新たなる紡いだ星の光の誕生 (Nacimiento de la Luz de una Estrella Recién Hilada)

- "¡Mami! ¡Papi! ¡Quiero presentarles a alguien!" – dijo Gerardo a sus padres mientras almorzaban en el comedor del castillo.

Habían pasado dos días desde que conoció a Mihoka en el bosque y ahora era un brillante de primavera sin nube alguna en el cielo. La familia real estaba pasando el tiempo juntos, ya que todo el papeleo y deberes que la reina y el rey tenían pendientes ya habían sido terminados mientras que Gerardo ya estaba al día con sus tareas y estudios.

- "¿Oh? ¿Hiciste un nuevo amigo, hijo?" – preguntó la reina poniendo sus manos sobre la mesa mientras su dragón miraba con los ojos abiertos al máximo a Gerardo.

- "¡Sip!" – dijo Gerardo sonriendo mientras ponía sus manos sobre la mesa e Iadla dejaba salir un gruñido musical – "Es una niña que vive en la Aldea Seliart y ¡nos conocimos mientras jugaba en el bosque después de que terminé mi entrenamiento de combate con los caballeros!" -

- "Ah, ¡sí! Esa ocasión hace dos días en que saliste al bosque sin permiso o escoltas y tuvimos que castigarte encerrándote en tu habitación por un día, sin acceso a la Draglimnt o la televisión durante todo el castigo y solo permitiéndote salir para ir a la escuela y usar el baño" – dijo el rey con una cara severa mientras su dragón agitaba su cabeza a los lados para decir "no".

- "Hehe… Bueno, ya saben que estar encerrado en el castillo cuando no estoy entrenando o en la escuela es aburrido…" – dijo Gerardo mirando hacia abajo mientras Iadla asentía a su lado.

- "También pudiste haber dado un paseo por la ciudad o haber ido a encontrarte con los amigos que hiciste en la escuela" – dijo la reina dejando salir un pequeño suspiro mientras ponía una mano sobre su frente. Su dragón en cambio miró de forma poco impresionada a Gerardo e Iadla.

- "No es lo mismo… Prefiero mucho más caminar por los bosques o en las montañas en vez de solo andar por la ciudad…" – dijo Gerardo negando con la cabeza mientras Iadla comenzaba a volar por el comedor, haciéndolos reír a todos. Él prosiguió – "Y los amigos que tengo sólo me tratan de modo normal mientras estoy en la escuela… El resto del tiempo, si nos encontramos de casualidad mientras andamos por la ciudad, ellos empiezan con esa molestia de "Príncipe Gerardo" o "Su Alteza Real" …" -

- "Bueno, eso viene con ser un miembro de la familia real, hijo mío" – dijo el rey mirándole de modo divertido mientras su dragón le sonreía a Gerardo – "Pero… ¿hay algún motivo en particular por el que quieras presentarnos a esta niña que conociste?" –

- "Ah, sí… Ella es realmente linda, tiene más o menos mi edad… Y parece ser una persona realmente gentil" – dijo Gerardo mientras comenzaba a juguetear con sus dedos y a ruborizarse. Iadla le sonrió de modo pícaro, pero Gerardo sólo le devolvió una mirada de irritación. En cuanto al rey y a la reina, sólo se miraban el uno al otro con una sonrisa.

- "Ehehe, el mirarlo me está trayendo de vuelta a los días de nuestra juventud, ¿eh? ¿Giova?" – preguntó el rey mientras su dragón comenzó a reírse hasta el punto en que cayó de su hombro rodando hasta el piso.

- "Así es, amor" – dijo le reina cerrando los ojos con una sonrisa satisfecha mientras su dragón asentía unas pocas veces. Luego volvió a abrir los ojos y miró a su hijo – "De cualquier modo, dado que parece que te ha agradado tanto, supongo que no haría daño que la conociéramos. Después de todo, parece ser que la consideras la primera amiga de verdad que has hecho" –

- "¡Genial! Estaba planeando ir a jugar con ella de nuevo en unos días más, ¡así que le diré que quieren conocerla!" – dijo Gerardo mientras se inclinaba sobre la mesa con sus ojos brillando. Iadla sólo se mantuvo volando a su lado.

- "Dicho esto, sea ella una aldeana o no, igual sigue siendo una pequeña dama. Empero, asegúrate de tratarla con el debido respeto"- dijo la reina mientras su sonrisa repentinamente se volvía algo más severa y ponía sus manos delante de sí.

- "¡Eso haré, mami! ¡Jamás haría algo para tratarla de modo grosero!" – dijo Gerardo asintiendo.

- "En ese caso, ¿crees que podrías pedirle que venga aquí pasado mañana?" – preguntó el rey sintiendo como la alegría que emanaba de su único hijo parecía estarse esparciendo hacia él. Su dragón había tomado vuelo y estaba flotando cerca de su cabeza.

- "¡Sí, eso haré! ¡Gracias, papi! Pero eso significa… ¿Qué tengo permiso para ir al bosque por mi cuenta?" – preguntó Gerardo mientras pestañeaba unas pocas veces en asombro. Iadla reaccionó de modo parecido, pero la sorpresa la hizo olvidarse de mantener sus alas en movimiento y la hizo caerse. Ella chilló molesta después de que llegó al piso.

- "Hmm, de acuerdo a los reportes, no ha habido actividades sospechosas en el área estos últimos días. Supongo que podríamos enviarte con un escolta hasta el área del bosque y luego permitirte que te adentres en el por tu cuenta" – dijo el rey mientras ponía una mano en su barbilla para luego sonreírle a su hijo.

- "¡Genial! ¡No puedo esperar a que llegue mañana!" – dijo Gerardo mientras su boca y ojos se ensanchaban en una gran sonrisa. Entonces terminó de comer y ayudó a las criadas a recoger los platos y a colocarlos en las bandejas, haciendo que los monarcas simplemente sonriesen complacidos por su conducta.

- "Sé que él puede actuar un poco malcriado a veces, querido" – dijo la reina mientras veía como Gerardo iba a la cocina con las criadas – "Pero no podemos negar que es un niño muy gentil" –

- "Ciertamente," – asintió el rey – "Con algo de suerte el continuará siendo así cuando haya crecido y llegue el momento de que ascienda al trono" –

- "Hehe, te estás adelantando demasiado"- dijo la reina mientras suavemente acariciaba su voluminoso abdomen – "¿No deberías preocuparte primero por como recibirá al nuevo miembro de la familia" –

- "Considerando que él nos ha pedido una hermana desde que tuvo uso de la razón, no se me ocurren razones para preocuparnos de que la rechace" – dijo el rey sonriendo.

- "En ese caso, creo que podemos contar con que él será un buen hermano mayor para ella" – dijo la reina cerrando sus ojos complacida. El rey entonces se levantó de su silla y fue a abrazar a su esposo. Luego continuó acariciando suavemente a su hija pronta a nacer.

Al día siguiente, en el bosque…

- "Y así, les conté a mis padres sobre ti ¡y parece que realmente quieren conocerte!" – dijo Gerardo mientras él y Mihoka se sentaban bajo un árbol ubicado al borde de un claro cubierto de flores.

- "¿¡Eh!? ¿D-De verdad…?" – preguntó Mihoka mientras rodeaba sus rodillas con sus brazos – "Pero y pensar que Sus Majestades quieren conocerme… Una simple niña de una aldea agrícola…" –

- "Por favor, no te infravalores" – dijo Gerardo dándole una palmada en el hombro mientras Iadla se mantenía volando cerca de Mihoka. La dragona miró a la niña mientras inclinaba su cabeza – "Eres una aprendiz de sacerdotisa después de todo; y probablemente nos moriríamos de hambre en Soleila si no fuese por los cultivos producidos por tu aldea" –

- "Lo sé, pero aun así…" – dijo Mihoka mirando hacia abajo y sonrojándose – "Pudiste haberte hecho amigo de alguien de Soleila, o incluso de Seleila…" –

- "Seleila realmente no queda tan cerca; y en Soleila todos me conocen" – dijo Gerardo negando con la cabeza – "Me tratan como uno de los suyos mientras estoy en la escuela, pero cuando salimos a la calle, comienzan con eso…" –

- "¿Eso…?" – preguntó Mihoka mientras alzaba la cabeza para mirarle.

