Junto al Rio

Capitulo 19

-No te duermas.- pidió Martín mientras besaba el cuello de Diego.

Estaban en la cama, habían pasado todo el día haciendo el amor y para Martín su noche de bodas, que en realidad era de día, no había terminado.

-Es probable que te quedes viudo si no duermo.- dijo sonriendo Diego.

-Mmmmh!...pero ya dormimos.-

-Una hora nada mas.- dijo Diego abrazando a Martín que estaba sobre él.

-No tengo sueño.- Martín beso su cuello.

-Sí, me di cuenta. No sé de donde sacas tanta energía, es pasado el medio día.-

-Pero no quiero dormir,... quiero que me hagas el amor.- susurro Martín en su oído.

-Me gustaría estar despierto para satisfacer a mi esposo.-

Martín sonrió. Comenzó a besar su hombro, bajando por su torso hasta llegar a su ingle, paso su lengua por el miembro de su esposo mientras éste gemía y movía involuntariamente su pelvis, lo introdujo en su boca subiendo y bajando hasta que Diego bajo su mano y la coloco sobre la cabeza de Martín empezando a mover sus caderas.

Martín se incorporó mirando pícaramente a su esposo quien estaba notablemente excitado.

-Ya estas despierto?.- pregunto Martín sentándose a un lado de él.

Diego se acerco con cierta desesperación tomándolo de la nuca mientras lo besaba con intensidad. Recostó a Martín sin apartarse de él, y se ubico entre sus piernas haciendo fricción entre ambos. Martín estaba tan necesitado como él y enredo sus piernas por su cintura, Diego busco un preservativo, se incorporó y se lo coloco mirando a su esposo.

-Que querés?.- pregunto Diego colocándose nuevamente entre sus piernas y acercándose a su rostro.

-Que me hagas lo que quieras.- dijo Martín mordiéndose el labio.

Diego se acerco a su boca sin tocarlo.

-Eso es muy tentador.-

Diego no lo beso dejándolo confundido, en cambio se sentó entre sus piernas, separándolas, lo tomó por las caderas y comenzó a penetrarlo lento, mirándolo a los ojos, y una vez dentro de él lo embistió con fuerza.

Martín se aferro a las sabanas, cada embestida golpeaba ese punto dentro de él volviéndolo loco de placer, Diego tenía su cabeza hacia atrás, perdido en su propia necesidad, sus dedos enterrados en las caderas de su esposo sosteniéndolo con firmeza. Martín amaba eso, hacer que Diego perdiera todos los sentidos.

Sintió a Martín tensarse, los gemidos eran cadena vez más altos, movió sus caderas mientras embestía mas profundo haciéndolo gritar de placer. Sus miradas se encontraron y era lo más erótico que vio en su vida, lo embistió más rápido hasta que Martín tiro su cabeza hacia atrás gritando mientras lo invadía su orgasmo. Siguió moviéndose con más lentitud, se colocó sobre Martín y busco su boca, se besaron entre gemidos, no dejó de embestirlo en ningún momento y volvió a retomar el ritmo anterior. Sabía que no duraría mucho, tomó el miembro de Martín y lo acaricio hasta que un segundo orgasmo lo alcanzo, haciéndolo desesperarse por liberarse también.

Definitivamente no tenía mas fuerzas. Martín estaba abrazado a él, visiblemente satisfecho, él también lo estaba y con una sonrisa pero era probable que no pudiera moverse nunca más. Cerró sus ojos, abrazo con más fuerza a su esposo y descanso.

...

-No van a venir.- dijo Antonio sentado en la cocina de su casa.

-Hace dos días que no llaman, ni se sabe nada.- dijo Claudia preparando una fuente de comida para cenar.

-Solo a nosotros se nos ocurre que van a venir a cenar dos días después de su boda. Dudo que se hayan levantado de la cama.- dijo Susana mirando a sus invitados y a su esposo.

-Bueno. Es su luna de miel, no.- razonó Pablo.

