Fueron casi tres años. Mi hermano la primera noche no llegó a casa y mis padres estaban muy preocupados. Mintió diciendo que se había ido de fiesta, mis padres estaban molestos, pero su preocupación anterior no les permitió regañarlo. Mi hermano nunca hacía ese tipo de cosas, así que se lo pasaron por debajo de la mesa, como diría mi madre.

Mi hermano dejó la universidad, consiguió un trabajo y se mudó a un apartamento. Les decía a mis padres que aún iba a la universidad, y con eso bastaba para mantenerlos tranquilos.

Cuando murió mi abuela hubo crisis familiar, mi abuelo estaba devastado y mi hermana prácticamente al cuidado de nadie. Mis padres decidieron mudarse a la ciudad de mis abuelos. Pusieron en venta la casa en donde vivían y consiguieron quien la comprara en un tiempo record.

Mi hermano no se quería mover de lugar, pero el detesta la soledad y les suplico a mis padres que me quedara con él. Aún no entiendo bien está aptitud de mi hermano, pero él creyó que podría cuidarme, y la verdad es que lo hizo bastante bien, no me quejo de eso. Yo adoraba a mi hermano y me uní a sus suplicas por quedarme hasta que mis padres accedieron. Me mudé a su apartamento y él me habilitó una de las habitaciones que no usaba.

Me la pasaba genial con él aunque no lo veía mucho. Él tuvo que volver a la universidad pero para ese entonces él ya se sabía controlar e intentaba no matar, pero regularmente lo hacía; sin embargo, él escogía muy bien sus víctimas, eran personas que él considerara malas. Mi hermano me ayudaba bastante con mis tareas, y en sus ratos libres hablábamos de cualquier cosa. Yo adoraba vivir con él, tenía mi espacio, y una relativa libertad.

También empecé a conocer a algunos de sus amigos, y en ese entonces no entendía por qué a él no le gustaba llevarlos a la casa, al principio llegué a pensar que eran celos, que era lo más probable y quizás también había un poco de eso, pero lo cierto era que la mayoría eran de sus amigos eran vampiros. En cualquier caso, nunca faltaba ver a John metido por ahí. Siempre llegaba con su típico "¡Hey, Dan!". Ah, cierto, mi hermano se llama Daniel, creo que eso tampoco lo había mencionado.

Un año después o poco menos desde que mis padres se fueran, mi hermano ya había adquirido su castillo. Pero casi siempre tenía que estar en el apartamento.

Entonces fue cuando sucedió mi transformación. John me atacó en el apartamento y luego se fue corriendo, totalmente desesperado. Yo empecé a sentirme mal y débil. John había tomado casi toda mi sangre y yo apenas tenía un poco de la suya en mis venas. A penas si podía caminar, pero igual salí del apartamento, algo instintivo me estaba guiando. Después de caminar unas doce calles vacías —era muy de madrugada y no había mucha gente por los alrededores— me conseguí con un borracho. Yo no sabía qué hacía, pero lo hice. Me lancé sobre él y, no sólo agujereé, sino que rasgué su piel, y bebí de su sangre hasta que no quedó prácticamente nada. Luego caminé una calle o dos más y había un mendigo a punto de dormir. También lo ataqué y maté. Fue entonces cuando me sentí llena y caí en cuenta de lo que había hecho. Simplemente no lo podía creer, corrí en dirección contraría, de vuelta a el apartamento pero lo pasé de largo por al menos once calles más y no me sentía cansada en absoluto, pero no estaba pensado en ello en ese momento. Llegué hasta la vieja ciudad, una zona que había quedado deshabilitada, y me escondí en un callejón bastante cerrado, hasta tenía techo, miré hacía arriba y noté que era una casa a medio derrumbar.

Empezaba a creer que estaba soñando, que estaba en medio de una pesadilla, me pellizqué y lo sentí, pero aún no podía creer que todo fuera verdad, golpeé paredes, me halé el cabello, me mordí las manos y los brazos, hundida en desesperación, pero no me dolía demasiado, estaba en shock. Mi shock.

Luego de unas horas me acosté en el suelo y empecé a analizar qué era lo que había pasado, pero no había explicación para nada, asumí que estaba en un sueño, en una pesadilla muy real.

Mi hermano ya había empezado a buscarme, pero jamás se imagino que yo estaba en el lugar en el que estaba.

Esa noche casi no dormí, me estaba metiendo en la cabeza que era sólo un sueño muy raro y muy real, no quería ni podía creer lo que había hecho y lo que me había pasado.