- "Sabes de que hablo" – dijo Gerardo suspirando de modo solitario – "La rutina esa de arrodillarse en el suelo, postrarse y llamarme Príncipe o Alteza Real… Aunque ya les he dicho como mil veces que odio que me traten de esa forma…" –

- "¡Ah, sí!" – dijo Mihoka mientras comenzaba a reírse – "Hehe, ¡parece que no soy la única que lo hace!" –

- "Aunque no es que a nadie de la familia real le guste que le hagan eso cuando se hace fuera de una audiencia o ceremonial formales…" – dijo Gerardo suspirando de nuevo – "Sé que tenemos una posición importante en el mundo y todo eso, pero aun así es tan molesto…" –

- "Bueno, ¿tal vez sea porque no quieren parecer irrespetuosos?" – sugirió Mihoka mientras cerraba sus ojos y sonreía – "Digo, por eso fue qué yo también actué de ese modo cuando nos conocimos" –

- "Es verdad" – dijo Gerardo sonriendo – "De todos modos, como dije al principio, vine a invitarte al castillo para que mis padres te conozcan" –

- "Sí," – dijo Mihoka mientras fijaba sus ojos en un pequeño pájaro verde que voló sobre los árboles que tenían encima – "Aunque todavía no puedo creerlo…" –

- "Por favor, no empieces a hacerte inferior" – dijo Gerardo mientras alzaba una mano en dirección a ella. Mihoka se vio un poco asustada, pero entonces, ella vio como él había sacado un sobre blanco de los bolsillos interiores de su shouf: estaba decorado con un borde que parecía hiedra, tenía el sello elemental impreso en su frente y estaba sellado con un sello de lacre con la cresta real dragoniana impresa sobre sí. Bajo el sello, podía leerse Paf Mihoka escrito en una caligrafía pulcra – "Y bueno, para evitarnos problemas a futuro, mis padres decidieron enviarte esta invitación oficial" –

- "¿¡Eh!?" – dijo Mihoka mientras se ponía en pie instantáneamente y miraba con los ojos ensanchados al sobre – "Una invitación oficial… de Sus Majestades… ¿¡para mí!?" –

- "Pfft… ¡Ahahaha…!" – dijo Gerardo mientras él e Iadla comenzaban a reírse. Mihoka pestañeó un par de veces y entonces estampó su pie en la hierba mientras hacía pucheros.

- "¡Hey, eso no es gracioso!" – dijo ella.

- "¡Perdona, lo siento! ¡Es que ni Iadla ni yo pudimos evitar reírnos al ver tu reacción!" – dijo Gerardo mientras intentaba poner su risa bajo control, aunque Mihoka continuó enojada – "Ha… Pero sí, es oficial. Realmente parecían interesados en conocerte" -

- "Ah, ya veo…" – dijo Mihoka mientras juntaba sus manos en frente de sí misma y miraba hacia abajo – "Ya que es oficial y todo, significa que no puedo rehusarla… ¿cierto?" –

- No, sí puedes rehusarla" – dijo Gerardo inclinando la cabeza a un lado mientras la miraba confundido. Luego bajó la mirada – "Aunque no veo razón para que la rechaces…" –

- ¡No te preocupes, la acepto!" – dijo Mihoka tomando el sobre de sus manos mientras sonreía.

- "¡Genial! ¡En ese caso, te estaré esperando en el castillo mañana!" – dijo Gerardo mientras le sonreía.

- "Hehe… será un honor conocer a Sus Majestades… ¡Y quiero ver qué clase de personas son en persona también!" – dijo Mihoka asintiendo con la cabeza mientras continuaba sonriente. Luego guardó la invitación en uno de los bolsillos de su falda – "Pero por ahora, ¡vayamos a jugar!

- "Ah, ¡sí! ¡Aprovechemos para jugar un rato al escondite!" – dijo Gerardo mientras se giraba hacia un árbol, se tapaba los ojos y comenzaba a contar mientras Mihoka salía corriendo. Continuaron jugando hasta que se hizo tarde y se vieron obligados a regresar a sus hogares antes de que cayera la noche.

Al día siguiente…

Gerardo había estado muy inquieto esperando a que Mihoka llegase durante toda la mañana. Aunque había tratado de leer algunos de los libros que tenía en su cuarto o jugar algunos juegos en su computadora y consola para distraerse, no pudo seguir soportando la espera y bajó al vestíbulo del castillo para asegurarse de que ella llegase.

- "Hehe, realmente pareces ansioso, Su Alteza" – dijo una de las criadas mientras limpiaba el piso del vestíbulo. Tenía alrededor de treinta años, tenía el cabello corto y marrón enrollado en un pequeño bollo, ojos marrones y vestía un shouf amarillo.

- "Sí, Lise…" – dijo Gerardo suspirando mientras caminaba de ida y vuelta sobre la alfombra que llevaba de la entrada a la escalera principal – "Es sólo… que estoy nervioso… Mis padres realmente parecían interesados en conocerla, pero no puedo evitar preocuparme sobre cómo será su primer encuentro…" –

- "No deberías preocuparte tanto," – dijo Lise mientras dejaba de limpiar por un momento para mirarle – "Sus Majestades están acostumbrados a tratar con la gente, así que no creo que le den un mal trato, aún si ella es hija de los aldeanos de Seliart" –

- "Bueno, parecía muy preocupada por ello" – replicó Gerardo cruzando sus brazos mientras se quedaba inmóvil – "Le dije que le tenemos gran aprecio a la aldea porque sus cultivos tienen un rol importante en el sostén de nuestra ciudad y Seleila, pero no pareció estar muy convencida al respecto" –

- "Le has dicho la verdad en todo caso" – dijo Lise mientras le sonreía – "Depende de ella el creer en ello o no. Por cierto, puede que sea algo irrespetuoso de mi parte decir esto, pero… ¿Podría pedirte que te dirijas al comedor o a los jardines mientras tanto?" –

- "Ah, me disculpo por molestarte en tu trabajo" – dijo Gerardo inclinando su cabeza ligeramente.

- "Por favor, no te preocupes" – dijo Lise con una sonrisa. Ella regresó a sus deberes mientras Gerardo salía del vestíbulo.

Mientras Gerardo lo había visto desde de las ventanas de su cuarto, él notó mientras salía como Soleia estaba brillando tan fuertemente como en los últimos días en el cielo sobre él y cubrió sus ojos ligeramente para protegerlos del aumento en luminosidad. Él caminó alrededor de la fuente que estaba instalada frente a la entrada, mirando a las flores que retoñaban en los arbustos.

- "Hehe, parece que las Faleas favoritas de mami están floreciendo por completo" – dijo él mientras les sonreía a las brillantes flores con forma de estrella que tenía ante sí – "Sé que normalmente le dejamos este tipo de trabajo a los jardineros, pero mami insistió en plantarlas, ponerles fertilizante y darles agua ella misma. ¿Tal vez sea porque planea dedicárselas a mi futura hermana?" -

- "Parece que Su Majestad es realmente hábil con las plantas, ¿eh?" – dijo una voz que se le estaba acercando. Cuando Gerardo se giró en la dirección de la que provenía la voz, se sorprendió gratamente al ver a Mihoka caminando desde la dirección donde se hallaba la puerta que separaba el castillo de Soleila.

- "Ah, ¡Mihoka! ¡Bienvenida!" – dijo Gerardo mientras corría hacia ella – "¡Whoa, te ves realmente linda hoy!" –

En vez del shouf azul y blanco más simple que había llevado las dos ocasiones que se habían encontrado previamente, Mihoka llevaba ese día una chaqueta elegante decorada con gotas de agua sobre una versión de la parte superior de su shouf con un aspecto más fino, mientras que su falda ahora era de doble capa: la parte externa se abría en el centro para revelar una segunda falda debajo, la cual tenía una pequeña parte justo antes del borde hecha de una fina tela azul transparente. También llevaba dos lazos azules con forma de mariposas en el pelo justo sobre sus orejas y llevaba zapatillas azules de aspecto delicado con pantimedias blancas en los pies.

- "Hehe… ¡Gracias!" – dijo Mihoka sonriendo mientras se ruborizaba – "Mis padres se pusieron muy quisquillosos con que me viera tan elegante como pudiera ante Sus Majestades, así que…" –

- "Aun así, ¡esa combinación de tus adornos, ropa y zapatos realmente se ve linda!" – dijo Gerardo derritiéndose por ella. Pero el próximo instante, recordó algo que hizo que su expresión alegre se tornase preocupada – "Pero… ¿qué hay de tus padres? ¿No vendrán también?" –

Mihoka solo negó con la cabeza.

