"Quitar la vida y mentir, se hizo una costumbre, cuando la fe y el amor ya no alumbren no va a quedar más nada, vivir será lo temido por todos y la muerte amada."…Como Te Extraño – Abel Pintos.

En la frialdad de la noche, luego de una llamada de Debra la mano derecha del jefe de la mafia en New York, Matthew se encontraba sentado en la cafetería más importante de la ciudad. Para él no era nada fuera de lo común, toda su vida se dedico a ser un gánster, nadie le decía que hacer, y jamás seguía el ritmo de los demás, él lo imponía, era el millonario mas requerido de la cuidad, nunca se enamoro, estaba seguro que el amor era una debilidad, pero esa noche, en esa cafetería, y en medio de una reunión con otro mafioso, sus ojos se posaron en un joven, en su mirada transparente sin maldad, esa dulzura que él no poseía pero pudo admirarla en esos ojos color cielo, fue allí cuando supo que haría lo imposible para tenerlo, aunque eso le llevara la vida.

...

Capítulo 1

Matthew se encontraba sentado en un sillón muy elegante de color verde oscuro, en la oficina enorme y sofisticada del hombre más poderoso de todo New York, era la segunda vez que se encontraba allí.

Trabajaba desde los catorce años en el negocio, cuando su padre lo ingreso oficialmente tenia dieciocho, pero dos años después su padre murió y él se hizo cargo de todo por pedido del hombre que él respetaba y le era fiel hasta la muerte.

La primera vez que lo vio tenía diez años, fue en su casa, estaba en la oficina de su padre jugando al ajedrez con él. James le tenía prohibido presenciar cualquier conversación, así que Matthew se escondía en la habitación contigua y los observaba con reverencia. La siguiente vez que lo volvió a ver en su casa, fue después de la muerte de su padre, estaba dándole el pésame a su madre. Días después lo mando a llamar para ofrecerle el lugar que ocupaba su padre en la organización. Manejaría la zona norte de New York.

Y eso hacía desde ese momento, diez años sirviéndole, y siendo honesto, al menos con él.

Unos pasos firmes y decididos se oyeron por el pasillo, era evidente que era una mujer.

Debra ingreso con un vestido rojo pegado a su escultural cuerpo, llevaba en sus manos una carpeta que dejo sobre una mesa. Ella era temeraria. Nadie se animaría a contrariarla o enfrentarla. Nadie en su sano juicio.

-Whisky?.- pregunto Debra sin mirarlo.

-No gracias.- respondió Matthew.

Los pasos lentos y pausados de un hombre mayor se hicieron presentes, Matthew se puso de pie, y Debra ocupo su lugar a un lado de un sillón antiguo de color rojo.

-Mayers.- dijo Rubí caminando hacia él.

-Buenas noches Rubí.- respondió educadamente Matthew.

-Toma asiento.- dijo Rubí sentándose en el sillón rojo.

Matthew se sentó y observo al hombre por el que sentía respeto y admiración.

-Sabes porque estás aquí Matthew?.- pregunto Rubí con parsimonia.

-No.-

-Querida.- dijo Rubí levantando su mano hacia Debra.

Ella tomó la carpeta que estaba sobre la mesa y se la entrego a su jefe.

Rubí abrió la carpeta y se la entrego a Matthew.

-Quiero a Ryan fuera de la organización.- dijo Rubí.

...

-Que le pasa a ésta cosa?!. Scott no la enviaste a arreglar?.- pregunto Ryan sentado en un escritorio con una computadora portátil en su pequeña oficina del club nocturno que manejaba.

-Sí, pero si la golpeas no funcionara nunca.- respondió Scott mientras leía una revista sobre un sofá frente a él.

-Y entonces?.- pregunto enojado Ryan.

Scott lo miró y se puso de pie sin ganas, tomó la computadora y vio lo que le sucedía.

-Siempre presionas las dos teclas a la vez, por eso se bloquea.- dijo devolviéndole la maquina a su jefe.

Ryan hizo un sonido con su boca y siguió con su trabajo.

