La siguiente historia es de mi autoría, no permito que mis historias sean colocadas en otros sitios aunque tengan mi nombre, estoy en contra del plagio y/o mal uso de material. Podrán encontrar más historias en mi página de wattpad (Carol Lein). Espero que les guste. Cualquier duda la respondo por mensaje privado. ;)

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EL CLUB DE LO PARANORMAL

I. Querer morir


Había una vez una linda y dulce chica llamada Violeta Villasana Vinnie. Era delgada, alta y muy sonriente. Siempre optimista y amable con todos los que la rodeaban. Estudiaba el segundo año en la Escuela Secundaria Héroes de la Patria. Sus compañeras le envidiaban ya que ella era perfecta en todo. Tenía el cabello más sedoso, brilloso, largo y liso de toda la secundaria, era de color negro, unas enormes pestañas rizadas adornaban sus bellos ojos negros, sus labios medio gruesos y rosados mantenían una sonrisa todo el tiempo y eran apetecibles. Y por si fuera poco, era muy inteligente y tenía muchos amigos.

Un día de verano, Violeta estaba en su instituto, sentada en una banca con sus amigas y de repente vio pasar al ser más perfecto que ella había visto en lo que llevaba de vida. Un chico de mirada fría; la indiferencia emanaba de él, caminaba con las manos dentro de los bolsillos en una actitud despreocupada. Violeta lo siguió con la mirada hasta perderlo de vista, absolutamente embobada.

―Olvídalo, Violeta. Él es un imposible – le dijo una de sus amigas interrumpiéndole el trance que le había provocado aquel muchacho castaño.

―¿Quién es él? –preguntó ella medio ida de la realidad, sin escuchar completamente lo que le había dicho Rossette; su amiga rubia.

―Es del que hablamos todo el tiempo y que tú nunca nos hacías caso –le respondió Rose, una chica de cabello negro y sujetado en una coleta alta –¿Ves? Te dije que cuando lo vieras te enamorarías de él –sonrió.

―No es tan guapo –habló Lilian de forma seria y aburrida, la chica a la que no le importaba la moda y se vestía con lo primero que sacaba del closet, tenía unos lentes enmarcados.

―Eso es porque tú eres rara, Lilian. Tú vienes de otro mundo.

―No seas grosera, Rossette –la reprendió Violeta inmediatamente.

―Como sea –la chica de cabello ondulado y rubio; Rossette, se levantó de la banca y se puso frente a Violeta –No te hagas ilusiones, Viole. Ninguna es digna para Yair Luna. Ha rechazado a todas las chicas que se le han declarado –exclamó con tono persuasivo, mirando fijamente a Violeta de manera manipuladora, pues no quería que Violeta siquiera pensara que tenía una oportunidad con el aludido después de que la misma Rossette había sido rechazada por él.

―Tal vez Violeta no corra con la misma suerte –la defendió Lilian, harta de las pretensiones de Rossette –No olvides que ella es la más bonita de la escuela.

Rossette torció el gesto, mirando a Lilian asqueada pero se volvió con Violeta y le sonrió descaradamente. Era una perra hipócrita.

El timbre para la siguiente clase retumbó en el aire y todos los estudiantes regresaron a sus aulas. Lilian y Violeta tenían todas las clases juntas, eran las mejores amigas después de todo. Ese día daba inicio un nuevo ciclo escolar en la secundaria.

―Estoy segura de que este año será el mejor –suspiró Violeta feliz.

Su amiga de cabello pelirrojo con trenzas y anteojos la codeó juguetonamente.

―¿Qué? Lilian, es solo porque nos toca la materia de…

―¿De Yair? –la interrumpió Lilian.

―Cállate –se sonrojó Violeta. Dirigió su vista al frente y observó que Yair se metía al salón A-2. Violeta se paralizó al ver aquello – ¿Viste eso? ¿Q-que salón tenemos este año? –Tartamudeó – ¡Saca el horario! –dijo desesperada.

―Ya voy –Lilian desarrugó el papel hecho bolita que tenía en la mochila –A ver… este año nos toca en el A-2.

Enseguida Violeta azotó en el suelo.