- "No," – dijo ella mientras miraba al suelo y cerraba una de sus manos en un puño – "La invitación era sólo para mí, así que no tuvieron permitido acompañarme…" –

- "Y eso que se supone que el castillo está abierto para todos…" – dijo Gerardo apretando los dientes.

- "Los guardias nos dijeron que tuvieron que aumentar la seguridad recientemente, así que no le permitirán entrar a nadie que no venga por un asunto oficial por los próximos días…" – dijo Mihoka entristecida.

- "Entonces, ¿qué harán tus padres mientras tienes la audiencia con los míos?" – preguntó Gerardo alzando una ceja.

- "Oh, ¡no mucho!" – dijo Mihoka sonriendo, aunque algo de tristeza y nervios podían aún sentirse en sus ojos – "Dijeron que sólo irían a caminar por Soleila y a comprar algunas cosas mientras tanto. Me dijeron que los llamase por el Dragtemn una vez que termine" –

- "Ah, está bien. Es algo desafortunado que tus padres no puedan venir también," – dijo Gerardo mientras la tomaba de una mano – "Pero ya que estás aquí y todo, ¿Qué tal si te presento a mis padres ahora?" -

- "¿¡Eh!? E-Está bien…" – dijo Mihoka mientras se sorprendía un poco, pero luego sonrió y se sonrojó. Siguió la guía de Gerardo mientras él la llevaba hacia el castillo.

- "Whoa… Es tan grande y hermoso…"- dijo ella mientras sus ojos se ensanchaban y ella giraba alrededor del vestíbulo, mirando a las alfombras, la gran escalera en el centro, los tapetes colgados en los muros y las puertas que llevaban a las otras partes del castillo.

- "Sí. Decir que el castillo no es magnífico y bien decorado sería una grandísima mentira" – dijo Gerardo asintiendo con la cabeza y sonriendo al ver su reacción – "Pero si te gusta esto, ¿tal vez algún día podríamos dar un paseo por el Museo Real?" –

- "Oh, ¿el lugar donde tienen exhibiciones, pinturas y todos los otros tipos de arte?" – dijo Mihoka mientras sus ojos comenzaban a resplandecer – "¡Sí! ¡Realmente me gustaría verlo también!" –

- "¡Es una promesa! ¡Algún día te llevaré de visita al Museo!" – dijo Gerardo mientras subían las escaleras y se detenían en el primer rellano ante la gran puerta doble que daba hacia el salón del trono. Tocó tres veces.

- "¿Quién anda allí?" – preguntó la voz de un hombre desde adentro. Gerardo carraspeó para aclararse la garganta; y entonces…

- "El Príncipe Gerardo Iadlase Drackma reportándose" – dijo él cambiando su voz para sonar más cortés y severo, lo cual hizo que Mihoka lo mirase parpadeando varias veces – "He traído conmigo a la invitada cuya llegada Sus Majestades, el Rey y la Reina, han estado aguardando el día de hoy. Su nombre es Mihoka Iadlayusa" -

- "Oh, ¡Su Alteza Real!" – dijo la voz sonando avergonzada – "¡Le abriré la puerta en un momento! ¡Por favor esperen!" –

Las puertas se abrieron hacia adentro, revelando la sala del trono a ambos niños: una gran sala rectangular que tenía varias ventanas que dejaban pasar la luz de sol y la cual estaba cubierta con una alfombra roja con bordes dorados que tenía el Sello Elemental y la cresta real dragoniana tejidos uno al lado del otro en el centro de la sala. También había candelabros colgados del techo, varias columnas repartidas por la sala, tapetes colgados de muchos de los muros; y al otro extremo de la puerta, se encontraba una sección ligeramente elevada donde se hallaban tres tronos, todos tapizados de terciopelo rojo y hechos de oro, con los dos más grandes ya estando ocupados por el rey y la reina. Adicionalmente, detrás de los tronos se hallaba una gran pintura que mostraba a Gerardo sonriendo con sus padres.

- "Su Alteza Real y estimada invitada, ¡por favor procedan!" – dijo el guardia que había abierto la puerta, el cual era un hombre al final de sus veinte años que tenía cabello rojo, ojos verdes y portaba una armadura de dragón púrpura.

Gerardo solo asintió con la cabeza y continuó guiando a Mihoka adentro de la sala del trono mientras la niña seguía mirando asombrada a todas las decoraciones que había instaladas en la estancia. Entonces, cuando finalmente se detuvieron delante del área con los tronos…

- "Odio tener que seguir el protocolo, pero debo ir a mi trono para la audiencia…" – le susurró a Mihoka, la cual lo miró asustada – "No estés nerviosa. A mis padres no les importará si dejas el tono formal" –

Le sonrió y le guiñó el ojo para darle confianza. Luego, subió las escaleras y se sentó en el último trono que estaba disponible, el cual estaba ubicado a la izquierda de la reina. Luego tomó una tiara que estaba detrás del trono, la cual estaba decorada con seis gemas de colores: azul, rojo, negro, amarillo, verde y blanco, y tenía un ornamento con forma de cabeza de dragón; y la puso sobre su cabeza.

- "S-Sus Majestades…" – dijo Mihoka después de inspirar y aspirar varias veces – "Deseo… agradecerles desde el fondo de mi corazón… que me hayan invitado… a su magnífico castillo en este día… Mi nombre es… Mihoka Iadlayusa… ¡Es un honor conocerlos!" –

Terminó su presentación haciendo una reverencia e inclinando su cabeza mientras colocaba ambas manos sobre su pecho.

- "Mihoka, ¿correcto?" – preguntó la reina en una voz gentil, de modo que Mihoka se enderezó inmediatamente cuando escuchó su nombre – "Es un placer también para nosotros el conocerte. Gerardo nos ha hablado mucho acerca de ti" –

- "¿D-De verdad, Su Majestad…?" – preguntó Mihoka mientras hacía esfuerzos para no empezar a temblar.

- "Ciertamente. Él nos ha dicho sobre que eres una muchacha gentil y que eres la primera persona que él considera una amiga de verdad" – dijo el rey inclinándose ligeramente hacia adelante.

- "Me… siento honrada de escuchar tales palabras de su parte, Su Majestad…" – dijo Mihoka ruborizándose mientras miraba hacia abajo.

- "Me gustaría aprovechar esta ocasión para agradecerte por ser una amiga para nuestro hijo" – dijo la reina – "Y del mismo modo, me gustaría invitarte a que tomes el almuerzo con nosotros en este día" -

- "Ah…" – musitó Mihoka mientras sus ojos se ensanchaban al máximo – "S-Su Majestad… Es un honor tan grande… Que realmente no sé cómo responder a su propuesta…" –

- "Hehe, ¡solo acéptala! ¡Mami y papi realmente quieren comer con nosotros!" – dijo Gerardo riéndose.

- "Gerardo, por favor no coacciones a nuestra invitada" – dijo la reina en una voz severa – "Del mismo modo, debes abstenerte de emplear un tono tan informal durante una audiencia oficial, ¿está claro?" –

- "Ugh… Si, entiendo, madre. Le pondré una mayor atención a mi modo de hablar en el futuro" – dijo Gerardo mientras miraba hacia abajo y se sonrojaba.

- "Hehe…" – se rió Mihoka entre risitas al ver como la reina lo había regañado, lo cual también le aumentó la confianza. Ella se arrodilló en frente de los tronos y alzó su cabeza para sonreírle a los monarcas y a Gerardo – "Sus Majestades, Su Alteza, humildemente acepto el honor que me han otorgado. Será un placer acompañarlos en el almuerzo al que tan generosamente me han invitado" -

- "Muy bien. Con esto, podemos considerar esta audiencia finalizada" – dijo el rey mientras los tres se levantaban de los tronos y Gerardo caminaba hasta ella, se arrodillaba a su lado y le susurraba "¡Lo hiciste genial!" – "Ahora, ¿partimos hacia el comedor para almorzar?" –

Mihoka simplemente los miró y pestañeó un par de veces, incrédula. A los pocos minutos, estaban todos sentados en el comedor mientras las criadas y los mayordomos les servían comida y bebida.

- "Wow, ¡la comida luce genial…!" – dijo Mihoka cuando ya habían terminado de servirse.

