Este era un día claro y soleado, aunque la temperatura resultaba un tanto agradable ya que era el comienzo de la primavera: las flores ya habían comenzado a retoñar; la nieve ya se había derretido; y se escuchaba el canto de los pájaros por todos lados. Todo esto en mitad de un pequeño bosque ubicado un poco al noreste de la capital del Reino de Dragonia: Soleila. Este bosque había sido declarado como un parque público por el rey Filt Illyuse Drackma muchos años atrás; y se había construido una pequeña aldea agrícola, llamada Seliart, para que se encargase de su protección.

En este lugar, se encontraba un grupo de caballeros, todos cubiertos con la tradicional armadura de dragón que todos usaban en Dragonia: eran armaduras similares a las que usaban los caballeros de la época medieval, las cuales también tenían alas de dragón pegadas a la espalda y un casco cuya forma se asemejaba a la cabeza de un dragón. Su material estándar era titanio con escamas de dragón y su coloración dependía del elemento bajo el cual hubiese nacido su poseedor.

Además de ellos, también estaba un niño de alrededor de ocho años de edad. El chico tenía el cabello castaño y corto, ojos castaños; llevaba gafas; y vestía la vestimenta tradicional de Dragonia, el shouf, el cual era de color azul y estaba decorado con dragones y gotas de agua. El shouf era como un kimono japonés de hombre, aunque la parte inferior del que llevaba el niño se veía como un par de pantalones largos; y además llevaba zapatos marrones. El que estuviera decorado con dragones era muestra de su linaje, ya que esto significaba que él pertenecía a la familia real. En efecto, él era el actual Príncipe de Dragonia: Gerardo Iadlase Drackma, primer hijo de los reyes Yulius Pyraze Drackma y Giova Iadlasa Drackma. En estos momentos, él había venido a estos bosques a recibir entrenamiento de combate de parte de los caballeros, los cuales formaban parte de la prestigiosa Armada Real de Dragonia. Dicho entrenamiento ya había terminado; y se disponían ahora a regresar al Castillo de Soleila. Sin embargo…

- "Por favor…" – dijo Gerardo molesto – "¿No pueden permitirme estar en este lugar por un poco más de tiempo?" –

- "Lo lamentamos, Su Alteza" – dijo el capitán de los caballeros, Selte. Era un hombre de alrededor de treinta años de edad, con barba; y tenía el cabello negro y corto, ojos negros; y llevaba una armadura amarilla y verde– "Pero tenemos ordenes estrictas de los Reyes de que debemos llevarlo de vuelta tan pronto como hayamos terminado. De hecho, podría decirse que ya estamos desobedeciéndolos, dado que el entrenamiento debió de haberse llevado a cabo en los terrenos del castillo; y vinimos aquí solo porque usted insistió en que quería realizar sus prácticas aquí" –

- "Hee…" – suspiró Gerardo, aunque luego mostró una sonrisa maliciosa detrás de sus gafas – "Pero, ¿cuál es el problema? ¿No se supone que su gran prestigio es gracias a que mantienen Dragonia segura, incluidos estos terrenos?" –

- "Pero… Alteza…" – respondió Selte anonadado.

- "Hehe, vamos" – se rió Gerardo – "Pueden dejarme aquí por un rato. Estoy seguro de que gracias a su duro trabajo y al entrenamiento que me han dado estaré bien. Además, tengo a Iadla conmigo, así que tengo como defenderme" –

Dijo esto mientras señalaba a un pequeño dragón que tenía a su lado. Esta era Iadla, su dragona compañera, la cual era de un suave color azul y no más grande que un perro pequeño. Ella emitió un suave chillido de felicidad en cuanto escuchó su nombre.

- "Eso… eso lo sabemos… pero, Príncipe Gerardo…" – dijo Selte tratando de buscar alguna grieta en los argumentos del chico. No se imaginaba que alguien tan joven como él ya fuera tan listo como para salir con frases con tanta lógica y retórica – "Si los reyes se enteraran de esto, nosotros…" –

- "Hehe, descuiden" – sonrió Gerardo alegremente – "Ya inventaré yo alguna excusa para mis padres, así que les aseguro que no serán castigados. Eso se los juro" –

A sabiendas de que no podían hacer nada más, Selte y los demás caballeros llamaron a sus propios dragones acompañantes, montaron en ellos y se retiraron después de despedirse apropiadamente de Gerardo.

- "Odio tener que hacerle esto a nuestros respetables caballeros…" – dijo él con amargura para sus adentros – "Pero no soportaba más tiempo encerrado en el castillo, no importa cuanto me guste leer. Seguramente mis padres me castigarán por esto, pero al menos valdrá la pena" –

Luego empezó a caminar por los alrededores, sintiendo la suave brisa soplando por todo el lugar, mientras miraba como la luz del sol se filtraba por los árboles, las flores de múltiples colores que habían brotando por todo el lugar; y escuchaba el dulce canto de los pájaros.