Al día siguiente sentí hambre, busqué un chocolate que tenía en el bolsillo y empecé a mordisquearlo, pero no pude continuar comiéndolo. No sabía igual, tenía un leve sabor a chocolate pero parecía como si se me hubiese caído en el suelo, en un montón de arena y estuviera por completo llena de ésta. Entonces miré mis manos llenas de sangre y me apetecieron, las lamí y la sangre me sabía bien; comencé con otra dosis de golpes y tirones de cabello. Estaba maniática, no sabía que pasaba conmigo. Me golpeé y sollocé hasta que me quedé dormida.

Mi hermano me encontró en la madrugada del tercer día. Yo no sabía cuantos días habían pasado, simplemente no le prestaba atención a eso, no me quería mover, sólo quería salir del extraño sueño, pero eso nunca sucedió.

Yo vi a mi hermano cuando se acercaba y al principio no lo reconocí, se veía distinto. Me cargó en brazos y yo me abracé muy fuerte a él, y gimoteé y sollocé sin llorar, mientras apoyaba mi cabeza en su pecho.

John no había aparecido desde que me convirtió, por lo que mi hermano no sabía nada. Llegamos a casa y mi hermano me recomendó darme un buen baño y así lo hice, me saqué toda la sangre de encima. Cuando terminé —y tardé mucho porque podía oler la sangre en mi piel aunque pareciera que ya la había sacado toda—, me fui a mi cuarto. Me sentía débil a pesar de haberme dado un festín dos noches antes, eso me pasaba porque era una nueva que había comenzado con las venas prácticamente vacías. Al llegar a mi habitación para vestime sólo me puse la ropa interior y me tiré en la cama. No me quería mover, me sentía enferma. Miré el techo por tanto tiempo que perdí el sentido de la realidad. Mi hermanó se preocupó porque tardaba mucho y se acercó a la puerta y la tocó varias veces mientras me llamaba. Las primeras veces me sonaban muy lejanas las voces y el toc toc de la puerta, pero luego, lentamente, fui volviendo a la realidad. Estaba a punto de responderle a mi hermano diciéndole que estaba bien, cuando él se impacientó y abrió la puerta. Agradecí por eso, no me quería mover, no quería ni hablar. Y no sentía vergüenza. Él me terminó de vestir y me llevó en brazos hasta el sofá. Entonces me ofreció de comer.

—Debes tener hambre —dijo— ¿Qué te gustaría comer? ¿Cereales? —negué con la cabeza— ¿Pollo? ¿Arroz? —negué dos veces— ¿Carne? —volví a negar y le pedí con los ojos que dejara sus intentos fallidos por adivinar lo que quería — Pide lo que quieras— me ofreció entonces.

Miré mis manos como acto reflejo, recordando lo ensangrentadas que habían estado antes. Casi podía oler la sangre que había estado en ellas.

—Quiero... —me atreví a gastar mis energías en hablar, lo pensé un poco y tomé fuerza para decir—: Sangre.

A mi hermano se le pusieron los ojos como platos. Pero entendió qué era lo que había pasado, incluso antes de que yo lo entendiera.

Revisó mi cuello un poco, luego revisó mi boca, y yo dejé que hiciera lo que deseara sin chistar. Luego me tomó en brazos nuevamente y fui a conocer su castillo. Me llevó hasta su reserva de sangre y me dio a beber todas las que quisiera. Me tomé cuatro, cinco, seis botellas o más, perdí la cuenta.

Y entonces me preguntó qué cosas recordaba.

—¿Qué pasó? ¿Quién fue? —empezó a preguntar.

—Yo... —me costaba hablar, pero luego la sangre fue dándome energías y hablaba sin titubear tanto— estaba en el apartamento... hacía mis tareas... y llegó John...

Mi hermano frunció el ceño de tal manera que no hablé más.

—Ese... —dijo mi hermano, estoy segura de que lo maldijo mentalmente— Continúa —me pidió.

Luego le conté sobre los hombres que había matado. Después de escucharme mi hermano me dejó en su castillo, arregló lo de los hombres para que pareciera suicidio o cualquier otra cosa... y luego buscó a John.

Cuando lo encontró lo golpeó tanto que, cuando yo lo vi, estaba lleno de moretones, moretones que iban desapareciendo con rapidez.

Mi hermano me obligó a beber de la sangre de John. Me explico que era por los lazos de sangre que amarraban a unos vampiros con otros, si un vampiro convertía a otro entonces éste se convertía en su esclavo, por llamarlo de alguna manera. Mi hermano dijo que él sería el que estaría a cargo de mí y no John. Así que tenía que beber de su sangre.

—Hermano... no quiero... —me quejaba yo.

Casi me puedo imaginar mi cara desfigurada por la imagen de John arrodillado en el suelo por la presión que ejercía mi hermano sobre él.

—Hazlo —me ordenó mi hermano. Estaba bastante molesto.

Al fin y al cabo tuve que hacerlo. No me gustó, quedó marcado en mí como un trauma, son imágenes imborrables de mi memoria.