―¡Violeta! –se asustó Lilian rápidamente hincándose a un lado de su amiga.

Eso era demasiada suerte para ella. Yair y Violeta juntos en un mismo salón. ¡El amor debía estar de su parte!

―¿Violeta? Violeta, despierta –escuchó a lo lejos una voz profunda y fría.

Villasana abrió lentamente los ojos volviendo en sí. De pronto lo único que pudo ver fue el rostro inexpresivo y perfecto de un ángel de nombre Yair.

―¿Estás bien? –volvió a preguntarle con su voz rasposa y media gruesa. ¡Dioses, hablaba como los mismísimos ángeles! Al parecer él estaba hincado junto a ella. La chica no daba crédito a lo que sus ojos veían, lo miraba incrédula.

Después, una horda de muchachos fue para ayudarla a levantarse y lastimosamente alejaron a Yair de ella. Villasana lo siguió con la mirada mientras él se alejaba sin decir nada, ignorando la situación anterior y se metió al salón.

―Gracias, gracias, ya estoy bien –repetía Violeta a sus compañeros y regresó con Lilian ― ¿Cómo paso eso? ¿Cómo sabe mi nombre? –se preguntó a sí misma.

―Yo se lo dije, él salió del salón cuando yo gritaba como una histérica tu nombre porque te desmayaste y alejó a todos para que respiraras un momento –le respondió la pelirroja.

―Oh, Lilian, ¡Te adoro! –gritó abrazando a Lilian con una gran sonrisa llena de emoción –Gracias a ti él ha dicho mi nombre, ¡mi nombre! –reía con alegría.

Las semanas pasaron y lo único que Violeta pudo hacer en todo ese tiempo fue aumentar su enamoramiento hacia Yair. Soñaba con él todas las noches sin faltar, fantaseaba casi todo el tiempo imaginándose con él en diferentes escenarios. Ya estaban a mitad de diciembre. En todo ese tiempo Violeta no se atrevió a tener contacto con Yair. Le daba muchísima vergüenza tan solo mirarlo.

―¿No es dulce? –le preguntaba Violeta a Lilian mientras lo veía a lo lejos. Por poco más y a Violeta se le formaban corazones en los ojos.

―Viole, acaba de rechazar a una chica y ella está llorando –Lilian la miró con una ceja enarcada.

―¿Ah, sí? –suspiró profundamente sin percatarse de lo que el diablillo Yair estaba haciendo. Lilian negó con la cabeza, su amiga no tenía remedio. Estaba totalmente embobada por Yair.

Enseguida Rose y Rossette llegaron corriendo hacia Violeta.

―Amiga, está confirmado –le decía Rose muy emocionada a Violeta –Oficialmente Yair ha rechazado a todas las chicas del instituto, ¡a todas menos a ti!

― ¿Q-que? –se sorprendió Violeta dejando caer el envase dejugo que se estaba tomando.

― ¡Como lo oyes! Bueno, también sin contar a Lilian, pero no creo que ella le guste, no te ofendas –volteo rápidamente con Lilian quien solo hizo un pequeño levantamiento de cejas y rodó los ojos en señal de que le daba igual.

―Es más que obvio que te está esperando –dijo Rose – ¿Verdad Rossette?

―Ajá –musitó con indiferencia la rubia, muriéndose de celos por dentro.

Por el resto del día, Violeta no dejó de pensar en lo que Rose le había dicho. Además tan solo faltaba una semana para terminar el curso y no volvería a verlo hasta el mes de enero. Definitivamente era ahora o nunca.

Despertó lista para un nuevo día. Se arregló un poco y su padre la llevo a la escuela en su camioneta. Se bajó corriendo totalmente convencida de que Yair sentía lo mismo por ella. Corrió más rápido. No podía esperar más, el sentimiento ya no le cabía en el cuerpo, explotaría de amor, ¡tenía que gritarlo ya! Llego al salón y enseguida lo encontró. Casi todos habían llegado ya. Bien. Testigos. Serían los primeros que se enterarían de su amor por Yair. Se colocó frente a todos y su mirada se fijó en la de Yair y viceversa. El ambiente era mágico. ¡Él la estaba mirando!

