El ascensor

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Daba igual cuantos botones pulsara, el ascensor no se movía. Atrapados entonces, tal y como me temía. El chico que estaba a mi lado me sonrió tímidamente.

"Parece que vamos a estar aquí un buen rato" Dijo.

El típico cliché, ¿verdad? Un chico y una chica atrapados en un ascensor, esperando a que venga la ayuda. Todo el mundo sabe como termina esa historia.

Yo también sé como termina esta. Pero no va ser el final que todos esperan.

Apreté mi bolso contra mi pecho más de lo que estaba apretando, rezando por que el chico no escuchase el tic tac de dentro. Devolví la sonrisa al chico y miré el cronómetro de mi reloj. 20 minutos.

Mierda, mierda, ¿por qué a mi?

"Esto" Dijo el chico, causando que me volviera a mirarlo "Soy Alan"

"Michelle" Contesté tratando de aparentar tranquilidad.

"¿Y a qué te dedicas Michelle?" Después de hacer esta pregunta puso une expresión de disculpa "Ah, perdón si la pregunta es algo indiscreta, tan solo pensé que el tiempo pasaría más rápido si charlábamos un poco en vez de estar en silencio."

Me di cuenta de que la razón por la que se había disculpado era porque estaba frunciendo el ceño, por lo que inmediatamente puse una expresión más amable "No te preocupes por eso." Respondí "Ahora mismo no trabajo en nada, me despidieron hace unos días. Pero antes era del servicio de atención al cliente de una gran empresa."

"Gran empresa, eh. ¿Como esta?"

Era normal que preguntara, me dije para calmar la oleada de miedo que me había entrado ante sus palabras. GLOP Corps era lo que se conocía como 'la' gran empresa, un negocio multimillonario dedicado a todo tipo de comercio.

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"Mas o menos" Respondí con una leve risita "¿Y tú que?" Pregunté para desviar su atención de mi "¿A qué te dedicas?"

"Soy policía" Respondió, señalando a su pecho de donde colgaba una placa dorada que no había notado.

"Ah" Dije, aparentando tranquilidad pero por dentro estaba presa del pánico. ¿Qué hacía un policía aquí?

Tragué saliva y me resolví a preguntarle eso mismo, consciente de que sería la reacción más natural.

"¿Y qué hace un policía aquí? No habrá ladrones o algo por el edificio ¿no?" Pregunté con un nerviosismo que trataba de ocultar en vano. Por suerte, Alan tuvo que achacarlo al miedo que causaría a cualquier joven la presencia de ladrones.

"No, no" Rió Alan "No es nada de eso. Es una tontería la verdad. El jefe de la empresa llamó a la policía porque pensaba que una empleada loca iba a volar el edificio. Algo sobre haberla despedido y ella tomándoselo mal." De repente me miró y preguntó con preocupación "Oye, ¿estas bien? Se te ve algo pálida. ¿Tienes claustrofobia?"

Mierda, durante un segundo me había olvidado que estaba ahí, gracias al profundo pánico que me entró al escuchar sus palabras.

Viene a por mi. El paranoico de Matthew ha llamado a la policía y este agente con el que estoy atrapada viene a por mi.

Sabía que podía pasar, Matthew era famoso por ser paranoico, pero no pensé que la policía fuera a creerle cuando no lo había hecho antes.

Mierda.

"Oh, si tienes miedo por lo de la bomba no te preocupes" Se apresuró a tranquilizarme "El jefe, Matthew Roberson, es famoso por sus llamadas de pánico. Sinceramente no creo que sea nada" Añadió con una sonrisa "Pero los de la comisaría están ya hartos de sus llamadas y han decidido enviarme para calmarlo un poco."

"Ya veo. Me alegro" Respondí, tratando de sonreír. No creo que saliera muy convincente.

"En serio, ¿te encuentras bien?"

"Oh, si, tranquilo. No me gustan los espacios cerrados, eso es todo" Me inventé "No es claustrofobia exactamente, es tan solo incomodidad, eso es todo."

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"Ya veo" Sus ojos castaños aun reflejaban preocupación, pero parecían bastante mas tranquilos "Tu trata de respirar ¿vale? Veras como nos sacan en nada." Asentí con la cabeza, decidiendo sentarme en el suelo apretada contra la esquina.

"Estoy algo cansada" Me excusé, pero en realidad era para intentar que no escuchara sonido de dentro de mi bolso.

Alan se me quedó mirando, cosa que me puso aun más nerviosa, hasta que decidió sentarse en la punta opuesta a la mía del ascensor.

