La casa era enorme, la sala se conectaba al comedor, la cocina era, lo que Martín llamo "soñada", unas escaleras daban al segundo piso, que tenía tres habitaciones y dos baños, un jardín bastante grande en el fondo de la casa y otro pequeño en el frente.

Era muy grande, Diego caminaba detrás de Martín mientras escuchaba a la vendedora hablar maravillas de lo amplio y cómodo del lugar, que podía ser su nuevo hogar. No quería mudarse, sabía que debían hacerlo pero no se sentía a gusto.

-Que te pereció?.- pregunto Martín cuando llegaron a su casa.

-Grande.- dijo Diego sentándose en el sofá.

-No te gusta verdad?.- pregunto Martín sentándose a su lado.

-Es muy grande...no podemos ampliar ésta en vez de mudarnos?.-

-Diego, la casa es pequeña, para nosotros dos está bien, pero si queremos seguir con lo de la adopción tenemos que mudarnos... o no quieres seguir?.- pregunto un poco angustiado Martín.

-Claro que quiero seguir. Quiero que tengamos un hijo, pero...hace un año que estamos con los papeles y tal vez estemos más tiempo, no tenemos que mudarnos ahora.-

-Y cuando vamos a hacerlo?. Si no quieres hacer ésto solo decímelo y ya.- dijo Martín levantándose y caminando hacia la cocina.

-Martín,...- Diego se puso de pie y camino hacia su esposo. -Planificamos ésto juntos, si?. Una familia, nuestra. Amo esa idea, porque te amo y quiero hacerlo, pero también amo ésta casa, aquí somos felices y es donde decidimos empezar nuestra vida juntos, ...no sé, no quiero alejarme de aquí.-

Martín lo observaba triste.

-Es eso, o es porque yo te arrastro a todo ésto?.-

Diego se acerco a él y lo tomo por la cintura.

-Te amo, y siempre me dejo arrastrar a todo lo que se te ocurre, pero ésto...tener hijos con vos, es lo que más quiero.-

Martín lo abrazo y apoyo su rostro en el hombro de Diego.

-Tenemos que mudarnos, se que amas ésta casa, pero no hay lugar para un niño aquí. Podemos seguir viendo casas hasta que te guste alguna, pero no podemos quedarnos.- dijo Martín.

Diego suspiro, tomo el rostro de su esposo y lo beso con ternura.

Esa noche ninguno de los dos podía dormir, Martín estaba preocupado porque creía que estaba presionando a Diego para hacer algo que tal vez era apresurado, supuso que debía esperar unos meses más. Hacia un año que habían presentado los papeles para la adopción, pero siempre estaban en la misma situación y en las entrevistas con los psicólogos del juzgado, les habían anticipado que el trámite de adopción podía tardar años.

Diego por su parte sentía que era egoísta, no quería mudarse, pero sabía que Martín tenía razón, y si deseaban ampliar su familia, debían hacerlo.

Se giro en la cama y abrazo a Martín por la espalda, escondiendo su rostro en su cuello. Martín tomó las manos de su esposo presionándolo más a él.

...

-Estas en casa?.- pregunto Diego por teléfono.

-Sí, recién llegue. Olvide llevar a sellar un papel al banco y tuve que volver. Venís a almorzar?-

-Mmmh., no, me gustaría que nos encontremos en mi taller, podes venir?.- pregunto Diego.

-Bueno, quieres que almorcemos allí, me muero de hambre.-

-Está bien. Te espero.-

Diego cortó la llamada y guardo una carpeta con papeles en el cajón de su escritorio, sonrió y salió de su oficina, en su taller.

A los pocos minutos llego Martín, lucía cansado. Se abrazo a él de manera cariñosa.

-Estoy muy agotado.- dijo Martín.

-Y aun tienes que volver al estudio?.- pregunto Diego.