- "Ahh… esto si es vida…" – dijo soltado un suspiro de alegría – "No había tenido ocasión de venir al bosque desde hace mucho tiempo, a pesar de que es mi lugar favorito. Realmente me hacia falta sentir todo esto de nuevo" –

Mientras aún seguía experimentando esa sensación de alegría, empezó a escuchar algo más…

- "¿Huh?" – se sorprendió súbitamente al escuchar eso – "¿Música? ¿Hay alguien cantando y tocando instrumentos por aquí o algo?" –

Empezó a correr hacia el interior del bosque con Iadla detrás, siguiendo el camino por el que la música se escuchaba más fuerte; y al poco rato encontró la fuente. Era una niña de más o menos su edad, la cual tenía un largo cabello negro, en el cual ella llevaba un moño azul; y vestía un largo shouf azul con los bordes blancos, aunque a diferencia del de Gerardo, la parte inferior era una falda que le llegaba hasta los tobillos, la cual dejaba entrever un par de zapatillas blancas. Como Gerardo podía ver, estaba concentrada totalmente en su canto: tenía los ojos cerrados, sus manos entrelazadas sobre su pecho; y su boca se movía suavemente al ritmo de la música. Parecía estar practicando, ya que solo vocalizaba y no pronunciaba ninguna palabra real.

Sin embargo, Gerardo quedó enamorado de ella tan pronto como la vio por primera vez. La niña tenía una cara muy linda; y eso añadido a su hermosa y melodiosa voz solo podía dar esto como resultado. Además, la canción que ella estaba cantando resonaba perfectamente con él, de modo que de seguro su personalidad también compaginaría con la suya sin problemas. Durante una pequeña parte en que ella hizo una corta pausa para tomar aire, Gerardo aprovechó para insertar una frase propia en su canción:

- "Alt tok, Heyt tast? Tast oulla risph?" –
(¿Quién eres? ¿Cómo te llamas?)

La niña pareció no darse cuenta de esto; y continuó practicando. Sin embargo, unos segundos más tarde, cuando Gerardo se acercó para hablar con ella frente a frente, la niña abrió sus ojos, los cuales eran de un intenso color púrpura; y con una expresión entre miedo y vergüenza, salió corriendo para alejarse de él.

- "¡Espera!" – le dijo Gerardo mientras la seguía.

La canción que la niña estaba cantando empezó a tomar un ritmo más frenético mientras ambos continuaban corriendo: ella para alejarse de él; y él para acercarse a ella y poder hablarle. Sin embargo, también se podían escuchar las risas de ambos: más que una persecución, parecía que estuvieran jugando a las traes; y de hecho ambos parecían estar considerando la situación más un juego que cualquier otra cosa.

Al cabo de un rato, Gerardo había perdido a la niña de vista, pero la canción había tomado un ritmo calmado de nuevo.

- "Debe haberse detenido" – dijo animado – "Esta vez si hablaré con ella" –

Siguió de nuevo el sonido de la canción; y cuando encontró a la niña de nuevo, esperó a que terminase de cantar de nuevo; y cuando la canción se alentó lo suficiente como para indicarle que ella ya estaba terminando, fue hasta ella rápidamente, le tomó ambas manos; y le repitió el verso:

- "Alt tok, Heyt tast? Tast oulla risph?" –
(¿Quién eres? ¿Cómo te llamas?)

La niña le movió la cara hacia un lado, como si tuviese vergüenza de mirarlo a los ojos; y le respondió con este verso cantado:

- "Yujio mhaku, risph lay'uk farit. Oulla risph Mihoka" –
(Soy una aprendiz de Sacerdotisa. Mi nombre es Mihoka)

Al instante la canción llegó a su final; y dejaron de escucharse los coros e instrumentos.

- "Err…" – Gerardo se había quedado rojo y sin palabras al escucharle decir eso - "¿Te… te parece bien si nos sentamos?" –

Mihoka sólo asintió y se sentó justo delante de él.

- "Errhm…. ¿puedo preguntarte tu nombre?" – le dijo ella tímidamente – "Es descortés… pedirle el nombre a alguien sin decir el tuyo…" –

- "Eh… cierto" – dijo avergonzado mientras ponía su mano atrás de su cabeza – "Mi nombre es Gerardo" –

- "Gerardo…" – Mihoka se sorprendió; y al ver detalladamente el shouf que él llevaba puesto, se tapó la boca con ambas manos – "¿¡Eres su Alteza Real, Gerardo Iadlase Drackma!?" –

Al instante se postró ante él hasta el punto de que su rostro terminó tocando el suelo de hierba del bosque, mientras repetía que la perdonara y que había sido una tonta grosera.