- "Me alegra que sea de tu agrado," – dijo el rey con una sonrisa – "Le pedimos a los cocineros que preparasen platos típicos de Seliart para que te sintieses como en casa" –

- "Así que, Mihoka…" – dijo la reina con una voz amable mientras cortaban sus platos con los cubiertos antes de llevárselos a la boca – "¿Puedo preguntar a qué te dedicas? Supongo que debes estar estudiando en la escuela como todos los niños de tu edad, pero ¿hay alguna otra cosa que te agrade hacer?" –

- "Ah… sí, Su Majestad…" – dijo Mihoka sonriéndole a la reina – "Actualmente soy una aprendiz de sacerdotisa bajo la tutela de la Suma Sacerdotisa de Seliart, Su Santidad Alfiela" –

- "¿Oh? Gerar nos dijo que estabas entrenando para ser una sacerdotisa, pero no sabíamos que fueses discípula de la Suma Sacerdotisa de la aldea" – dijo el rey con una voz impresionada mientras Gerardo se le quedó mirando con la boca abierto. Se apresuró a cerrarla antes de que alguien lo notase – "Eso debe significar que tienes un gran potencial" –

Esto causó que Mihoka se ruborizara y empezase a jugar con sus dedos.

- "Hehe, ¡pensé que habrías buscado información sobre ella antes del almuerzo de hoy, papi!" – dijo Gerardo sonriendo.

- "Ese sería el caso si estuviésemos solicitando una reunión con una persona empleada o un miembro del clero de otra ciudad" – dijo la reina mientras dejaba de comer por un momento para beber un poco de su vaso – "Sin embargo, como ella es tu amiga y una niña, no había necesidad alguna de realizar tal investigación, ¿no te parece?" –

- "Dicho esto, hemos investigado sobre tus padres" – dijo el rey asintiendo con la cabeza – "De acuerdo a los registros oficiales, veo que tu madre es una sastra mientras que tu padre es un mercader" –

- "Si, eso es correcto…" – dijo Mihoka sonriéndole al rey – "Mi papá es el dueño de una de las tiendas generales de la aldea, mientras que mi mamá es la maestra en sastrería de la aldea. De hecho, la ropa que llevo puesta fue hecha completamente por mi mamá" –

- "¿Oh? El shouf de doble capa que llevas puesto es realmente exquisito en su apariencia y calidad" – dijo la reina admirando las partes que podía ver de la ropa – "Tu madre debe ser realmente habilidosa en su arte" -

- "Aunque se asustaron tanto cuando recibí la invitación oficial para hoy…" – dijo Mihoka mientras fruncía el ceño.

- "Ese fue un error de nuestra parte, y deseamos ofrecerte nuestras disculpas" – dijo la reina mientras se veía triste por un momento antes de lanzarle una mirada de enfado a su esposo – "También debimos de haberles enviado un mensaje para que estuviesen al corriente de tu citación y de que también serían invitados a almorzar con nosotros" –

- "Asumo mi responsabilidad por ello" – dijo el rey suspirando.

- "Hehe, ¡Podemos invitarlos otro día! ¡No es el fin del mundo!" – dijo Gerardo riéndose.

- "Eso es definitivamente cierto. Y como estarás viniendo al castillo muy frecuentemente de ahora en adelante, no veo razón para no decirle a tus padres que pueden programar una cita para que comamos todos juntos" – dijo la reina sonriéndole dulcemente a la niña.

- "Venir aquí… ¿frecuentemente?" – repitió Mihoka incrédulamente.

- "Vamos a estar jugando bastante cuando no estemos en el bosque o la escuela, ¿verdad?" – dijo Gerardo inclinando la cabeza a un lado – "Aunque me gustaría dar un paseo por la aldea contigo a veces" –

- "Como ahora eres amiga de Gerar, tienes permiso para venir al castillo cuando quieras" – dijo el rey sonriendo – "Así que no seas tímida y ¡y ven cuando gustes!" –

- "¡Yay! ¡Es genial!" – dijo Gerardo cerrando ambas manos, alzándolas y bajándolas con fuerza.

- "¿¡De verdad!? ¡Gracias, Sus Majestades!" – dijo Mihoka mientras asentía vigorosamente al escuchar eso.

- "Del mismo modo, si haces buenos avances en tu entrenamiento como sacerdotisa, es posible que le solicitemos a Su Santidad Selfaia que te supervise, e incluso podríamos recomendarte como una candidata a la que podría darle lecciones privadas" – dijo la reina mientras se servía un poco de otro plato. Esto hizo que Mihoka dejase caer sus cubiertos, los cuales hicieron un gran estruendo mientras chocaban con el plato.

- "¿¡S-S-Su Santidad Selfaia!? ¿¡La Suma Sacerdotisa de Soleia!?" – dijo Mihoka mientras miraba a la reina con una expresión de sorpresa.

- "Ciertamente. La sacerdotisa Selfaia toma como sus aprendices a jóvenes sacerdotisas de toda Dragonia que han demostrado tener una gran aptitud para el rol" – dijo el rey sonriéndole.

- "E-En ese caso… ¡Haré lo mejor que pueda en mi entrenamiento!" – dijo Mihoka alzando y bajando sus puños enérgicamente – "¡Quiero ser la mejor sacerdotisa que Seliart haya tenido!" -

- "Como actual Sacerdotisa del Dragón, siento que estás destinada para grandes cosas, pequeña Mihoka" – dijo la reina mientras miraba a la niña con afecto – "Por ello, por favor haz lo mejor que puedas en explotar tu propio potencial hasta el máximo" –

- "¡No tienes por qué preocuparte, mami!" – dijo Gerardo mientras le sonreía a su madre y a Mihoka – "Estoy seguro de que Mihoka será la mejor sacerdotisa que hayamos visto, ¡excepto por ti, claro!" -

- "Hehe, no olvides que tu hermana me sucederá como Sacerdotisa del Dragón cuando nazca" – dijo la reina entre risitas – "No querrás insinuar que tu hermana será inferior a ninguna otra sacerdotisa, ¿cierto?" –

- "¡J-Jamás me atrevería a decir que soy superior a la Sacerdotisa del Dragón, Su Majestad!" – dijo Mihoka ruborizándose – "Pero aun así, ¡deseo ser la mejor de todas las sacerdotisas normales! Ayudar a sanar las almas de la gente, traerles paz a través del canto de canciones, ayudar a los médicos a tratar a los enfermos… ¡Todas esas son las cosas que quiero hacer!" –

- "Mientras sigas teniendo esa motivación, estoy seguro de que cumplirás tus sueños" – dijo el rey mientras la miraba con satisfacción – "Así que por favor, sigue haciéndolo todo lo mejor que puedas" –

Mihoka y Gerardo se miraron el uno al otro; y después de sonreírse mutuamente, regresaron a sus platos. Los cuatro continuaron comiendo y bebiendo; y Gerardo y Mihoka pasaron la tarde jugando en los jardines hasta que empezó a llegar el crepúsculo y llegó la hora de que Mihoka llamase a sus padres y se retirase.

- "Entonces, volverás pronto, ¿verdad?" – preguntó Gerardo con una cara triste.

- "Sí. Tengo permiso de tus padres para estar aquí, así que aunque no podré venir todos los días…" – dijo Mihoka sonriéndole – "Trataré de hacerlo siempre que no tenga mi entrenamiento de sacerdotisa o clases en la escuela" –

- "¡Está bien! ¡Estaré esperando ansiosamente la próxima vez" – dijo Gerardo despidiéndose con la mano. Mihoka tímidamente se despidió con la mano y se giró para dejar los jardines y regresar a Soleila, donde sus padres la esperaban.

Dos meses después…

- "Así qué, ¿te fue bien en tus lecciones de hoy?" – le preguntó Gerardo a Mihoka.

Estaba ahora sentados en el piso de su cuarto: una gran habitación con dos ventanas que permitían ver algunas de las montañas al este de Soleila y que estaba completamente pintada en azul, exceptuando por el techo, el cual estaba decorado con motivos de agua y tenía varias estrellas fosforescentes pegadas a lo largo de su extensión. La habitación tenía también un escritorio sobre el cual se hallaba un dispositivo consistente de dos varas de luz colocadas en paralelo la una de la otra junto a una depresión que tenía un teclado transparente; y también tenía una pequeña caja gris de plástico a su lado. La habitación también tenía dos varas de luz de mayor tamaño colocadas sobre un estante cerca de una de las ventanas a cuyos pies se hallaban un dispositivo similar a un cubo azulado con botones que tenía un control descansando a su lado; y algo más allá a la derecha, había dos estanterías llenas de libros, muñecos de peluche y juguetes. A la izquierda, mirando en dirección contraria a la ventana, se encontraba una gran cama que tenía dosel y cuyas cortinas, fundas para almohada, sábanas y edredones eran todos de un suave azul cielo; y la cual tenía una pequeña mesa con una pequeña lámpara de cristal sobre sí. Ambos niños tenían un libro sobre cuentos de hadas abierto sobre su regazo y lo estaban leyendo juntos.