-Sí, el contador nuevo no está muy al tanto de los clientes y confunde los datos, terminan llamándome a mí-

-Bueno, cuando empecé con el taller también tenía ese problema, pero después se normalizo todo.- dijo Diego caminando de la mano hacia la oficina.

-Sí, pero si se equivocaban, vos los ayudabas y ya. Cuando me llaman a mí, ya están todos los papeles firmados pero con otro nombre, y se dan cuenta cuando en el banco rechazan los papeles.- dijo Martín.

-Eso es porque siempre estas detrás de ellos, cuando uno delega, no tiene que estar todo el tiempo revisando lo que hacen.-

-Dices que soy controlador?.- preguntó Martín con una ceja alzada.

-Un poco.- dijo sonriendo Diego. -Y el mejor contador del país.-

Diego beso a su esposo una vez dentro de la oficina, Martín se perdió unos instantes en el beso.

-Pedí algo para comer.- dijo Diego sonriendo.

Martín le dio un beso y se sentó frente al escritorio de su esposo.

-Necesito tu ayuda con unos papeles, tengo que firmarlos pero quiero estar seguro antes.- dijo Diego buscando la carpeta que estaba en su escritorio.

-Es un contrato?. No me dijiste que ibas a contratar más personas.-

Diego le dejo los papeles sobre la mesa y Martín comenzó a leerlos frunciendo el ceño.

-Estos son los papeles de la casa que vimos ayer. No entiendo.- dijo Martín confundido mirando a su esposo.

-Bueno, no esta tan mal la casa, y hable con la vendedora esta mañana para que me deje revisar el contrato de compra, si aún te gusta la idea, deberíamos firmarlo.- dijo Diego con una sonrisa.

-Estas seguro, podemos ver otras casas o esperar...-

-No, quiero que compremos esa...tienes razón, yo me apegue a nuestra casa porque soy feliz con vos ahí, pero en realidad yo soy feliz donde sea que estés vos.-

A Martín se le llenaron los ojos de lágrimas, asintió con la cabeza y tomo la mano de su esposo.

-Te amo sabes?.- preguntó Martín.

-Sí, y yo también te amo, por eso me case con vos.- dijo con una sonrisa Diego.

... Años después

-Nos habrá llamado para decirnos que denegaron nuestro pedido?.- pregunto nervioso Martín, estaba sentado en una silla frente al escritorio vacío de su abogada.

-No, porque harían eso?.- pregunto Diego de pie, leyendo uno de los títulos enmarcados en la pared de la oficina.

-Hace cinco años que estamos en lista de espera...visitamos a Magui durante seis meses y al juez no le interesa firmar los papeles.- dijo Martín con preocupación.

-No es contra nosotros, todos los que están en lista de espera les pasa igual.- dijo Diego caminando hacia la otra pared.

Martín lo observo, suspiro con frustración, desde que la abogada los citó para esa mañana no pudo dormir, ni comer nada, tenía un nudo en el estomago, no quería ni pensar en que les dijeran que no podían visitar mas a la pequeña Magui, una niña tan adorable que se había robado el corazón de ambos.

-Lo siento.- dijo la abogada entrando por la puerta, con varias carpetas en su mano. -lamento llegar tarde.-

Diego se sentó junto a su esposo y ambos la miraron expectantes.

-Tuve que correr al juez por todo el lugar, pero lo conseguí.- dijo ella entregándoles varios papeles. -ven esa firma, es la del juez cediéndoles la custodia de Magui.-

Martín y Diego miraron el papel sin creerlo, luego miraron a la abogada quien tenía una gran sonrisa.

-No puedo créelo.- dijo Diego mirándola.

-Pues créelo...no es la adopción, pero es el primer paso, allí también está el pedido de posterior adopción pero como ya les explique, deben pasar seis meses como mínimo antes de presentan el pedido.- explicó ella.

A Martín se le llenaron los ojos de lágrimas, no podía evitarlo, apretó fuerte la mano de su esposo quien lo miro y le sonrió.