A lo lejos Rossette la vio y corrió al salón, colocándose en la última ventana y sacó su celular. Miraba a Violeta con furia y envidia. Solo podía esperar algo bueno que captar con su celular.

A pesar de que la respiración de Violeta era agitada por tanto correr, al ver a Yair su corazón latió tanto que creyó que saltaría de su pecho. Su cerebro se desconectó por completo y habló el corazón.

―Yair Luna yo… ¡Te amo! –sonrió con felicidad, casi lloraba de la emoción. ¡Se había atrevido a declarar su amor!

Yair se levantó de su asiento y camino hacia ella -o eso creía Violeta- a paso lento, metió sus manos a los bolsillos y volteó a ver a Violeta con una imperceptible sonrisa de maldad y dijo:

―Piérdete, zorra –se dirigió a la puerta y salió de allí.

La sonrisa de Violeta se quebró en mil pedazos, su corazón estaba rajado totalmente con filosos cuchillos y le dolió todo el cuerpo, un dolor insoportable. El cerebro despertó y como castigo por haberlo desconectado, envió hordas de dolor agudo hasta las entrañas, hasta al más recóndito punto existente en ella.

Se desplomó completamente y numerosas lágrimas surcaron su rostro y quemaban tanto como si el mismo infierno se desatara de ellas.

― Perfecto –sonrió muy maliciosamente Rossette desde la ventana, guardando su celular –Esto va directo a internet –rió.

Lilian se sentía muy mal por su amiga. No sabía qué hacer ni que decir. Y no se acercó a ella, no sabía cómo reaccionar, no sabría qué decirle.

Sus compañeros fueron saliendo del salón poco a poco hasta dejarla sola. El joven profesor Dante llegó para impartir su materia y solo encontró a una alumna en el suelo. Solo a Violeta.

― ¿Villasana? –Preguntó el docente totalmente sorprendido - ¿Qué sucedió? ¿Te encuentras bien?

Inmediatamente llevó a Violeta a la enfermería y de allí le hablaron a Victoria Vinnie; la madre de Violeta, dado que ella no dejaba de llorar en silencio y no quería hablar de la razón de su llanto.

El profesor interrogó a algunos alumnos y le dijo lo ocurrido a la madre de Violeta.

―No se preocupen, mi hija estará bien –habló una mujer alta y bien derecha vestida de un traje gris estilizado. Su cabello era corto y liso de color negro y tenía una cara larga con expresión de tener absolutamente todo bajo control por siempre. –Vamos, Violeta. –su voz era severa. Palmeó el hombro de su pequeña y ella, al toque, enseguida se levantó con su mochila en mano.

―Siento muchísimo que haya pasado esto, no sabemos qué es lo que tanto afecto a Violeta. –se preocupaba la señora directora.

―Ya he dicho que no se preocupen. –repitió Victoria fastidiada de tener que decir de nuevo las cosas, viéndola sin el más mínimo atisbo de humor.

―Si desea, Violeta puede faltar algunos días para que se sienta mejor… -insistía la directora.

―Estaremos bien, Señora directora –la interrumpió abruptamente con voz autoritaria y una sonrisa falsa –Hasta luego –se despidió jalando el brazo de su hija para que caminara rápido.

Cuando llegaron a la camioneta, Victoria perdió todo rastro de amabilidad falsa, dejando ver su expresión de fastidio y cansancio. Sus fríos ojos verdes parecían los de una astuta serpiente que no tenía piedad de nada. Lucía verdaderamente enfurecida.

―Ay, ya Violeta, deja de llorar que me duele la cabeza –se quejó –Ya tengo suficientes problemas en el trabajo y con tu padre como para ahora cargar con los tuyos –exclamó mientras manejaba a gran velocidad.

―Pues tal vez papá si tenga tiempo de escucharme –sollozó Violeta con tristeza y entre lágrimas, buscando su celular en la mochila.

―¿Tu padre? –Preguntó con burla y una sonrisa sarcástica, quitándole el celular de las manos para aventarlo al piso –Él no es más que un imbécil, ni te atrevas a hablarle, ¿me oyes?