- "¡Sip! ¡Acabo de terminar el nivel de entrenamiento básico y estoy por empezar el intermedio!" – dijo Mihoka radiante de felicidad. De nuevo llevaba puesto su atuendo típico mientras Gerardo estaba vestido como de costumbre – "Su Santidad Selfaia es una maestra muy estricta, pero ¡siempre me está cuidando y dándome consejos para enfocar mis sentimientos y mejorar mis canciones!" -

- "Veo que también te has vuelto algo más extrovertida" – dijo Gerardo sonriéndole.

- "Hehe, aunque aún me siento algo tímida cuando estoy con extraños o me dicen que haga algo importante" – dijo Mihoka sonrojándose – "Y también… Hoy es la primera vez que me dieron permiso para venir y quedarme a dormir aquí…" –

- "Cierto. Me sorprendió bastante oír que nuestros padres estuviesen de acuerdo con la idea; y aunque me habría gustado tener una pijamada aquí contigo…" – dijo Gerardo mientras empezaba a sonrojarse – "Tal vez sea mejor que duermas en el cuarto de invitados…" –

- "¿Eh? ¿Y por qué?" – preguntó Mihoka inclinando la cabeza a un lado – "También me gustaría dormir aquí contigo" –

- "Yo tampoco lo sé. Los adultos se ponen todos raros cuando un niño y una niña duermen juntos si no son hermanos" – dijo Gerardo suspirando – "Quiero decir…" –

- "Sí, los dos sabemos cómo se hacen los bebés" – asintió Mihoka con la cabeza – "Después de todo, es de las primeras cosas que nos enseñan en la escuela, pero…" -

- "No hay forma de que siquiera se nos ocurra intentar hacer ESO hasta que seamos mayores de cualquier modo" – dijo Gerardo sacudiendo la cabeza con fuerza, lo cual hizo su cabello castaño volar a su alrededor – "Quiero decir, se ve tan raro y asqueroso…" –

- "Estoy de acuerdo. Tal vez cuando crezcamos entenderemos porque los adultos son tan raros con todo eso"- dijo Mihoka mientras fruncía el ceño.

- "De cualquier modo, realmente me alegro qué aceptases ser mi amiga" – dijo Gerardo para desviar la conversación de ese embarazoso tema – "Siendo honestos, al principio pensé que eras muy linda, pero cuando escuché la canción que estabas practicando…" -

- "Hehe, eso significa… ¿qué te gusto?" – preguntó Mihoka mientras se sujetaba las manos.

- "Agh… Me resulta un poco difícil decirlo…" – comenzó Gerardo mientras miraba hacia abajo y se sonrojaba desde el cuello hasta la punta de sus orejas – "Pero... M-M-Mika l-luhah…" – Mihoka ensanchó sus ojos y se cubrió la boca con las manos al escuchar las Corbials con las que Gerardo había empezado la frase – "…felaretes tast ika…" –

- "¿¡D-D-De verdad usaste la combinación de Corbials que pienso que usaste!? ¿¡No lo escuché mal!?" – preguntó Mihoka mientras comenzaba a ruborizarse.

- "S-Sí, es definitivamente esa… Sé qué aún somos niños y nuestros sentimientos pueden cambiar cuando nos hagamos mayores, pero… Realmente me gustas…" – dijo Gerardo mientras la miraba directo a los ojos – "Si estuviese en mi poder, ¡quisiera estar contigo por siempre!" –

- "G-Gerar…"- dijo Mihoka mientras comenzaba a derramar lágrimas. Gerardo entonces comenzó a alterarse.

- "¡N-No, no llores! Agh, ¿¡qué hago ahora!? ¡No quise hacerte llorar! ¡Lo siento!" – dijo Gerardo mientras saltaba a su alrededor.

- "No… No es porque este triste… Realmente me hace feliz que me dijeras tus sentimientos…"- dijo Mihoka mientras intentaba limpiarse los ojos, aunque sus lágrimas no paraban.

- "Pero… ¿qué hay de ti…?" – preguntó Gerardo mientras tragaba saliva, temiendo la respuesta – "¿Qué… piensas de mí…?" -

- "Yo… M-M-M-Mi-k-ka…" – comenzó Mihoka mientras continuaba tartamudeando – "L-lu-hah… felartes tast ika alt… felarra liall tast ika…!" –

Ella gritó la segunda oración tan fuerte como le fue posible. Gerardo se quedó inmóvil mirándola en shock; y al momento siguiente, sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, corrió hacia ella y la abrazó.

- "*sollozo*… *hic*… Me alegro… tanto…" – dijo él mientras se abrazaban el uno al otro – "Tenía tanto miedo… *sollozo* Pensé que no te sentirías del mismo modo acerca de mí… *hic* Que no me amarías también…" –

- "Pensé lo mismo…" – dijo Mihoka mientras también seguía llorando – "Tenía… tanto miedo de que al decirte como me sentía… Eso haría que nuestra amistad se acabase…" –

- "Eso nunca pasará… Quiero estar contigo por siempre…" – dijo Gerardo mientras ambos se abrazaban el uno al otro más fuertemente.

- "Yo también… Nunca quiero dejar de estar a tu lado…" – dijo Mihoka.

Después de que sus ánimos se habían calmado y habían dejado de llorar, ambos se sentaron al lado del otro en el suelo del cuarto por un rato.

- "Um, ambos sabemos que le gustamos al otro mucho, pero… Esto es medio incómodo, ¿no?" – dijo Gerardo ruborizándose.

- "Sí… Hey, ¿Qué tal si comenzamos a jugar uno de esos videojuegos RPG que te gustan tanto?" – sugirió Mihoka con una sonrisa ligeramente avergonzada.

- "Ah… ¿Uno de la saga "Mondour Denzale"? ¡Me parece bien! ¡Como es para varios jugadores, podríamos ayudarnos el uno al otro para avanzar por la historia!" – dijo Gerardo mientras le sonreía.

- "¡Está bien! ¡Pongámonos a ello!" – dijo Mihoka mientras ambos comenzaban a reír y se apresuraban a ir hasta el frente de las varas de luz y el dispositivo similar a un cubo.

- "Parece que ambos entendieron los sentimientos que tienen el uno por el otro bastante rápido" – dijo la reina mientras los miraba. El rey y ella habían estado por entrar al cuarto para decirle a Mihoka que era momento de ir al dormitorio de invitados para que ambos se fuesen a dormir, pero la pequeña confesión de amor hizo que ambos desechasen esos planes y se limitasen a solo observarlos desde el pequeño resquicio que habían abierto en la puerta.

- "Ciertamente. Es muy adorable ver que nuestro hijo se ha conseguido una novia" – dijo el rey aún conmovido por todo lo que se habían dicho el uno al otro.

- "Así que dejémosles jugar un poco más antes de que llamemos a Mihoka para que vaya a dormir" – sugirió la reina, pero entonces ella hizo un gesto de dolor y cayó de rodillas mientras ponía una mano sobre su vientre.

- "¡Querida! ¿¡Que ocurre!?" – preguntó el rey espantado mientras corría al lado de su esposa.

- "Querido… Parece que es casi la hora…" – dijo la reina mientras sentía a la bebé moviéndose dentro de ella – "Nuestra bebé… Nuestra querida hija… Está a punto de nacer…" –

- "¡Por Illyusea!" – dijo el rey mientras sacaba su Dragtemn inmediatamente y marcaba un número – "¿¡Es ésta la Clínica Central de Soleila!? ¡Por favor dennos cita para una Biukiarfe para mañana al amanecer! ¡Mi esposa está por dar a luz!" -

- "Usted es… ¿¡Agh, Su Majestad!? ¡Entendido, les daremos cita para mañana a las 6:00 am ahora mismo y contactaremos al Dr. Arnauld de inmediato! ¡Por favor permanezca al lado de su esposa hasta que pueda traerla hasta aquí!" – dijo el recepcionista a través del Dragtemn.