"¿Sabes?" Comentó "Todo el que me pregunta en qué trabajo se queda 'guau, policía' cuando le respondo, pero no es un trabajo muy glamuroso. Una vez estaba persiguiendo a un chaval que había robado un bolso..." Alan comenzó a contarme una historia, bastante divertida la verdad, sobre la vez que tubo que perseguir a un chaval por toda la ciudad y que terminó en un contenedor de basura sacando al chaval, que al final se había escondido allí. Después de la historia comenzó otra, aun mas divertida, y me di cuenta de que trataba de distraerme de mi presunto nerviosismo a los espacios cerrados.

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Sus historias hicieron que me relajara un poco, e incluso me anime a contar algunas anécdotas de mi infancia.

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Antes de darme cuenta, absorbida por otra de sus historias, mi reloj dio un pitido que hizo que toda la relajación que sentía desapareciera de golpe. Miré el reloj.

Tres minutos.

"¿Pasa algo?" Preguntó.

"No, nada, continua" Dije, simulando prestar atención cuando continuó hablando.

Estaba claro que ya no iba a llegar al despacho de Matthew. Aunque nos ayudasen ahora mismo, en tres minutos no me daba tiempo. Aun así, este sitio estaba bastante bien para hacerlo. Mas o menos mitad del edificio. Algún cimiento importante me llevaría por delante. Estaba bien.

La cosa es, ya no quería hacerlo.

El trabajo que Matthew tan injustamente me había robado era mi vida. Mi familia había muerto hace tiempo y había perdido el contacto con los pocos amigos que tenía. No tenía pareja tampoco, pocos chicos se fijaba en alguien como yo: bajita, morena, con ojos castaños y gafas que casi me cubrían toda la cara. Por lo que el trabajo era lo único que me quedaba, lo único que tenía.

Y Matthew me lo había quitado porque quería a alguien más guapa en el puesto. Alguien que 'nos haga quedar mejor, Michelle, querida, lo entiendes ¿verdad? Es por el negocio.'

El trabajo era mi vida. No tenía nada a lo que volver sin el. Y si él me quitaba mi vida, yo resolví quitarle la suya: su empresa. Nada podía detenerme.

Excepto, al parecer, un policía, tres minutos antes de la explosión. Un policía de cálidos ojos castaños y pelo revuelto rubio que contaba historias graciosas para animar a pobres chicas con miedo a los espacios cerrados.

Mi vida ya estaba acabada. Pero nunca pretendía llevarme a un inocente por delante, precisamente escogí hoy para venir porque era el día en el que el edificio esta vacío, solo estaba Matthew y alguna de las secretarias.

No quería llevarme a Alan conmigo.

"Hey, hey, ¿qué te ocurre?"

Oh. Estaba llorando. Llorando a lagrima viva.

"L-lo siento" Sollocé "Lo si-siento mucho"

"¿Por qué te disculpas?" Preguntó con preocupación. Se acercó a mi con la intención de consolarme, pero de repente paró, cuerpo tenso.

Tic.

Tac.

Tic.

Tac.

"Nunca me has dicho qué hacías aquí hoy" Dijo. Lo único que hice fue mirarle con la cara llena de lágrimas y al fin lo comprendió.

"Oh mierda" Maldijo "Trae el bolso" Ordenó. Asentí y se lo pasé. Alan rebuscó un poco y sacó el pequeño pero potente explosivo. Miró el contador

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"¡Mierda!" Maldijo de nuevo. Entonces se quitó la chaqueta y sacó de ella un bulto de tamaño mediano, que se dispuso a abrir. Vi que contenía herramientas.

"Tienes suerte de que esté yo aquí" Dijo con voz seria, casi enfadada "Mi jefe es del tipo que si hacen algo lo hacen bien, asi que por si acaso si había una bomba me envió a mi que tengo experiencia en desactivar explosivos"

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Comenzó a rebuscar en el explosivo con algunas de sus herramientas, moviendo cables aquí y allá, murmurando por lo bajo.

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"Mierda, mierda, este modelo no es común" Murmuró "Donde coño esta..."

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"¡Ajá!" Exclamó victorioso.

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Cortó un cable.

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La cuenta paró.

Ambos exhalamos un suspiro de alivio, y Alan se dejó caer al suelo.

Estábamos a salvo.

"Por qué" Demando con voz baja y seria.

Y, llorando ligeramente, le conté todo.


Quince minutos más tarde me encontraba delante de la policía, arrestada por intento de homicidio.

"Hey, Michelle"

Me giré y vi a Allan, el cual me miraba con expresión seria.

"Cuando salgas búscame"

Sonreí, y dejé que el policía me ayudara a entrar en el coche.

Al menos esta vez tenía algo por lo que volver.