Capitulo 2

-Ariel quiere los bocetos de la colección que viene...es tan melodramática, quiere que le presentemos lo que llevaremos a Milán.- dijo Derek mientras ajustaban los detalles de unos vestidos.

-Ah... bueno...podemos enviarle algo, aún tenemos detalles que solucionar.- dijo Peter con su mente en otra parte.

-No le dijiste que no ibas a Milán. Ella cuenta con eso.- comento Derek esperando que su socio cambie de opinión.

-Si se lo dije, no quiso oírme...no puedo ir Derek...no puedo sacar a Meg del país sin el consentimiento de Taylor, y esta su cumpleaños...no dejare a mi hija aquí.- dijo Peter mirándolo serio.

-Yo entiendo...pero puedes dejarla con tu ex, es el padre también.- Derek intentaba convencerlo.

-Taylor...él es policía, tiene mucho trabajo...- Peter no quería hablar de su ex pareja y más después de escucharlo tan abatido la última vez que hablaron.

-Es por eso o porque no confías en él?.- pregunto Derek.

Peter lo miro molesto, no iba a hablar de eso con su socio.

-Tenemos trabajo atrasado, Derek.-

Éste hizo un gesto y siguió con su labor.

-No me respondiste anoche.- dijo Derek de pronto.

Peter recordó el mensaje que ignoro la noche anterior.

-Se me apago la computadora.- mintió éste.

-Oh, bueno, quieres ir al cine?.- preguntó Derek con una sonrisa.

-Lo siento...no puedo...estoy atorado con todas las cosas del cumpleaños, me camine medio New York buscando la bendita muñeca que quiere y no la encuentro, tengo veinte niños invitados para ese día, Mariel no estará unos días y tendré que traer a Meg aquí...realmente no puedo.- se excusó lo mejor que pudo Peter.

-Entiendo...estas ocupado, bueno será otra vez.- dijo con mala cara Derek.

Peter no tenía en sus planes aceptar la invitación de nadie, no estaba para citas, no quería reconocerlo pero no había superado a Taylor y no concebía la idea de otro hombre en su vida.

...

Todos los días llovía, eso no ayudaba en nada su estado anímico.

No tenia ánimos de nada, menos de trabajar, había revisado varios papeles de un caso nuevo pero su atención no era la misma, nada era igual.

-Jefe, buscamos en las cámaras de seguridad?.- pregunto uno de sus ayudantes.

Taylor lo miro y luego los papeles que tenía en su mano.

-Si...si busquen...en las cámaras del local y las de la calle.-

El muchacho lo observó extrañado.

-Jefe...se siente bien?.-

-No...me duele la cabeza...dejare esto a cargo de Thomas.- dijo Taylor poniéndose de pie.

-Thomas esta de licencia, por lo del nacimiento de su hijo, recuerda?.- preguntó el muchacho.

-Ahh...cierto...bien...si sucede algo nuevo llámame.- dijo Taylor y salió por la puerta.

Ya no le importaba su trabajo, nada le importaba, no encontraba una motivación desde que Peter y Meg se fueron, a veces solo quería dormir.

Camino por las calles bajo la lluvia, el hotel donde se hospedaba desde que vendieron la casa, estaba a pocas cuadras, Sebastián lo ayudo a mudarse, había vendido casi todas sus pertenencias para enviarle dinero a Peter, aunque él se lo enviaba de nuevo, entonces opto por abrir una cuenta y depositarlo por si Peter o su hija lo necesitaban.

Llego a su departamento y abrió el mini bar, saco una botella de Whisky y tomo un sorbo de ella, recordó que Meg debía estar en casa y busco el teléfono.

-Hola.- dijo la voz de Peter.

-Hola...soy yo...quería saber si podía hablar con Meg.- dijo Taylor con nerviosismo en su voz.

-Si...Meg, tu papá.- dijo Peter y la pequeña llego corriendo a tomar el teléfono.

-Papá!.- dijo la niña.

-Hola princesa...como estas?...como te fue en el colegio?.- pregunto Taylor con algo de emoción por escuchar a su hija.

-Bien, fue difícil el examen de hoy, pero creo que aprobé.-

-Seguro, tú eres muy inteligente.- dijo Taylor.

Sonrió en varias ocasiones mientras hablaba con su pequeña, ese era el remedio para todos sus males, su hija.

Pero cuando se despedían y volvía la soledad, su único refugio era esa botella de Whisky.

...

Peter se alistaba para el desfile en su habitación, Meg no quiso ir entonces llamo a Mariel para que se quede con ella hasta que él vuelva.

-Hija...no mires televisión hasta tarde, tienes que levantarte temprano mañana...Mariel!.- llamo Peter.

-No se preocupe, no va a estar más de media hora mirando televisión, se lo aseguro.- dijo Mariel.

-Gracias...eres un sol.- dijo Peter agradecido.

-Vaya tranquilo, yo me encargare de que este en la cama a las diez.-

Peter miro a través de Mariel, Meg estaba mirándolos con el seño fruncido y cruzada de brazos.

-Ya conoces las reglas Meg.- dijo Peter al ver un berrinche en camino.

Ella se giro y salió caminando hacia la sala, a veces se reconocía en las actitudes de su hija, él también hacia eso cuando quería algo y Taylor terminaba cediendo. Y allí estaba, Taylor en sus pensamientos.

-Esa mirada triste va a espantar a los invitados de la fiesta.- comento Mariel mirándolo.

-Tanto se me nota?.- preguntó Peter.

Ella asintió con la cabeza con una sonrisa triste.

-Llegara tarde, su socio estará aquí en cualquier momento.- dijo ella.

Peter asintió con la cabeza y miró su reflejo en el espejo, cerro sus ojos e intento dejar a un lado sus recuerdos.