- "¡Muy bien! ¡Muchas gracias!" – dijo el rey mientras se cortaba la llamada y él ayudaba a su esposa a levantarse de nuevo – "¡Por los Dioses! ¡No esperaba que ella viniese tan pronto! ¡Teníamos una cita para la próxima semana porque el ginecólogo había pronosticado su nacimiento para entonces!" -

- "Ciertamente, pero sabes que no puedes discutir contra una bebé cuando quiere nacer, ¿cierto?" – dijo la reina con una sonrisa débil.

- "¡Papi, mami! ¿Qué es todo ese ruido?" – preguntó Gerardo mientras corría hacia la puerta con Mihoka siguiéndole. Ni siquiera habían apretado "Nueva Partida" para comenzar a jugar aún.

- "¿Pasó algo malo?" – preguntó Mihoka inclinando la cabeza a un lado con una cara preocupada.

- "Gerar…" – dijo la reina mientras les mostraba una sonrisa afectuosa – "Mañana serás un hermano mayor…" -

- "¿…Eh? ¿¡QUUUUÉ!?" – dijo Gerardo mientras saltaba hacia atrás por la sorpresa – "¡Pero pensé que ella no nacería sino hasta la próxima semana al menos!" –

- "Como dijo mami, no nos corresponde a nosotros decidir cuando la bebé quiere nacer" – suspiró el rey mientras negaba con la cabeza.

- "En cualquier caso, será mejor que ambos vayan a la cama. Mañana partiremos a la clínica al amanecer" – dijo la reina mientras les sonreía.

- "Uhm… Sus Majestades… ¿Qué hay de mí?" – preguntó Mihoka moviéndose nerviosamente mientras miraba hacia el piso.

- "Bueno, como eres nuestra preciada invitada… Nos preguntábamos… ¿Querrías venir también…?" – preguntó la reina mientras le acariciaba la cabeza.

- "¿¡QUÉ!?" – gritaron Mihoka y Gerardo al mismo tiempo.

A la mañana siguiente, tan pronto como despuntó el alba, el rey, la reina, Gerardo y Mihoka cada uno montaron un dragón y se dirigieron hacia la clínica, la cual se encontraba en el Distrito Iadlast de Soleila ubicado al nordeste. El rey llevó a su esposa en su dragón mientras que Mihoka montó el dragón de la reina y Gerardo montó a Iadla.

El rey llevaba puesto un shouf verde y rojo normal, mientras Mihoka y Gerardo llevaban puestas sus ropas de costumbre. En cuanto a la reina, llevaba puesta una larga y holgada bata para dormir de color blanco y azul con un cuello alto y un borde largo decorado con patrones que se asemejaban a las flores que Gerardo había visto en el jardín dos meses antes; y llevaba sandalias blancas.

Después de un par de minutos, aterrizaron frente a la clínica y desmontaron a los dragones, los cuales regresaron a su tamaño compacto al poco tiempo. El rey entonces tomó a su esposa de la mano y entró al lobby seguido por ambos niños, mientras que los dragones volaron a una terraza que estaba ubicada más arriba en la clínica. El lobby era una gran sala circular pintada de amarillo que estaba iluminada por lámparas blancas y tenía un mostrador de recepción detrás de una pared de vidrio con varias aberturas para las taquillas.

- "¡Buenos días! ¡Tengo una cita para una Biukiarfe a esta hora!" – dijo el rey mientras trataba de recuperar el aliento.

- "Ah, ¡Sus Majestades, Su Alteza Real! ¡Los esperábamos! ¡Por favor diríjanse tan pronto les sea posible a la habitación 106 en el primer piso para que puedan comenzar a prepararse para la cirugía!" – dijo la recepcionista, la cual llevaba puesto un shouf blanco y verde claro – "¡Llamaremos a una enfermera para que los escolte hasta allí de inmediato!" –

Entonces presionó un botón que estaba tras el mostrador, y un minuto después, una enfermera vestida con un shouf blanco y que llevaba puesta una cofia con un hexágono azul vino hasta ellos. Estaba empujando una silla de ruedas desocupada.

- "¡Buenos días, Sus Majestades, Su Alteza Real! ¡Por favor síganme para que Su Majestad pueda prepararse para recibir a una nueva vida!" – dijo la enfermera mientras hacía gestos a la reina de que se sentase en la silla de ruedas.

- "Muy bien" – dijo la reina mientras se sentaba en la silla.

- "¡Por favor guíenos!" – dijo el rey mientras la enfermera se colocaba a la cabeza y marchaba enfrente de ellos a la vez que empujaba la silla de ruedas que transportaba a la reina. Él y los niños las siguieron, causando que todos los otros pacientes y médicos que se encontraban los mirasen con sorpresa y curiosidad. Finalmente llegaron al elevador y lo usaron para subir hasta el primer piso.

En cuanto llegaron a la habitación que les había sido asignada, la reina, la enfermera y el rey entraron, pero cuando Mihoka y Gerardo trataron de pasar, el rey los detuvo.

- "Lo siento Gerar, Mihoka, pero me temo que no pueden ir más allá de este punto. Lo que ocurrirá ahora es algo que niños como ustedes no deberían ver aún" – dijo el rey con una cara seria mientras alzaba una mano en frente de ellos.

- "¡Pero papi…!" – trató de protestar Gerardo, pero el rey sólo negó con la cabeza.

- "Es momento de ser pacientes. El doctor que hará la cirugía en mami para traer a tu hermana al mundo es un viejo amigo mío, así que también entraré al quirófano para asegurarme de que todo salga bien" – dijo el rey mientras les sonreía a ambos de forma confiada.

- "Pero Su Majestad, ¿Qué deberíamos hacer mientras tanto…?" – preguntó Mihoka algo preocupada.

- "Por ahora, deben sentarse en la sala de espera y esperar. Giova será preparada para la cirugía primero; y entonces calculo que tardará alrededor de tres horas para salir de allí" – dijo el rey a ambos, pero entonces miró a Gerardo de nuevo – "Al menos, así es como fue para ti, Gerar" –

- "¿Fue un alboroto tan grande también cuando yo nací?" – preguntó Gerardo ensanchando sus ojos mientras Mihoka soltaba risitas.

- "Ciertamente. En todo caso, veo que ustedes trajeron consigo sus Elserstemns, así que creo que podrán usarlos para pasar el tiempo entretanto" – dijo el rey – "Por ahora, deseen que los Dioses Dragón nos otorguen su bendición y que ambas regresen sanas y salvas de la cirugía" -

- "Está bien… Papi, ¡Te prometo que esperaremos a que la cirugía esté terminada!" – dijo Gerardo poniendo una mano sobre su pecho.

- "¡Y yo prometo asegurarme de que el cumpla esa promesa!" – dijo Mihoka sonriendo. Gerardo sólo le sonrió antes de sonrojarse.

- "Muy bien. ¡Cuento con que ambos mantengan su palabra!" – dijo el rey sonriendo. Entonces entró a la habitación y cerró la puerta detrás de sí. No teniendo otra cosa que hacer además de esperar, Mihoka y Gerardo caminaron a la sala de espera, la cual ellos habían pasado en el camino, y se sentaron en dos de las sillas desocupadas.

- "Espero que mami y mi hermanita estén bien…" – dijo Gerardo mientras se veía preocupado.

- "Estoy segura de que estarán bien" – dijo Mihoka dándole palmadas en el hombre – "Tu mamá es realmente fuerte; y creo que tu hermanita realmente quiere nacer también, para ver al gran hermano mayor que tiene" -

- "Gracias, Miho" – dijo Gerardo – "Bueno, ¿sacamos nuestros Elserstemns y comenzamos a jugar "Almie Zoufas"? Me he estado muriendo por vencer a los jefes finales desde hace rato, y ¡quiero ver los monstruos que has atrapado para que podamos intercambiarlos!" –

- "¡Sí! ¡Y veamos si también podemos descubrir cómo podemos hacer que algunos de ellos evolucionen!" – dijo Mihoka mientras sacaba un dispositivo de forma cuadrada con un pad direccional y algunos botones de su Dragtemn, lo cual Gerardo también hizo. Entonces empezaron a jugar a través de las pantallas holográficas que proyectaban, pero a los pocos minutos…

- "Ah, ¡Gerar! ¡Es bueno verte aquí!" – dijo un niño que corrió hasta él. Era ligeramente regordete, tenía cabello negro y corto, ojos marrones, parecía ser más o menos dos años menor que Gerardo y Mihoka y llevaba puesto un shouf verde y violeta con zapatos verdes.

