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EL CLUB DE LO PARANORMAL

III. Rebelión femenina


Los chicos del club de lo paranormal iban descubriendo más cosas raras en el edificio Z. Objetos viejos como cuadernos, una pila de butacas, piedras, gatos muertos, guardapelos antiguos, zapatos gastados, calculadoras muy viejas, uniformes rotos y tirados por el suelo.

—Esto es una burla. –grito Yair enojado. – ¡¿Cómo se atreven a darnos este edificio?!

—Tal vez porque somos el club de lo paranormal. –le explicó Alex en tono obvio mientras Yair lo veía con furia.

—Hay una grandísima diferencia entre lo paranormal y la suciedad. –reclamó Yair mientras se quitaba el saco gris y se arremangaba las mangas de la camisa blanca, pues estaba muy caliente ese edificio.

—¡Siempre tienes que ser tan gruñón! –los gemelos hicieron un puchero, infantilmente molestos.

Yair solo soltó un suspiro de cansancio.

—Está bien, está bien. –dijo resignado.

—Sería una buena idea buscar equipo de limpieza. –sugirió Raúl.

De pronto escucharon unos pasos fuertes a lo lejos.

—¿Quién será? –Axel hizo una cara de asustado, imaginándose lo peor.

—¿Huelen eso? –Alex olfateó el aire. –Huele a… nuestro primer caso. –musitó con voz sumamente misteriosa hasta que Yair le soltó un golpe en la cabeza a modo de coscorrón. – ¡Ouch! ¿Siempre tienes que golpearme? –se quejó el rubio sobándose la cabeza.

—¿Siempre tienes que decir estupideces? –le respondió con otra pregunta.

El eco de los pasos se escuchó más cerca. De pronto escucharon cosas cayéndose al suelo.

—¡Fantasma! –chillaron los gemelos simultáneamente escondiéndose detrás de Yair y Raúl.

–—Los fantasmas no existen. –declaró Yair fastidiado.

Raúl, determinado a solucionar el gran misterio, caminó unos pasos rumbo a las escaleras de abajo, y encontró al causante del problema.

—Raúl, no vayas, ¡te comerá! –le advertía Alex atemorizado.

—No hay por qué temer, amigos. –les dirigió una amable sonrisa y camino hacia las escaleras. Había allí una chica pelirroja de apariencia torpe que se había caído y al tratar de sostenerse en una mesa terminó tirando más objetos. Raúl sonrió ante lo inocente que se veía.

Cuando la chica vio que se burlaba de ella, bajó su mirada con vergüenza, un poco sonrojada.

—Lo siento, no quise tirar tantas cosas. –habló con voz suave y apenas audible.

—No te preocupes, ¿te encuentras bien? –le tendió la mano para ayudarle a levantarse.

La chica lo miró sorprendida. ¿Le había preguntado si estaba bien? Nadie la tomaba en cuenta nunca, tantas veces había tenido accidentes en el instituto y nadie la notó, excepto él.

Raúl le ayudó entonces a levantarse.

—¿Pero qué haces aquí, Lilian? –preguntó.

—¿Eh? ¿Sabes mi nombre? –estaba sorprendida.

—Pues claro, estás conmigo desde que empezamos el instituto, ¿no es así? –le sonrió Raúl gentilmente.

Por otro lado, Lilian tenía la boca entreabierta y los ojos sorprendidos. ¡Él la había notado!

—¿Y bien, Lilian? ¿Qué haces aquí? –repitió Raúl al ver que la chica no decía nada.

—Ah… esto, me dijeron que el club de lo paranormal estaba en el edificio Z. –respondió ella a duras penas debido a su excesiva timidez.

—¿Eres parte del club? –dijo extrañado.

—S-sí. –tartamudeó. –Es que no elegí club a tiempo y la directora me asignó al club.

—Ah, pues bienvenida. –sonrió. –Vamos a que conozcas a los demás chicos.

Lilian caminó tras él y vio a sus demás compañeros del salón ahí. A Yair; el chico súper inteligente que con solo una mirada podía intimidarla, y a los divertidos y desastrosos gemelos Heartburn.