-No, me dijeron que se van de luna de miel el fin de semana que viene.- comento Antonio tomando un trozo de pan de la mesa.

-Todos hicimos lo mismo cuando recién nos casamos.- dijo Claudia entendiendo la situación de los recién casados.

-Nosotros no. Antonio se fue a trabajar al día siguiente.- Susana clavo su mirada sobre su esposo.

-Era el único que tenía el remolcador. Todos me llamaban a mí, que podía hacer.- se defendió Antonio.

-Decir que no.- dijo Susana.

Pablo y Claudia se miraban negando con la cabeza, en ese momento Martín y Diego entraron por la puerta tomados de la mano y muy felices. Resplandecían de felicidad, sus sonrisas, sus miradas, todo en ellos demostraba la felicidad que sentían.

-Hola.- dijeron al unísono ambos muchachos.

-Buenas noches.- dijo Pablo.

Claudia abrazo a Diego y le dio un beso en la mejilla a Martín. Susana sonreía al ver a su hijo tan feliz.

Saludaron a sus padres y se sentaron en la mesa, era más que obvio que estaban en su burbuja de amor, no se soltaron de la mano en ningún momento y sus miradas y besos furtivos estuvieron presentes toda la noche.

-Y Pedro?, saben algo de él?.- pregunto Diego mientras tomaba un café.

-Se fue del pueblo con ese muchacho. Es...es el novio o algo así?.- pregunto curioso Pablo.

Diego miro a Martín sin saber que responder. Pedro no había hablado de su relación y no quería ser imprudente.

-No lo sé. No me dijo eso.- respondió Diego. En parte era verdad lo que decía, Pedro nunca dijo que eran novios con Sebastián.

-Rick... Rick me dijo que sí, que eran novios y al parecer están viviendo juntos, acá, en el pueblo alquilaron un departamento y estaban juntos. Me dijo que hace muchos meses estaban en una relación.- comento Antonio.

Martín y Diego negaban con su cabeza, si había alguien chismoso en el pueblo era su amigo Rick.

Pablo se quedo con la boca abierta observando a su consuegro, al igual que Claudia.

-Sabias eso?. Mi hermano lo sabe?.- pregunto Pablo a Diego.

-Mmmmh,...papá...si, el tío lo sabe, la tía también. Pero Pedro...esta enamorado, y es feliz.-

-Me dijo Rick que ese muchacho te trajo problemas con Martín.- dijo Antonio mirando a Diego.

-No lo puedo creer. No sabe callar nada Rick.- protestó enojado Martín.

-Eso es parte del pasado. Es...nada.- dijo Diego incómodo.

-Problemas?, de que tipo?.- pregunto Susana mirando a Martín.

-De ningún tipo. Podemos dejar de hablar de eso?.- dijo Martín.

Diego miró a su esposo y beso su mano, intentando calmarlo.

Claudia estaba totalmente perdida en la conversación pero le causo ternura el gesto de su hijo.

-Y como llevan la vida de casados?.- pregunto Claudia.

-Muy bien. Muy felices.- dijo sonriendo Diego observando a Martín.

-Bueno, ustedes ya estaban conviviendo antes de casarse, se les hará más fácil.- dijo Pablo.

-Mas fácil?.- pregunto Martín.

-Sí. Cuando nos casamos con Claudia...fue difícil. Los primeros meses íbamos bien pero luego comenzaron los problemas.-

-Si?.- pregunto Diego.

-Estudiábamos y trabajamos, al menos hasta que me quede embarazada.- dijo Claudia.

-Eso es cierto. Cuando naciste nos separamos con Antonio. Estuvimos un par de meses así, hasta que decimos volver. Cada tanto duerme en el sillón de la sala.- dijo Susana.

-No es así!. Duermo en el taller.- dijo sonriendo Antonio.