―Mama, ¿Por qué dices esas cosas?

―Hoy en la mañana encontré algo desagradable, tu padre es malo, debemos irnos de la casa cuanto antes.

—¿Qué? ¿Por qué? ¿Dónde está papá?

Victoria no le contestó, solo se limitó a seguir conduciendo en silencio ignorando lo consternada que lucía su hija.

Cuando llegaron a la residencia Villasana, el padre de Violeta ya estaba allí y en cuanto Victoria entró empezaron a pelear con furia diciéndose muy malas palabras. Violeta no quiso escucharlos, inmediatamente se tapó los oídos y corrió a su cuarto para esconderse. Tan solo llego a su pieza buscó con desesperación su Ipod y subió a tope el volumen de la música. Se tiró a la cama, harta, cansada de toda la mañana y se puso a llorar de solo recordar lo que había pasado en su escuela, sobre Yair, sobre sus padres. Era horrible. Ese día con suma facilidad podía asumirlo como el peor día de su vida. Lo que ella no sabía es que toda aquella situación podía ponerse peor.

A la mañana siguiente, abrió los ojos y se dio cuenta de que ya había amanecido. Se había quedado profundamente dormida la tarde anterior. Se dio una ducha rápida y se colocó el uniforme. Mientras cepillaba su largo cabello negro pensaba en no asistir a la secundaria. Pero si no iba, quedaría como una cobarde frente a sus amigas y además, primero muerta que a tener una falta en su boleta y manchar su diploma con record de cero faltas desde el primer curso del kínder garden.

Llamó al chofer para que la llevara a la secundaria, pues sus padres aún estaban dormidos y no quería despertarlos. La sirvienta notó a Violeta un poco decaída y la alentó para que se esforzara en sus estudios.

Cuando Violeta llegó a la secundaria, con temerosidad se dirigió a la puerta de entrada, fingiendo una cara de indiferencia pero la verdad era que por dentro estaba aterrada. Discretamente miró a su alrededor, no quería encontrarse con Yair ni por error.

Los estudiantes aún no entraban a clases por lo que todos andaban afuera de sus salones. De pronto, dos chicos la señalaron a lo lejos y se rieron de ella. A Violeta aquello le pareció extraño y casi los juzgó por locos. Enseguida, dos chicos llegaron a ella con actitud divertida.

―¡Oh, la botada! –le gritó uno de ellos, señalándola con el dedo.

―Yair, yo te amo –dijo el otro imitando una voz empalagosa de mujer.

Violeta abrió sus ojos a su máxima expresión. ¿Cómo se habían enterado ellos de eso?

Rossette se acercó a Violeta de repente.

―Rossette, ¿Qué pasa? –preguntó con ingenuidad mirando que de repente, todos a su alrededor la estaban mirando sin poder evitar que una risita les saliera.

―¿No es genial, Violeta? Si ya eras famosa por ser tú, ahora lo eres más. –sonrió burlonamente con una notebook en mano. –Mira, ¿quieres dejar un comentario en tu video? –pulsó una tecla para reproducir el video y Violeta lo vio. La habían grabado el día anterior, cuando se le declaraba al ser más indiferente y popular de la secundaria Héroes.

La pobre chica vio completo el video, al final salía tirada en el suelo del salón, llorando, reviviendo aquel doloroso y vergonzoso momento, vio con terror el gran número de visitantes del video. Si se trataba de difundir un chisme, ¿Quién mejor que Rossette Zuchi? La envidia sí que llegaba a grandes niveles con ella.

—¿Q…? ¿Quién hizo eso? –preguntó aterrada y llena de vergüenza.

—Humm… ¡Oh, sí! Fui yo –respondió Rossette con alegría.

—Pero… somos amigas –los ojos empezaban a escocerle, iba a llorar frente a toda aquella multitud, no había duda, pero al menos quería escuchar una explicación de Rossette deseando que todo fuera un malentendido.

—¿Amigas? –replicó Rossette con asco – Yo no podría ser amiga de una persona que causa tanta vergüenza.

¿Qué había escuchado? No, estaba mal. Sus oídos estaban fallando. Todo aquello era una pesadilla… tenía que serlo.

