Visión de Letras.

Solía leer muchos libros. Los devoraba. Cualquier libro que cayera en mis manos sin duda alguna sería leído. Me encantaba leer, era mi mayor pasatiempo y afición. Recuerdo meterme en el papel de cada personaje y entenderlo a la perfección, cada vez que leía una historia trataba de sacar conclusiones acerca de lo que pasaría, algunas veces eran acertadas y otras veces no.

Me emocionaba y entristecía con lo que pasaba a lo largo de la historia, lloraba o reía dependiendo de lo que pasara. Podía ser una detective intentando descubrir lo que pasaría luego. También recuerdo molestarme infinitamente cuando un personaje hacía algo que me desagradaba mucho o cuando era egoísta y le hacía daño a los demás sólo para conseguir lo que éste quería; llegaba a pensar que cómo era posible que el autor creara a un personaje tan malo y cruel, pero al final siempre llegaba a la conclusión de que sin ellos la historia no sería lo mismo.

Todo eso cambió cuando quedé ciega.

Ya no podía hacer lo que más me gustaba: leer. Y, aunque al principio me ayudó un poco, no era lo mismo que alguien me leyese algo a que yo misma lo hiciera.

Fue una etapa terrible en mi vida, sentía que no podía hacer lo que quería. De hecho, sentía que no podía hacer nada, y poco a poco me sentí más vacía. El mundo no era igual y ya casi no le veía sentido a seguir aquí.

Luego, empecé a ver clases especiales para ciegos, fue muy difícil acostumbrarse a todo cuando yo ya estaba acostumbrada a otras cosas. Extrañaba mucho mi vista. Extrañaba mucho ver las cosas y los colores, sí, sobre todo los colores. Jamás había apreciado demasiado mi vista, y esto era un golpe duro.

¡Pero cuándo me enteré de que podía leer por medio de mis dedos! Creo que esa es una de las mejores noticias que me han dado. Lo malo es que la cantidad de libros que había en el formato Braille no eran muchos. Desde entonces siempre quise trabajar en un modo en que esta forma de lectura fuese más accesible. Sobre todo porque si comparamos un libro escrito de forma común con uno escrito en Braille, el libro escrito en Braille será cuatro o cinco veces más grande. Además, el papel es especial, y el proceso muy lento; lo que termina haciendo que sea muy costoso. Había muchas dificultades por donde se viera.

Me mantuve leyendo los pocos libros que podía en Braille y escuchando otros. Pero estaba decidida a hacer algo, porque la lectura lo era todo para mí.

Perdí mi visión a los diecisiete años, ahora tengo veintiséis y estoy haciendo lo que adoro. Trabajo en una compañía en España que se dedica a realizar tecnología —en específico, computadoras— para invidentes. Ya hemos desarrollado el teclado y estamos trabajando en una pantalla táctil que presenta la información en relieve.

También he escrito un libro acerca de mi historia y lo que he hecho hasta llegar hasta aquí. Está escrito originalmente en Braille y ha sido romanizado a español e inglés.

Ahora, puedo hacer de nuevo lo que me gusta, lo que adoro: leer y vivir la lectura. Llorar y reír. Emocionarme y ser una detective. Porque, sin duda, leer sigue siendo mi mayor pasatiempo y afición.

El camino fue difícil pero el llegar a la meta lo valió todo.