- "¡Ya, ya, calma!" – le dijo Gerardo alarmado ante esta muestra de respeto exagerada – "Para mi eso no importa, vamos. Prefiero que me llames solo por mi nombre; realmente detesto el trato formal y el hecho de que me tengan que tratar de modo diferente solo por ser parte de la familia real" –

- "Pero es que…" – comenzó Mihoka desde el suelo.

- "He dicho que está bien así, así que por favor, levántate del suelo y trátame como a cualquier otra persona" – dijo con irritación.

- "Esta bien…" – dijo Mihoka levantándose desde el suelo y sentándose de nuevo – "Ge… Gerardo" –

- "Mucho mejor" – dijo él, aunque al notar la cara de amargura y tristeza que Mihoka había puesto al pronunciar su nombre, se sintió terrible – "Lo siento, no quise decirlo de ese modo…" –

- "Esta bien…" – dijo ella mostrándole una pequeña sonrisa – "Hay veces que necesito una pequeña sacudida… no te preocupes por ello…" –

- "Err… bueno…" – empezó a mirar alrededor en busca de algo sobre lo que pudieran conversar; y al instante – "¿De dónde eres? No creo que vivas sola en este bosque" –

- "Así es," – respondió ella – "Yo vivo en la aldea de Seliart" –

- "Ah, la aldea que tiene a cargo la protección de este bosque" – dijo recordando cuan acogedor era ese lugar de las pocas veces que lo había visitado – "Es un hermoso lugar, aunque me imagino que debe ser duro vivir allí" –

- "Hehe… no mucho" – se rió Mihoka. Gerardo se alegró al ver que se las había arreglado para ponerla de buen humor – "Además de la escuela, yo solo tengo mis lecciones particulares como aprendiz de sacerdotisa, así que no es muy duro" –

- "Ah, ya veo" – dijo Gerardo pensativamente – "Pero, ¿alguna razón por la que quisiste ser sacerdotisa?" –

- "Es solo porque me gusta mucho la labor que tienen de asistir a la Sacerdotisa del Dragón; y lo de preparar las ceremonias y festivales que se celebran durante el año" – dijo alegremente – "Es más: estaba aquí practicando mi canto como parte de esas lecciones. Una buena sacerdotisa debe ser también una buena cantante" –

- "Ah, tienes una meta muy hermosa en mente" – le sonrió Gerardo – "Mi madre sigue siendo la Sacerdotisa del Dragón actual, pero según dijo, esta por retirarse pronto, dado que dentro de poco tendré una hermana" –

- "¿En serio?" – se sorprendió Mihoka – "¡Felicidades, Alteza!" –

- "¿¡Qué!?" – se sorprendió Gerardo.

- "Ehehe, lo siento… Gerardo" – dijo Mihoka entre risitas. Gerardo no pudo enfadarse ante esto – "Pero realmente me alegro por ti. Esto de seguro te traerá muchas alegrías" –

- "Hehe, así es" – le sonrió él – "He deseado tener una hermana con la cual jugar durante toda mi vida; y ahora por fin eso se ha hecho realidad" –

- "Por cierto, ya te dije mis sueños" – comentó Mihoka mientras le guiñaba un ojo – "¿Podrías decirme el tuyo?" –

- "Eh, bueno…" – Gerardo se ruborizó un poco, pero dado que ya Mihoka le había revelado esto, era justo que él también lo hiciera – "Quiero ser un Investigador: la clase de persona que esta todo el tiempo leyendo libros y creando teorías sobre como funciona el mundo para mejorar la vida de la gente" –

- "Hehe, es otra meta muy bonita" – le dijo Mihoka con una sonrisa – "Y estoy segura de que podrás hacerlo. En el poco tiempo que nos conocemos; me has parecido muy listo por la forma de hablar que tienes" –

- "¿En serio lo crees?" – se avergonzó Gerardo.

- "Estoy segura de ello" – dijo muy convencida. En ese momento Iadla salió de detrás de Gerardo; y le soltó un pequeño gruñido amistoso. - ¡Ah, que linda criaturita! ¿Este es tu dragón compañero?" –

- "Así es" – confirmó Gerardo con alegría – "Ella es Iadla; y es una dragona elemental de agua. Es algo dormilona, pero también es muy gentil y amistosa" –

Iadla le soltó un gruñido de rabia a Gerardo cuando comentó sobre lo dormilona que era, pero también hizo sonidos agradables cuando Mihoka la tomó entre sus brazos y empezó a hacerle cariño.