Todos rieron ante el comentario. Martín y Diego se miraron compartiendo la misma idea. Ellos deseaban poder llegar a formar una familia como la formaron sus padres. Y pondrían todo de sí para ser felices y llegar a conseguirlo.

...

La Navidad había llegado, esa media noche era la primera que pasaban como esposos. Desde su boda no habían parado de trabajar y estudiar, el taller de Diego ya estaba en marcha. No fue fácil, pero supieron enfrentar el nuevo desafío. Martin termino de cursar su carrera, lo que implicaba que el año entrante comenzaría la universidad, Diego también termino de cursarla, pero a diferencia de su esposo, tenía muchas materias por rendir.

Antonio y Rick se habían acostumbrado a verlos tan melosos entre ellos, más que antes, Martín se turnaba entre ambos talleres, el de su padre y el de su esposo, hasta que en ambos hubieron nuevos mecánicos. Diego y su suegro eligieron el nuevo personal, aunque bajo la mirada de Martín, Rick siguió trabajando con Antonio, pero de vez en cuando pasaba a saludar por el nuevo taller de su amigo.

La noche buena era todo un suceso, más allá de la cenar con toda la familia junta, para ellos era especial, su primer navidad como esposos.

Entre caricias, besos y miradas de amor, transcurrió toda la cena, sus padres sonreían y bromeaban sobre ellos, y se preguntaban cuánto tiempo más estarían tan cariñosos.

Obviamente después de festejar con su familia y luego en el bar con sus amigos, ambos esposos vivieron su festejo en privado en su pequeña casa.

Durante esas semanas anteriores, habían recibido varias llamadas de Pedro, al parecer se encontró con sus padres en un viaje y presento a Sebastián oficialmente como su novio, lo cual no fue bien recibido por ellos, pero como era de esperar tampoco afecto mucho a Pedro ni a Sebastián. Ellos estaban viviendo juntos en New York y eran muy felices.

Después de dos semanas de insistencia por parte de Martín, Diego tuvo que aceptar una cena los cuatro juntos la próxima vez que visitaran el pueblo.

Ya eran pasada las tres de la tarde, habían acordado encontrarse con su familia en la costa del río a la una pero no pudieron levantarse temprano. Cuando llegaron estaban todos disfrutando como lo hacían habitualmente en los días festivos.

Susana los había invitado a almorzar, lo cual no sucedió ya que llegaron a la madrugada del bar e hicieron el amor hasta que amaneció.

Sus padres ya no se preocupaban por si estaban bien los días que desaparecían, ya que era más que obvio lo que estaban haciendo.

Pedro llego una hora más tarde, tomado de la mano de Sebastián, sus miradas lo decían todo, y sus sonrisas.

Disfrutaron con su familia y amigos toda la tarde, nadaron hasta la otra orilla del río, se sentaron a descansar mientras observaban el paisaje.

Tendidos en el césped y apoyados en sus codos, miraban como Susana servía un jugo fresco a Pablo y a Claudia. Antonio ya no tenía el yeso en su pierna, y disfrutaba con sus pies inmersos en el agua del rio. Rick y Carla estaban en el río junto a Pedro y Sebastián.

-Crees que dentro de veinte años podremos cruzar el río nadando?.- pregunto Diego mientras jugueteaba con sus pies y los de Martín.

-Espero que sí. No creo que estemos tan acabados para los cuarenta años.- dijo con una sonrisa Martín.

Sus miradas se centraron en el otro por unos segundos hasta que Diego se acerco al rostro de su esposo y lo beso con ternura.

-Estoy seguro que para ese entonces estaremos más preocupados por nuestros hijos.- dijo Diego con una sonrisa.

Martín lo observo con un brillo especial en sus ojos.

-Te amo.-

-Yo te amo mas.- dijo Diego volviendo a besar a su esposo.

Se tomaron de las manos y se sentaron observando el río. Ese río que los vio crecer, jugar y enamorarse, una y otra vez. Ese río que hoy, era el testigo de su amor y su deseo de un futuro juntos.

...