-Espero que tengan armada la habitación porque iremos a buscarla mañana...su niña los estará esperando.- dijo ella y Diego suspiro en un sollozo al igual que Martín.

Ninguno de los dos durmió esa noche, ansiosos, recorrieron la habitación que habían preparado para la niña, cuidando cada detalle, desde los juguetes, los adornos, cada cosa que compraron para Magui.

Recorrer las calles de regreso del hogar con Magui fue toda una aventura, ella se había acostumbrado a contarles todo lo que sucedía en su día cada vez que la visitaban, pero ella sabía que esta vez no era una visita, esta vez se quedaría en su nueva casa. Ni bien entraron los ojos de Magui se hicieron enormes, tenía entre sus brazos el peluche con forma de conejo que le habían regalado ellos en su segunda visita, nunca lo dejaba, incluso le había puesto nombre.

-Y esta es tu habitación.- dijo Martín abriendo la puerta y dejándola entrar.

La cama era enorme y soñada, sus ojos si fijaron en los dibujos de princesas en las paredes y en un cajón en el suelo habían unos diez peluches, Magui estaba encantada mirando todo con fascinación.

-Toda la cama es para mí?.- preguntó Magui mirando con ojos brillantes.

-Sí, toda.- respondió Diego sonriendo.

-Y el señor conejo puede dormir conmigo?.- pregunto nuevamente la niña mirándolos a ambos.

-Si claro, ambos pueden dormir juntos en la cama.- respondió Martín.

Magui sonrió más ampliamente y se quedo observando, la que sería su nueva habitación.

...

El primer cumpleaños de Magui los alcanzo planificando una fiesta, había pasado un año desde la primera vez que la niña pisó su hogar y aunque no los llamaba papá, estaba feliz en su nuevo hogar.

-Diego...donde están los globos?, sacaste el paquete del auto?.- pregunto Martín a su esposo, mientras terminaba de colgar los adornos.

-Sí, los tengo aquí.- dijo Diego inflando los globos con una maquina especial para eso.

El timbre sonó y ambos entraron en pánico.

-Mamá no pudo traerla tan temprano, me dijo me la llevaría al carrusel.- dijo Martín caminando hacia la puerta. -Es la abogada.-

Diego dejo lo que estaba haciendo y se acerco a la puerta junto a Martín.

-Buenos días.- dijeron ambos al abrir la puerta.

-Hola, buenos días.- respondió ella y entró a la casa. -Quería darle esto personalmente...están de fiesta?.-

-Oh, sí, es el cumpleaños de Magui.- dijo Diego.

-Lo siento, olvide la fecha que es hoy, pero tal vez le traje un regalo a los tres.- dijo ella entregándoles una carpeta con papeles.

Diego la abrió y leyó el primer papel junto a su esposo.

-Es...es...el acta...- dijo Diego sonriendo.

-El acta de adopción, allí están los papeles de Magui también, sus nuevos papeles, ella donde esta?.-

-Con...mi mamá, así podíamos adornar la casa y le dábamos la sorpresa, pero la sorpresa nos la llevamos nosotros, no creí que salieran tan pronto, pensé que esperaríamos hasta el año entrante.- dijo Martín muy emocionado.

-Pues, el juez sabe que ustedes son la mejor familia para la niña.- dijo la abogada con una sonrisa. -y ahora me voy, porque tengo que seguir trabajando, los espero mañana en el estudio.-

Diego la despedido con un abrazo al igual que Martín, luego que ella se fue, ambos se miraron y lloraron de felicidad.

Susana llego a la hora indicada con Magui llena de regalos, cuando la niña vio todo lo que estaba preparado para ella y sus amiguitos, comenzó a dar saltos, Martín y Diego estaban muy felices, Antonio, Pablo y Claudia llegarían en unos minutos, pero debían hablar con Magui primero y a solas.

-...y el peluche se quedo a medio camino pero Susana le dio un golpe a la maquina y logro sacarlo.- contaba Magui mientras caminaban hacia su habitación.