Scott volvió a sentarse oyendo los disturbios afuera. Sabía que sucedía, Ryan dejaba que hicieran lo que quisieran en el local y antes que llegara la policía, sus matones sacaban a la gente a empujones a la calle, por eso casi nadie venia, solo la paria de la zona sur de New York y los exiliados de la zona norte.

Scott no sabía bien como llego ahí. Su hermano Liam era amigo de Ryan, pero no participaba de la organización, aunque más de una vez tuvo que defenderlo. Eran muy amigos desde niños, cuando Liam murió en una situación muy confusa, hacia ya varios años atrás en medio de una balacera, Robert su padre y Dana, su nueva esposa, quedaron solos y con deudas, y allí apareció Ryan con sus soluciones mágicas, convenció a Scott de entrar en el negocio y así ayudar a su padre. Y él lo hizo. Cuatro años siendo un soldadito de Ryan, no era fácil, aunque él sólo llevaba la contabilidad de los "negocios" a veces tenía que ser el mensajero y recibía un par de golpes, también tuvo que saldar cuentas de su jefe, pero intentaba borrar eso de su mente.

Ryan no era malo, al menos no lo parecía, pero era muy deshonesto y sucio para hacer negocios, y eso le traía muchos problemas. Tenía un séquito de veinte personas más sucias y deshonestas que él, a Scott no le gustaba mucho el ambiente, así que permanecía en la oficina casi todo el día. La mayoría vivían ahí, y era un verdadero caos por momentos, él vivió en un pequeño departamento a metros del club, pero prefirió mudarse a una habitación sobre el club, por muy loco que sonara, estaba más seguro allí.

Con veintidós años, aún tenía la esperanza, aunque casi extinta, de poder asistir a la universidad, ese era su sueño, o lo había sido, su padre y Dana creían que trabajaba de mesero y hacia cursos para ingresar a la universidad, obviamente nunca le diría a Robert a que se dedicaba realmente.

La puerta se abrió de golpe dejando ingresar a un molesto Jack, la mano derecha de Ryan.

-Se puede saber porque demonios Amber está bailando con las demás chicas?.-

-Porque es la única asiática que tenemos y a los clientes les gusta.- respondió Ryan sin levantar la vista de la computadora.

-Pero es mi novia!.- dijo enojado Jack.

-Te daré un porcentaje de su comisión.- Ryan lo miro seguro que aceptaría.

Jack hizo una mueca y se sentó junto a Scott en el sofá, éste se movió intentando ocultar el miedo que le provocaba el sujeto.

-Cuanto?.-

-El veinte por ciento.- dijo Ryan siguiendo con su trabajo en la computadora.

Jack solo miro hacia el techo y busco una cerveza de un minibar.

Scott lo observo de costado. No podía creer lo bajo que podía caer una persona, a Jack no le importaba en lo absoluto que usaran de esa forma a su novia si podía sacar crédito de ello.

Pero esa era la clase de personas que trabajaban para Ryan, y luego estaba él, que a veces solo quería volver a Missuri y trabajar en el taller de su padre.

-Scott. Cuando hagas el recuento de lo que ingreso hoy, agrégale lo que ganen las chicas de afuera, ellas trabajaran para el club ahora, así que tendremos que poner más muchachos que las cuiden.- dijo Ryan poniéndose de pie. -Vamos Jack.-

Un hombre robusto ingreso por la puerta, Scott lo conocía bien, era uno de los tantos que hacían negocios sucios con Ryan.

-Que buscas?, estoy de salida.- dijo Ryan encendiendo un cigarrillo.

-Venia preguntarte si puedes darme una semana más….- pidió el hombre y miro a Scott.

Ryan se dirigió hacia su escritorio y saco una libreta.

-Hola Scott, no saludas.- dijo el sujeto y pasó su mano por la cabeza de éste.

Él se alejo moviéndose al otro extremo del sofá sintiendo asco del hombre.

-No. Me debes mucho.- dijo Ryan.

-Puedes darme una noche con él?.- pregunto el hombre señalando con la cabeza a Scott.

Ryan miro a Scott que había entrado en pánico, tenía una súplica en su mirada aunque no creía que su jefe fuera a apiadarse de él.