La pelinegra observó a su alrededor. Todos, absolutamente todos se burlaban de ella, la señalaban, algunos pasaban frente suyo y arremedaban la escena de su primer confesión hacia un chico.

Tenía muchas ganas de llorar, pero no, ella aun podía soportarlo un poco más así que se obligó a mantenerse firme, siempre sobre exigiéndose a sí misma como le había enseñado su madre.

Cuando entro al edificio, logrando salir ilesa de la gran multitud que se reía de ella, se dio cuenta de que alguien había impreso cientos de hojas con su rostro con un letrero de "Rechazada".

―Es el fin de Villasana –susurraron unas chicas entre sí.

La verdad era que muchísimas estudiantes féminas aparentaban ser amables con ella cuando en realidad le tenían absoluta envidia y coraje por ser la mejor en todo desde que nació, por ser la causante de que ningún chico se declarara más que a ella, que todos los chicos la vieran siempre a ella como la mejor de todas. Siempre ella llamando la atención de todos… era una persona insoportable.

A pesar de las burlas, entro a su salón pero todos ahí empezaron a corear "bateada" con euforia.

Los oídos de Violeta retumbaban, silbaban estrepitosamente, las lágrimas luchaban por salir de sus ojos.

Bateada, bateada, bateada, bateada…

Más fuerte, más personas. El maestro no estaba. Más burlas ¡más! Comenzaban los insultos, luego los fuertes. Descontrol. Todo es descontrol.

― ¡Al fin obtuviste lo que te merecías, perra! –gritaba una chica precedida por más chicas.

La primera lágrima salió, la acompaño una segunda, una tercera, una cuarta… muchas.

Corrió fuera del salón para huir. Se metió al baño de las niñas y se encerró en un cubículo, llamando enseguida a su mama.

Las voces y risas de unas chicas se oyeron en el baño y Violeta de repente sintió miedo.

―Toma esto, ¡Viole-Perra! –rieron y enseguida, desde arriba, Violeta recibió un gran cubetazo de agua gris – ¡Agua de trapeador, maldita! –cuando dijo aquello, sus compañeras se carcajearon aún más.

Violeta tiritó de frío un poco y vio que su celular aun funcionaba.

― ¿Violeta, que pasa? Estoy ocupada. –se escuchó la voz de la madre tras la bocina.

― Mami, ven por mí. –suplico con un hilito de voz.

― Cielo, ¿Qué sucedió? –se escuchó Victoria preocupada.

Debía ser una pesadilla todo aquello. ¿Cómo era posible que su vida hubiera decaído tanto de la noche a la mañana?

Victoria Vinnie no tardó en llegar a la secundaria Héroes y sacar a su hija, gritándoles e insultando a todo el que se encontraba enfrente de ella, incluso a la directora.

―Maldita escuela de mierda, ¡mierda! ¿Cómo se atreven a hacerte esto? –Victoria le limpió el rostro a su hija con suma delicadeza y después le abrió la puerta de la camioneta para que subiera. –Maldita institución… este día ha sido un infierno –musitó Victoria subiéndose a la camioneta –Primero lo de tu padre y ahora esto.

―Mamá –la interrumpió con la voz entrecortada, al borde de las lágrimas nuevamente –Quiero irme de aquí… quiero irme de esta ciudad –sollozaba amargamente mientras se quedaba como una muñeca rota e incapaz de moverse por sí misma en el asiento del copiloto.

Victoria guardo silencio y asintió ligeramente. Su hija realmente estaba mal, ella podía notarlo.

― Nos iremos de esta ciudad, Violeta –le sonrió de medio lado y le acaricio la mejilla cuando se detuvo en un semáforo en rojo.

"Odio esta ciudad" pensaba Violeta mientras viajaba por la carretera, ya limpia y con todas sus pertenencias en el asiento trasero de la camioneta de su madre, listas para irse de aquella ciudad, abandonando todo, incluso al padre de Violeta. "… está llena de todas las memorias que quiero olvidar, quiero acabar con todo esto, quiero morir…"


Próximo capítulo:

II. EL CLUB