Martín negaba con la cabeza.

-Estoy seguro de eso, Susana hubiera dado vuelta la máquina para sacarlo.- dijo Diego haciendo una mueca.

-Tenemos que contarte algo...es muy importante y muy lindo.- dijo Martín sentándose en la cama de Magui.

Ella se sentó junto a él y Diego a su lado.

-Ves esto?.- pregunto Diego mostrándole sus nuevos papeles.

-Es mi nombre... con su apellido!. - dijo la niña emocionada.

-Si amor, legalmente eres nuestra hija.- dijo Martín intentando no llorar.

-Entonces...ahora puedo decirles papás?.- pregunto Magui con una sonrisa.

-Sí, si quieres...- dijo Diego, sin querer presionarla.

-Sí, sí quiero...son mi papá,- dijo besando en la mejilla a Diego. -y mi papá.- y le dio otro beso a Martín.

-Le voy a contar a Susana!.- Magui se detuvo en el umbral de la puerta y se giro para verlos con un gesto pensativo. -Le puedo decir abuela?.-

-Sí, claro, estoy seguro que está esperando éste momento.- dijo Martín conteniendo las lágrimas.

Magui salió corriendo hacia la cocina, Diego tomo por el rostro a su esposo y lo besó con ternura, entre lágrimas de felicidad, sonreían al escuchar a Magui y a Susana hablar.

...

Tres años más tarde todos se reunirían en la casa de Diego y Martín, el verano había comenzado y decidieron comprar una pileta para armar en el patio, Rick le había ayudado a Diego a instalarla mientras que a un par de metros y bajo sombra, Martín hablaba con Carla que tenía a su primer bebé en brazos.

-Papá!.- dijo Magui acercándose a él con un gesto de tristeza en su rostro.

-Que sucede amor?.- pregunto Martín mirándolo curioso.

-Papá armo la pileta donde esta mi conejo Chip.- dijo ella con ojos tristes.

Martín miró hacia donde estaba la pileta y luego a su hija.

-Que conejo?.- pregunto Rick acercándose a ellos.

-Mi primer conejo, le gustaba morder los cables de electricidad y un día se quedo dormido detrás del sofá.- dijo ella mirando a su tío.

-No creo que se haya quedado dormido si mordió un cable con electricidad.- dijo Rick.

-Se quedo dormido.- dijo Martín mirándolo serio. -Diego, tenes que mover la pileta, ahí está enterrado el conejo.- le dijo a su esposo.

Diego lo miró y giro sus ojos.

-No parece importarle.- dijo Diego, la mirada de su esposo y de su hija expresaba más que las palabras. -La estoy llenando!.-

-Movela.- dijo Martín serio.

-Rick ven a ayudarme.- dijo Diego maldiciendo por lo bajo.

Carla río, mientras que Magui jugaba con el bebé, Martín preparó jugos para todos, y un par de minutos después Susana, Antonio, Pablo y Claudia llegaron para pasar el día en familia.

Diego estaba serio, Martín sabía que se había molestado, se acerco a él y lo abrazo por detrás.

-Estas muy enojado?.- pregunto Martín al oído de su esposo.

-Si.- dijo Diego aún serio.

Martín besó su cuello.

-Y ahora?.- susurro en su oído.

-Algo.- dijo Diego con una media sonrisa.

Martín sonrió y apretó su agarre en la cintura de su esposo, besó nuevamente su cuello y pasó su nariz por el mismo lugar.

-Te amo, mucho, mucho, mucho.- dijo Martín por lo bajo solo para que lo oyera Diego.

-Y yo también...- dijo Diego con una sonrisa, giro su rostro y beso a Martín en los labios.- a ambos.- volvió a decir mirando a su pequeña hija.

Martín sonrió, y apoyo su rostro sobre el hombro de Diego mirando a Magui, ella les sonrió y se acerco corriendo para abrazarlos a los dos juntos.

Esa era su familia, el regalo que les dio la vida.