- "Ah, ¡Mige! ¡Es genial ver que llegaste hasta aquí!" – dijo Gerardo apartando la mirada de su aparato de juegos para saludarlo.

- "Ah, ¡hola, Miguel!" – dijo Mihoka para saludarlo.

- "¡Ah, genial! ¡Parece que tu amiga también está aquí! ¡Hola!" – dijo el niño mientras saludaba a Mihoka con la mano. Pero entonces, sus ojos resplandecieron al ver sus aparatos de juegos – "¡Parece que podremos intercambiar y batallar un poco!" -

- "Sí, pero… ¿Y tus padres?" – preguntó Gerardo al ver que había venido solo.

- "Oh, tenían trabajo que hacer. Mi tía dando a luz hoy nos agarró por sorpresa, así que dijeron que vendrían más tarde cuando tengan algo de tiempo libre" – dijo él meneando la mano como si estuviera tratando de espantar a algo molesto.

- "Ya veo. Pero sí, ¡matemos el tiempo jugando juntos!" – dijo Gerardo mientras veía a Miguel sacando su propio aparato de juegos.

- "Aunque es cómico: yo tengo la versión verde, mientras que Gerar tiene la azul y Mihoka tiene la blanca" – dijo Miguel mirando cuales versiones estaban jugando.

- "Bueno, nos faltaba una para completar nuestras colecciones…"- dijo Mihoka mientras se encogía de hombros y sonreía tímidamente.

- "Pero siendo honestos, como somos tres, habría sido más divertido jugar algo como "Izea Rawa Naaraz". Como es un juego de lucha y plataformas que es tan divertido jugar con otros, esa es la clase de juego que sería perfecto para un momento como este" – dijo Miguel mientras cargaba su archivo guardado.

- "Sí, pero los Elsertemns no pueden correrlo; y ni que pudiéramos traernos una televisión y la consola de juegos consigo para jugarlo donde y cuando quisiéramos" – suspiró Gerardo – "Si tan solo la tecnología fuese un poco más avanzada…" –

- "Aunque no es que no sea ya bastante avanzada de por sí" – dijo Mihoka entre risitas.

- "Sí. Así que por ahora, enfoquémonos en entrenar a nuestros monstruos y patearle el trasero de los líderes finales. ¡Es hora de ser los Campeones!" – dijo Miguel poniéndose en una pose triunfante, lo que hizo a los otros reír. Fue entonces que vieron a la reina siendo llevada en una camilla hacia el quirófano.

- "Parece que terminaron de preparar todo…" – dijo Miguel mientras veía como su tío seguía a las enfermeras y médicos vestido con la misma bata blanca y llevando la misma gorra y máscara que ellos hacia el quirófano, el cual estaba separado del resto de la planta por un grueso muro de vidrio oscurecido. Los médicos usaron magia para abrir la puerta usando un círculo mágico plateado y anaranjado, el cual desapareció inmediatamente después de que entraron y la puerta se hubo cerrado tras ellos.

- "Sí… Por favor, Iadlast… Por favor, Illyusea… Por favor, Kiols… Por favor, Pyrazsyec… Por favor, Phinambrea… Por favor, Tiarrashe…" – dijo Gerardo mientras dejaba de jugar y juntaba sus manos para luego colocar su frente sobre ellas – "Protejan a mi mami y a mi hermana que está por nacer… Que la cirugía sea exitosa y regresen a nosotros felices y sanas..." -

Mihoka entonces dejó de jugar, juntó sus manos para para luego ponerlas sobre su pecho, cerró los ojos y bajó su cabeza a la misma altura que sus manos…

- "Oh Seis Grandes Voces… Voluntades creadoras de Dragonia, hijas benditas de Soleia, hermanas amadas de Seleila, descendientes lejanas de las Estrellas, criaturas bendecidas por la Voluntad de Kiockse… Otorguen su protección divina sobre nuestra amada reina y nuestra futura princesa… Que todo salga bien en la cirugía; y que mi amado Gerar tenga a su mami y a su hermanita con él antes de que acabe este día… Alt tok hilsec tas biosat ika…" – dijo Mihoka mientras ponía fervientemente sus sentimientos en cada una de las palabras del rezo que estaba recitando.

- "Mihoka realmente se está concentrando… Pero, sí… Por favor, asegúrense que mi nueva prima esté bien y que mi tía regrese sana y salva…" – dijo Miguel mirándolos a ambos para luego alzar la mirada hacia el soleado cielo que podían ver ante sí por las ventanas. Después de un rato más rezando, continuaron jugando, aunque era evidente por sus ceños fruncidos y labios curvados hacia arriba que estaban preocupados.

Continuaron jugando por unas pocas horas más que parecieron ser eternas, hasta que…

- "Ah, ¡parece que terminaron!" – dijo Mihoka cuando vio que estaban llevando a la reina de vuelta a su habitación en una camilla. Parecía no estar del todo consciente, mientras que su esposo ya se había quitado el uniforme médico y estaba caminando a su lado. Cuando pasaron frente a la sala de espera, el rey primero se les quedó mirando… pero luego les sonrió y juntó sus dedos, apuntándoles con ellos y dándole forma a sus manos de un triángulo sin una base.

- "¡Eso significa…!" – dijo Gerardo mientras sentía como el corazón se le iba hasta la garganta.

- "¡La cirugía fue un éxito!" – dijo Miguel levantándose de un salto, aunque esto hizo que su dispositivo de juegos se cayera de su regazo – "Ah, ¡mierda!" –

- "Oh, ¡gracias, Dioses Dragón! ¡Muchas gracias por esta bendición!" – dijo Mihoka mientras miraba hacia el cielo y sonreía mientras mantenía ambas manos juntas.

- "Así qué, ¿qué estamos esperando? ¡Vamos a conocerla de una vez!" – dijo Gerardo mientras se levantaba de un salto con su Elserstemn aún en las manos mientras Miguel y Mihoka lo seguían. Sin embargo, cuando tocaron la puerta de la habitación, escucharon la voz de la enfermera:

- "Ah, ¡mis disculpas! ¡Por favor esperen un poco más! ¡La reina aún no ha despertado del todo de la anestesia; y la bebé aún está siendo bañada y preparada para ser entregada a su madre!" –

- "Rayo… ¿¡Cuanto más tengo que esperar!?" – dijo Gerardo dando un pisotón.

- "Gerar, cálmate… También estoy muy nerviosa, ¡pero tenemos que ser pacientes!" – dijo Mihoka tomándole de la mano.

- "Sí, no Podemos hacer más que esperar hasta que nos dejen pasar" – dijo Miguel encogiéndose de hombros mientras negaba con la cabeza. Gerardo dejó salir un suspiro de angustia, sabiendo que no podía hacer más que continuar esperando.

Aunque caminaron de un lado a otro delante de la puerta de la habitación por un rato, pronto notaron que estaban estorbándoles a los médicos, enfermeras y pacientes que necesitaban usar el corredor para ir y venir entre las habitaciones y otras áreas, de modo que no tuvieron más opción que regresar a la sala de espera. Sin embargo, les resultó imposible calmarse, así que solo salieron a una terraza externa que estaba ubicada cerca de la sala de espera. Era un día despejado con Soleia brillando por encima de ellos y la terraza les daba una buena vista de parte del distrito, el cual tenía forma triangular y estaba lleno de casas y edificios. Después de esperar impacientemente por más de media hora, la enfermera vino por ellos.

- "¡Ah, Príncipe Gerardo! ¡Le hemos estado buscando! ¡He venido a informarles que usted y sus amigos pueden ir a ver a la reina ahora!" – dijo la enfermera resollando. Era obvio que había venido corriendo a darles estas noticias.

- "¿¡Ah!? ¡De acuerdo, vamos ahora! ¡Gracias!" – dijo Gerardo mientras dejaba la terraza y los otros dos corrían tras él, dejando a la enfermera confundida en la puerta. Deshicieron lo andado hasta la habitación donde la reina estaba descansando ahora y tocaron la puerta una vez. La puerta se abrió ligeramente y vieron la cara del rey.

- "Ah, ¡Gerar, Mihoka y Mige! ¡Vengan, pasen!" – dijo el rey radiante de alegría.