Derek llego a la hora acordada, salieron rumbo al desfile y aunque era temprano tenían mucho trabajo por delante.

Casi cuatro horas después llego nuevamente a su casa, exhausto, Meg estaba dormida, y Mariel leyendo un libro.

-Señor...la niña se durmió, pero estuvo muy inquieta...su papá no la llamo por teléfono.- explico ella mientras se colocaba su abrigo.

Peter suspiro agotado, era la segunda vez que Taylor hacia eso.

-Bien, mañana hablare con Taylor.- dijo él molesto.

Mariel se fue y Peter camino hasta la habitación de su hija, no entendía que le sucedía a Taylor, había llamado todos los días desde su separación pero estos últimos días, estaba extraño. Negó con su cabeza y se dirigió a su habitación, se quito la ropa y se recostó, estaba muy agotado, al día siguiente enfrentaría a Taylor, pero por hoy tenía suficiente.

Al día siguiente Taylor no llamo nuevamente, aunque Peter intento desviar la atención de su hija hacia otras cosas, ella preguntaba todo el tiempo por él.

Peter estaba preocupado, estuvo atento a teléfono, no recibió ninguna llamada, la idea que algo malo pudo sucederle cruzo por su mente, pero supuso que Sebastián le avisaría si eso sucedía.

Meg se durmió muy triste, creía que Taylor se había olvidado de ella, pero él sabía que nunca se olvidaría de llamarla, algo debió sucederle y estaba angustiándose por eso.

El teléfono sonó, y atendió esperanzado, no era muy tarde y Peter esperaba que fuera Taylor.

-Hola, Taylor?.- preguntó Peter ansioso.

-Emmm...no soy Sebastián, como estas?.- pregunto su amigo.

La desesperación inundo a Peter, sabía que algo no estaba bien.

-Bien...sucedió algo?.-

-No...todo está bien...es solo que quería saber si sabias algo de Taylor...te llamo hoy?.- preguntó cauteloso Sebastián.

A Peter se le cerró el estomago de los nervios y la angustia, algo malo había sucedido.

-No, hace dos días que no llama...que paso?, le sucedió algo a Taylor?.-

-No...es que no lo veo desde hace días e intento llamarlo pero no lo ubico.- dijo nervioso Sebastián.

-No sé nada de él, no está en su departamento?.- pregunto Peter intentando calmarse.

-No, fui pero no atendió nadie, el vecino me dijo que no lo vio.- explico Sebastián. -Seguramente está trabajando en algo, lo seguiré buscando, como está Meg?.-

Peter sabía que Sebastián intentaba cambiar el tema para no preocuparlo, pero él estaba al borde de la desesperación.

-Bien...por favor Sebastián, cuando encuentres a Taylor llámame, por favor, no lo importa la hora, solo llámame.- pidió Peter angustiado.

Sebastián hizo un silencio y suspiro.

-Te llamaré, te lo prometo, pero es probable que éste trabajando y haya perdido la noción del tiempo, no te preocupes, enviale un beso a mi sobrina.- dijo Sebastián.

-Se lo daré. Adiós.-

Peter se quedo con el teléfono sobre su pecho, tenía un mal presentimiento, estaba preocupado por Taylor, y esperaba que todo estuviera bien con él.

Al día siguiente Taylor no llamo, ni tampoco Sebastián. Ni bien llego Meg del colegio pregunto por su padre, ya no sabía que decirle porque no entendía que estaba sucediendo. El teléfono sonó y el atendió en su habitación, no quería que Meg escuchara nada.

-Hola.-

-Hey, soy yo, Sebastián, encontré a Taylor, estaba trabajando en algo nuevo, esta bien.- dijo Sebastián intentando sonar despreocupado.

Peter hizo un silencio.

-No te creo, por más que estuviera trabajando, llamaría a Meg...que sucedió Seb...necesito saber...estoy preocupado por él.-

Sebastián dio un suspiro.

-Le pedí la llave al encargado, cuando entré al departamento, había muchas botellas de alcohol por doquier, muchas...él...él estaba en el sillón dormido, quise despertarlo pero no pude, estaba aferrado a una playera negra, y tenía la foto de ustedes tres...limpie un poco hasta que despertó, lo obligue a comer y a bañarse, ahora está durmiendo, de nuevo.-

Peter comenzó a llorar, en silencio, Taylor no bebía, sabía a que se debía todo ésto, era su culpa, le quitó a Meg, y eso lo estaba matando.

-Por favor...cuídalo.- pidió Peter con la voz quebrada.

-No te preocupes...lo cuidare...no le digas que te conté ésto, mañana le hablara a Meg.- dijo Sebastián.

-Gracias. Adiós.-

Peter apretó el teléfono sobre su pecho mientras las lágrima caían por su rostro, salió hacia el baño y cerró la puerta con el seguro, tomo una toalla y la puso en su boca para que Meg no lo escuchara llorar.

-Papá!.- dijo Meg en la habitación.

-Si?, ya voy.- Peter se lavo el rostro y se secó antes de calmarse y salir del baño. -Que sucede amor?.-

-Puedo hacer galletas?.- pregunto la niña.

-Sí, claro.- dijo Peter intentando sonreír.

-Tienes los ojos rojos papi.- dijo inocentemente Meg.

-Es que me lave la cara y me entro agua en los ojos...vamos a hacer las galletas, quieres ponerle chocolate?.- pregunto Peter.

-Si!.- dijo ella sonriendo.

Ambos salieron rumbo a la cocina y Peter se obligo a sentirse bien, al menos hasta el momento de apoyar la cabeza en su almohada, cuando lloraría hasta quedarse dormido.