El pesar de Cupido

Una tarde, sentado frente al mar,

vi triste al alado dios Cupido,

quien suspiraba con hondo pesar.

"¿Qué te pasa? ¿Qué ha ocurrido?"

Pregunté al joven dios del amor.

Él me miró como el que ya ha sentido

muchas veces un viejo dolor,

y volviendo su mirada al ocaso

responde con profundo amargor:

"!Ay, la humanidad ya no hace caso

a aquello que les dicta el corazón!

Leyes hay que les marcan cada paso,

y el pensamiento y la emoción.

Al Amor, sentimiento sagrado,

ellos le han puesto prohibición.

"Ese sentimiento se ha pensado"

dicen con orgullosa seguridad

"con tal y cual requisito ya dado".

.

¡Oh, ciegos humanos, no veis la verdad!

¡Amor nació libre, y así ha de seguir!

¿Pues no os dio Dios en su infinita bondad

voluntad libre para poder elegir?

¿Por qué iba el sentimiento más puro

esta libertad contradecir?

Al corazón ponéis un muro

que ni mis flechas pueden romper;

hecho esta con el metal más oscuro:

las convenciones sociales, que a perder

echan el sentimiento mas fecundo,

porque sus frutos no quieren ver crecer.

¿Pues qué importará en este inmenso mundo

de quién podáis enamoraros?

¡Muchos buscan en cielo y mar profundo

el sentimiento que osáis negaros!

¿Por qué desperdiciarlo de esa manera?

¿Por qué os torturáis así, humanos?

.

Mas continuará vuestra ceguera,

y mi voz a vosotros no alcanzará.

Así, llegará la primavera,

y al que de corazón os amará no podréis ver,

ciega raza orgullosa.

Tan extraña oportunidad se irá,

y cuando vuestra mano temblorosa

toque la de la Muerte indiferente,

puede que se os venga a la mente una cosa:

"Si algo hubiese hecho yo diferente

y a aquello que siempre me ha mandado

me hubiese atrevido yo a hacer frente;

si ante aquel, ese día soleado,

no hubiese sido yo tan resistente

me pregunto, ¿qué habría pasado?" "