- "¡Oh que linda eres!" –

- "¿Y tu dragón acompañante?" – le preguntó Gerardo extrañado. Parecía que ella nunca hubiese tenido un dragón cerca de ella.

- "Er… aún no tengo uno" – dijo con tristeza – "Mamá me dice que no puedo tener uno hasta que haya completado por lo menos el nivel básico de mis lecciones de sacerdotisa. Por ello, todavía no he podido tener contacto con uno de esta forma" –

- "¿Y los dragones de tus padres o amigos?" – preguntó Gerardo con extrañeza.

- "Los dragones de mis padres no son tan adorables como Iadla; y a mis amigos y compañeros de clase no les gusta que nadie más toque sus dragones" – dijo Mihoka entristecida.

- "¿Y te falta mucho para terminar ese nivel?" – dijo él con intenciones de animarla.

- "No, al menos" – dijo alegrándose de nuevo – "La sacerdotisa que me da las lecciones dijo que terminaré el nivel básico en un par de meses si sigo a mi ritmo actual" –

- "Hehe, es bueno saber eso" – dijo Gerardo alegremente – "Al menos tendrás a tu propio dragón dentro de poco" –

- "Ambos tenemos alegrías para dentro de poco" - Luego miró la hora en el dispositivo con forma de reloj que llevaba en su muñeca, el Dragtemn: se asustó al ver que eran ya las cinco de la tarde y puso a Iadla de nuevo en el suelo – "Oh, ¡Por Illyusea! ¿Ya es tan tarde?" –

- "¿Ya debes irte?" – preguntó Gerardo entristecido.

- "Sí, sino mamá y papá se enfadarán conmigo" – dijo ella con tristeza.

- "Tengo una idea: ¿y si nos encontramos en este lugar el Pyrazsol de la próxima semana, a eso de las dos de la tarde?" – dijo Gerardo animadamente.

- "Pero, ¿eso no te traerá problemas?" – preguntó Mihoka.

- "Hehe, no lo creo" – dijo Gerardo entre risas – "Además, tengo que buscar un modo de presentarte a mis padres y permitirte que vengas al castillo a verme un día de estos" –

- "¿A… al castillo?" – preguntó ella con incredulidad.

- "No veo porque te sorprendes tanto: cualquiera puede entrar al castillo por cualquier razón" – se rió él al verle la cara.

- "Hehe, tienes razón. Esta bien, nos veremos aquí el Pyrazsol la próxima semana a las dos de la tarde" – le asintió ella con una sonrisa.

- "¡De acuerdo, es una promesa!" – dijo él mientras ambos se sujetaban ambas manos para confirmarla. Se soltaron a los pocos segundos, aunque las caras de ambos se habían quedado rojas por esto.

- "Muy bien, regresaré a Seliart ahora. ¡Nos vemos la semana próxima!" – dijo Mihoka mientras empezaba a correr en dirección de vuelta a su aldea.

- "¡Nos vemos!" – dijo él mientras le decía adiós con la mano. Luego Iadla se transformó en una dragona de mucho mayor tamaño; y le permitió a Gerardo que montara en ella. – "De acuerdo, Iadla, ¡de vuelta al castillo!" –

Iadla rugió como respuesta; y después de que Gerardo se había aferrado firmemente a su espalda; ella despegó del suelo. A los pocos segundos ya estaban lo bastante alto en el aire como para que el bosque y la aldea fueran pequeños puntos en el suelo, y emprendieron el corto viaje de vuelta a Soleila.

- "Hehe, no esperaba conseguirme una nueva amiga de este modo" – se rió él – "Pero fue una sorpresa muy agradable. Y quien sabe, es posible que tu también consigas un nuevo amigo dentro de poco, Iadla" –

Iadla rugió suavemente.

- "Hehe, sé que estas ansiosa, pero deberás ser paciente" – dijo el entre risas – "Si fuera por mí, aún estaría hablando y jugando con Mihoka" –

Iadla emitió otro pequeño rugido.

- "¿¡Qu-qué si me gusta!?" – se ruborizó él violentamente – "¿¡D-de que estas hablando!? Aunque… tal vez… puede que si me guste… un poco…" –

Iadla dio otro pequeño rugido, el cual sonó semejante a una risa.

- "¡Ya deja de reírte!" – le dijo Gerardo con irritación – "¿¡Y si así fuera, que tiene de malo!?" –

Iadla dejó de reírse; y solo soltó otro rugido, más suave que los anteriores.

- "Sí, es posible que tenga gran potencial como sacerdotisa" – dijo Gerardo pensativamente – "Y me gustaría invitarla cuando nazca mi hermana… Bueno, ya veremos que sucederá entonces" –

Después de unos minutos ya habían llegado al castillo.