-Me deberás mas y no creo que pagues, lárgate y busca mi dinero….vamos vete!.- le dijo Ryan enojado.

El sujeto salió desconforme y le dio una última mirada a Scott que respiro aliviado.

Jack se puso de pie y salió caminando por la puerta junto a Ryan. A esa hora, una vez por semana, salían por los antros de la zona sur recaudando lo que Ryan llamaba "la cuota". Cada local pagaba una comisión por trabajar y tener el respaldo de Ryan en caso que la policía se metiera donde no debía, claro que la policía también tenía sus arreglos con él, pero ellos solo se hacían los distraídos a la hora de implementar la justicia.

Scott se quedo en la oficina hasta que la gente salió del local, luego subió a la planta alta y espero a que la gente de Ryan trajera la recaudación, él contaría el dinero y una parte quedaba en el local y la otra, a diferentes cuentas en el banco.

Estaba cansado de esa vida, pero no tenia opción. Ya no.

...

Matthew suspiro pesado, se quito el saco y se sentó en el sillón de su oficina. No quería pensar mucho, miro a través del enorme vidrio oscuro que daba al salón de su club, observando las luces encendiéndose y a la gente de limpieza comenzando su trabajo.

Ya era de mañana, había pasado toda la noche caminando y pensando, Eloy se hacía cargo de sus negocios cuando él no estaba, era su mejor amigo y mano derecha.

Con treinta años sentía que había vivido toda una vida, tenía más experiencia en negocios que cualquier empresario.

El manejo de la zona norte no era fácil, siempre había gente intentando vender drogas o bandas que no se apegaban a las reglas.

No era muy difícil, si tienes un negocio en la zona, pagas una cuota razonable y nadie molestaba más. Pero algunos no lo entendían, y él y su gente tenían que hacerlos entrar en razones o echarlos del lugar, la mayoría no causaba problemas porque sabían que Matthew cumplía, la delincuencia había bajado mucho al igual que la venta de drogas. La mayoría estaba conforme.

Eloy entro a la oficina y alzo las cejas sorprendido al verlo allí.

-Tuviste una noche fatal?. Que dijo Debra?.- pregunto Eloy buscando dos vasos para servir Whisky.

-Hable con Rubí.- respondió serio Matthew.

Eloy lo observo detenidamente, Rubí nunca hablaba con ellos, era Debra quien siempre lo hacía.

-Quiere a Ryan afuera.- dijo Matthew.

Eloy le sirvió el líquido con hielo y le entregó el vaso a su jefe.

-No quiere una estrella o la luna?.- pregunto irónicamente Eloy.

-Si las quisiera tendría que bajarlas, lo sabes bien.-

-Como vamos a hacer?.- pregunto Eloy.

-Tendremos que planear bien ésto o su gente se nos vendrá encima.-

Eloy negó con la cabeza y se sentó en un sillón frente al escritorio de su jefe.

Matthew abrió la carpeta que le dio Rubí y busco la foto de Scott. Hacia un par de años se había cruzado con el castaño y quedo prendado de él, de su belleza, de sus ojos, de su mirada transparente, lo había estudiado en secreto durante mucho tiempo antes de desechar la idea de que algún día podría estar cerca de él. Ryan hacía varios años se había convertido en su enemigo, cuando decidió dejar de responderle a la organización y hacer de la zona sur su territorio. Observó la foto unos instantes sabiendo que debía tomar la decisión correcta. No podía equivocarse, tenía que sacar a Ryan del medio y a toda su gente, sin iniciar una guerra.

-Es más difícil de lo que parece.- dijo Eloy mirándolo.

-Si.- respondió pensativo Matthew, suspiro y tiro su cabeza hacia atrás. -Hay que reunir información, buscar su punto débil, y aliados.-

-Aliados?. Quien va a traicionar a Ryan?.- pregunto Eloy.

-No sé. Pero tendremos que encontrar a alguien.-

Desarmar la banda de Ryan sería difícil, pero para Matthew lo más difícil era deshacerse de Scott.