la sala de espera de tu vida está vacía

y me buscas

a mí

la última opción

la inevitable

la enfermedad

la solución

la constante

¿qué sabrás tú de querer?

me dices

la niña

la endeble

la frágil

la tontaina veinticuatro siete

yo

qué

sabré

dices

Y sonrío a medio labio, a media naúsea. Yo también sé ser una hija de puta, amor. Mas no. No quiero. Prosigamos con tus acusaciones. Pues sé de ti, que es como no saber nada. Y saberlo todo. Todo lo que no se sueña cuando se habla de amor, todo lo que en las historias de princesas no te advierten, de los efectos secundarios de bajar armas. Que es como saber del asco, del miedo, de la ira, de la impotencia. De las ganas de arrancarme los dedos para, de una vez por todas, no digitarte en mis remordimientos. O arrancarte la lengua, que me venía igual de bien. Sé de quererte, que es como no quererme a mí. Y eso... eso es algo que ni las mentiras más bonitas en tu diván podrán emular; que no, que no lo intentes siquiera. Eso era sucio, cruel, y yo me entregué de boca al suelo, como la mocosa que corre a orillas del paredón con tijeras en las manos y el filo apuntando al vientre sin familia. No vas a entenderlo. Por qué lo harías, para qué, si no sabes lo que es tener corazón masoquista. Eras la mitad perfecta, el sadismo que me resarcía con puntadas de gaza y aliento a mañanas sin dormir juntos. Tú creías saber torcerme la vida, y yo fingía no saberlo; siempre fue el mejor papel a desempeñar por mí, el de aquello que no iba a ser suficiente para ti. Una mentira por cada para siempre, y poco a poco me convertiste en todo lo que a tus ojos nunca iba a ser. Tú no me querías. No de rodillas juntas, no de sentimientos blancos. No vas a entenderlo, ni lo vas a sentir. Qué sabrás tú de querer... Siempre poniéndote el listón tan alto, tu amor de crío por delante, tu semper fidelis de cobre barato y promesas rotas. Tus quiero pero no puedo de adolescente herido por el olvido de mamá. Jamás he sido buena mintiendo, no sé hacerlo. Me miras y me pides te jure que no te amo, que te mire a los ojos y lo jure; pero a mí darte la cara ya no me llena de nervios y piernas temblorosas, sabes. Ya no hay falsas mariposas subiendo por mi garganta, se han quedado pegadas en el jugo gástrico de alguna fiera que aún dormita por ahí en mí, sin embargo así no sé escupirte las espinas. Declamas que sabes que sigo igual, metida en el mismo pozo de plumas y brea, de ilusiones y esperanzas sembradas, de inocencia ensartada con el arpón más intrincado de tu arsenal de falsedades. Que no seré capaz.

Sigo siendo una inversión segura.

Qué sé de querer...

sé de querer a pecho abierto

aunque sepa se me van a calarlas venas

de tanta hiel

sé de confiar en las causas perdidas

en hacer de un tiro al piso

un tiro a la sien

sé de manos frías

en semáforos en verde

sin pasos de cebra que cruzar

sé de pasos a la nada

con tu todo

de mierda

Y todavía me preguntas. Y me buscas. Y me acusas. Y me quieres para quererte. Pero nunca me quisiste.

Me santificas con tus clavos oxidados; que ojalá algún sepa yo lo adorable, lo perfecta, lo dulce, lo jodidamente buena que soy, repites con lo que ahora recuerdo simple inercia, y yo sólo escucho otro golpe más, y otro, y otro, y luego el silencio de la espera por tu perdón... Soy buena si callo, si río con las muelas rotas, con la boca llena de salmuera, si mezo mis intermitencias con tus gritos de vapor, con tus yemas hundidas en mis costados, con los moratones que conforman mis pasillos interiores, esos que saqueaste tan tranquilamente, dejando huellas de hollín.

que no
puedo hacerte esto
me vas a decir
que no puedo irme

que no he desaparecido
y ya quieres pintarte en mi vida otra vez

y que no sé mentir
te he mentido

no puedo irme de donde nunca tuve un lugar