- ¡Papi! ¿¡Está mami y mi hermanita…!?" – preguntó Gerardo, el cual tenía su corazón latiendo tan rápidamente que sintió que se le iba a salir del pecho.

- "Sí, se encuentran bien. Vengan y miren por ustedes mismos" – dijo el rey mientras abría la puerta por completo para permitirles el paso – "Pero tengan cuidado de no hablar muy fuerte o hacer mucho escándalo. Tu mamá aún se encuentra débil por la cirugía y le tomará varios días para recuperarse" -

Los tres niños asintieron en silencio y entraron a la habitación. Era una pequeña estancia pintada de un suave azul que tenía una puerta que daba a un baño, un sofá-cama de color turquesa con una pequeña repisa a su lado, una ventana que permitía una buena vista del lago rodeando a Soleila; y en el centro, se encontraba una cama de hospital colocada sobre un círculo mágico con una mesilla de noche al lado; y en frente, se encontraba una pequeña cuna cubierta por un delicado velo de seda. También había una televisión dragoniana que tenía sus varas de luz colocadas en paralelo y en una posición diagonal que le permitiese al paciente en la cama verla, aunque estaba apagada en ese momento.

Gerardo institivamente fue primero hacia la cuna, pero notó que estaba vacía, así que suspiró decepcionado, pero cuando se giró para mirar a su madre…

(hope – Umineko no Naku Koro ni)

Allí estaba ella: la reina se veía agotada en extremo y parecía aún estar medio dormida, pero en sus brazos sostenía a una pequeña bebé envuelta en pequeñas prendas de algodón, la cual tenía sus manos cubiertas por delicados mitones tejidos, sus pies en pequeños calcetines y su cabeza cubierta por un pequeño gorro, todos los cuales eran de un color blanco perlado. Su piel se veía rosada, sus ojos aún seguían cerrados y sólo tenía una pelusilla similar a la del melocotón en vez de cabello, la cual era vagamente del mismo color que los cabellos de Gerardo y de la reina.

- "M-Mami…" – dijo Gerardo mientras veía con asombro a su madre y a la bebé – "¿E-Es ella…?" –

La reina no parecía ser capaz de responder aún con palabras, pero hizo el esfuerzo de sonreírle a su hijo y le asintió ligeramente con la cabeza.

- "Esta… esta es mi hermanita…" – dijo Gerardo mientras miraba a la bebé. Luego extendió una mano hacia ella…

- "Gerar, asegúrate de no ser muy brusco con ella; y tampoco le toques la cabeza" – dijo el rey en una voz gentil – "Como acaba de nacer, es muy delicada y frágil" -

- "Lo sé… Lo sé, papi… Pero aun así…" – dijo Gerardo sobrecogido por la emoción.

- "Es tan pequeña…" – dijo Miguel mirando con asombro a su nueva prima.

- "Es tan linda…" – dijo Mihoka mostrando una gran sonrisa.

- "Mi hermanita… Mi hermanita finalmente ha llegado al mundo… La estrella que esperé por tanto tiempo a que fuese hilada finalmente está aquí…" – dijo Gerardo mientras suavemente le acariciaba una de las manos. La bebé pareció haberlo sentido; y cerró sus pequeños dedos alrededor de uno de los de Gerardo.

- "Papi… ¿Como se llama…?" – preguntó Gerardo mientras sentía su corazón hundirse en su pecho.

- "Lo hemos pensado mucho durante un largo tiempo… Sabemos que ella es una elemental de Luz natural, así que su segundo nombre es Illyusa, y naturalmente, su apellido es Drackma" – dijo el rey pensativamente – "Pero en cuanto a su primer nombre…" –

- "Gabri… ela…" – dijo la reina con una voz débil – "Su nombre es… Gabriela…" –

- "Dragoniano Ceremonial para "Pétalo de Flor Brillante". Si, es simplemente perfecto para ella, mi amada Giova" – dijo el rey mientras miraba con alegría a su hija.

- "Gabriela… Gaby…" – dijo Gerardo mientras sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas – "Gaby… mi querida hermanita… Bienvenida al mundo…" –

Él dijo mientras la abrazaba tan delicadamente como le fue posible.

- "¡Felicidades, Gerar…! ¡Felicidades, Rey Yulius… Reina Giova…!" – dijo Mihoka mientras se cubría la cara con las manos y comenzaba a llorar.

- "¡Bienvenida, nueva prima! ¡Más te vale que crezcas sana y rápido para que juguemos juntos!" – dijo Miguel en una voz emocionada.

- "Mihoka… ¿Puedo pedirte un favor…?" – dijo la reina haciendo acopio de todas sus fuerzas.

- "*sollozo* *hic*… Sí, lo que sea…" – dijo Mihoka mientras bajaba sus manos para mirar a la reina, la cual le sonrió gentilmente.

- "Por favor… Bendice a mi hija…" – dijo la reina.

- "¿¡Eh!? P-Pero… Ni siquiera soy una sacerdotisa hecha y derecha aún… Y pedirme que bendiga a la próxima Sacerdotisa del Dragón… No podría… ¡Su Santidad Selfaia sería mucho más apta para esto que yo…!" – dijo Mihoka tomada por sorpresa mientras ponía una mano sobre su pecho.

- "No… Giova quiere que seas específicamente tú quien bendiga a nuestra hija… Creo que ella estará en buenas manos siempre que seas tú quien le dé su primera bendición" – dijo el rey mientras sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.

- "Miho, por favor…" – dijo Gerardo mientras las lágrimas aún corrían por su rostro. Mihoka comenzó a sollozar con más fuerza…

- "¡…Lo hare! Por el bien de Gerar, por el bien de Gaby… ¡La bendeciré lo mejor que me sea posible!" – dijo Mihoka tratando de mantenerse ecuánime.

Entonces extendió una mano en dirección a la bebé y cerró los ojos…

- "Oh Seis Grandes Voces… Voluntades creadoras que Cantaron nuestras existencias… Amada Madre que nos otorga Su amor incondicional y las melodías que dan forma a todo los que somos… Os imploro… Por favor, conferidle la mayor de las bendiciones a la más nueva estrella que fue hilada sobre nuestro planeta… Por favor… A la Luz de la Estrella Recién Hilada que se halla ante mí… Otorgadle a Gabriela Illyusa Drackma la más grande todas las bendiciones. Tal es mi petición como una humilde Sacerdotisa a Vuestro servicio… Ist alttyaok ealzet'ra thafz biousakatse ical…" – dijo Mihoka mientras las lágrimas continuaban derramándose de sus ojos y una suave luz blanca y azul era transmitida de ella a la bebé. La bebé balbuceó placenteramente y vieron como una pequeña mota de luz blanca emitía pulsos desde el área cercana a su corazón. Después de que ella terminó, la luz lentamente se desvaneció y Mihoka retiró su mano de la bebé, para luego quedarse mirándolas a ella y a la reina.

- "Te lo agradezco tanto, Mihoka… Muchas… gracias…" – dijo la reina mientras permitió que el sueño se apropiase de ella para poder descansar. Mihoka entonces cayó de rodillas y empezó a llorar fuertemente.

- "Gerar, es momento de que dejemos a mami descansar. Puedes regresar al castillo por hoy" – dijo el rey mientras se limpiaba los ojos.

- "¿…No vendrás también, papi…?" – preguntó Gerardo preocupado mientras trataba de hacer que Mihoka se calmase un poco al arrodillarse a su lado y sobarle la espalda.

- "Aún no. Mami y Gaby deben permanecer bajo observación para asegurarnos de que todo esté bien con ellas, así que debo quedarme a su lado por ahora" – dijo el rey – "Eso tomará más o menos dos días, pero una vez que hayan pasado, también iremos a casa. Hasta entonces, necesito que seas fuerte y esperes por nosotros" -

- "De acuerdo, trataré de hacer así" – dijo Gerardo asintiendo con una cara seria – "Pero antes, hay una última cosa que quiero hacer…" –

El rey quiso preguntarle qué era eso, pero al ver como su hijo miraba a la bebé con una mirada llena de amor, no hizo falta. Gerardo caminó una vez más hacia su hermana y tomó una de sus pequeñas manos. La bebé sólo balbuceó complacida de nuevo mientras una sonrisa aparecía en su pequeña cara.

- "Gaby, hermanita… Muchas gracias por haber nacido en este mundo y ser mi hermana…" -