A mi hermano le había costado mucho encontrar al vampiro que lo convirtió a él para poder separarse de él. Pero lo logró.

Falté un tiempo a clases, mientras me adaptaba a mi nueva vida. Mi hermano me enseñó algunas cosas, pero no todas, me enseñó que los crucifijos y el agua bendita no nos hacen nada. Y que el sol no nos pulveriza ni ardemos en llamas, sólo nos pone un poco débiles.

Yo por mi cuenta aprendí que no se tiene que dormir necesariamente en el día, aunque si es bastante más cómodo.

Mi hermano se había vuelto un poco loco cuando supo todo eso de que yo era vampira, técnicamente me encerró en su castillo y yo sólo bebía la sangre que él tenía en su reserva.

Una vez no volvió en unos tres días y yo me bebí una de sus botellas favoritas sin saberlo y él se molestó conmigo.

—¿¡Cómo iba a saberlo!? ¡Nunca me dijiste nada sobre tu sangre favorita! —le grité mientras imitaba su tono de voz.

—Pues entonces no lo hagas más, pregunta antes... —decía él molesto, alzando la voz pero sin gritar.

—¡Pues entonces tú déjame salir de este lugar y ya no te incordiaré más! —le seguía gritando e imitando un poco su tono de voz—. ¡Yo misma buscaré mi comida y no te molestaré más, ni tomaré más de tu tonta sangre favorita!

Tengo que admitir que el tiempo en que estuve encarcelada —largo tiempo de una semana—no fue nada bonito ni grato, estaba desesperada, no tenía nada que hacer, estaba aburrida y me sentía incómoda, como si no estuviese en mi casa, y en realidad no lo estaba, pero se suponía que así debía ser.

Mi hermano me miraba con una cara triste y afectada, pero decidió enseñarme a cazar, fue una experiencia de lo más rara.

Fue extraña por el hecho de que se suponía que me enseñaba a cazar, pero en realidad lo único que hacía era decirme de qué forma podía evitar el atacar a alguien, o cómo ignorar la sed. No me estaba enseñando a cazar en absoluto.

—Verás —me decía—, yo no cazo a cualquier persona...

En ese momento estábamos cerca de la vieja ciudad, y al lado de nosotros pasó un hombre joven, de unos veintitrés años. Me dí la vuelta y le mordí el cuello, él empezó a forcejear, entonces mi hermano lo tomó por los hombros y lo mantuvo quieto.

—¿¡Qué se supone que haces!? —me gritó, una de las pocas veces que me ha gritado.

Entonces me separé del hombre para mirar a mi hermano, le sonreí y unas gotas de sangre bajaron por mi barbilla.

—Es hora de que me enseñes a cazar —le dije con una gran sonrisa burlona en la cara.

Mi hermano me miro con los ojos como platos.

—¿C-cómo hiciste eso?

—¿Qué, qué? —miré hacía abajo y miré a mis manos— ¿Qué hice?

—¿Cómo te separaste?

—¿Ah? Es sólo que su sangre no me gustó mucho.

—Eso no tiene que ver... es la sangre... hazlo de nuevo.

Y lo hice. Me acerqué de nuevo al cuello del hombre, bebí de su sangre y me separé.

—¿Cómo es posible? —dijo mi hermano para si mismo.

—Es que su sangre sabe a licor, debe estar muy borracho.

Mi hermano me miró de nuevo con una expresión extraña. Golpeó al hombre y luego me tomó por un brazo y me llevó hasta una mujer que estaba a unas dos calles.

—Hazlo —ordenó.

La mujer volteó y mi hermano la sujetó por los hombros.

Yo me acerqué a ella y empecé a beber de su sangre, oí a mi hermano decir algo pero no entendí qué decía.

—¡Ya, ya, detente! —le oí gritar al fin.

Intenté separarme, pero está vez no fue fácil, fue como si no tuviese fuerzas para separarme, entonces sentí como mi hermano me separó de un tirón.

—¿Por qué no pudiste ahora? —preguntó.

—No lo sé, su sangre no sabía mal.

Luego supe que era el alcohol. Nunca me gustó el alcohol y cuando la sangre me sabía a alcohol me era fácil separarme.

Mi hermano me acompañó unas veces más a cazar, pero luego que aprendí un poco de autocontrol me dejó cazar por mi cuenta. Yo había empezado a hacerlo sólo cuando la gente estaba dormida, y también comencé con los experimentos.

Cuando volví al colegio tuve que cambiar un poco mi horario, ya me había acostumbrado a dormir de día. Tuve que acostumbrarme al sol, cuando estaba debajo del sol me sentía como enferma y eso era molesto, por eso me la pasaba mucho tiempo en la cafetería en los ratos libres, alejada del sol.