—¿Qué hace esta chica aquí? –gruñó Yair viendo a Lilian con fastidio mientras se cruzaba de brazos.

—Es Lilian, nuestra compañera del salón. Y al parecer la directora la inscribió en nuestro club. –informó Raúl.

—Genial. –dijo el príncipe hielito con sarcasmo. –Escúchame con atención, niñita, no creas que por estar en mi club puedes tener una oportunidad conmigo, ni siquiera te atrevas a molestarme…

—No, yo no entre por voluntad propia aquí, la directora me eligió este club. –reiteró Lilian sin atreverse a mirarlo siquiera.

—No te preocupes, Yair así es de gruñón con todos –rió Axel.

—Bueno, ahora somos los cuatro fantásticos. –anunció Raúl alegremente. – Chicos, ¿qué tal si limpiamos un poco este cochinero?

Raúl y Lilian trajeron equipo de limpieza y cuanto antes se pusieron a limpiar su salón en específico el aula Z-17. Había mucho polvo y mugre pero al final lo hicieron, dejaron el salón impecable, las ventanas ya eran otra vez transparentes y trajeron cuatro pupitres del salón de al lado.

—Pues quedo bastante bien a como estaba antes. –exclamo Raúl. Todos estaban contentos por su esfuerzo.

—Definitivamente seremos un gran club… -dijo Alex sonriente. –Bueno, ahora solo nos falta limpiar nueve salones más. –se quejó.

—Ni te quejes –abordó Yair mirándolo con los ojos entrecerrados.

—Ya iremos limpiando los demás salones poco a poco. –dijo Raúl. –Por lo menos nuestra aula asignada ya está más arreglada.

Por otra parte, la misteriosa chica de cabello corto y mirada calculadora caminaba rumbo a la dirección acompañada por una prefecta. Cuando llego a la oficina la directora C. Brain la estaba esperando sentada tras su escritorio con un montón de papeles.

—Buenas tardes, señora directora. –la cara de la joven cambió radicalmente de expresión por una amable, entusiasta, sonriente y sumamente alegre.

—¿Usted es la señorita Villasana? –se sorprendió.

—Sí, lo siento por llegar tarde, mi vuelo se retrasó.

—Oh, querida, no hay problema, siéntate y sé bienvenida al instituto Morgan L. Riddle. –sonrió la directora con rasgos orientales. –Debes de estar cansada por el viaje largo, será mejor que por hoy vayas a casa.

—Oh, no por favor. Todavía es hora para los clubs, ¿cierto?

—Vaya… -la miró con los ojos entrecerrados. –Veo que estas deseosa de conocer tu club, pero como llegaste tarde para inscribirte a un club, yo te seleccionaré uno.

—¿Pero qué…? –su rostro lleno de control se descompuso de inmediato. –Pensé que yo misma podía elegir mi club. Pensaba unirme al club de Física…

—Así son las reglas aquí. –la interrumpió la directora sonriendo levemente. –Si tú en determinado tiempo no elijes un club, la directora lo hará por ti.

"Rayos, de seguro ese idiota se metió al club de Física y matemáticas, ahora no podré estar con él" pensaba molesta.

—Tu club será… -buscó en la base de datos de la computadora. Cuando la directora le dijo a qué club iría, la joven Villasana solo pudo decir una cosa.

—¿Es una broma?

—No, pequeña. –rió un poco. –Ana-llamo la directora a la prefecta. –Guía a esta joven al salón Z-17.

– Sí, directora.

Violeta caminaba enfurruñada con los brazos cruzados, visiblemente inconforme.

—Y dígame, ¿es muy famoso ese club de lo paranormal? –cuestionó a la prefecta Ana.

—No realmente, lo acaban de abrir este semestre.

—¿Y quién es él o la líder?

—Oh, un chico engreído; Yair Luna, te aseguro que lo amaras, todas las chicas lo hacen.

—¿Yair Luna? –preguntó Violeta aún sin poder creerlo.

—Sí, ¿lo conoces ya?

—No –aseguró inmediatamente.

La prefecta la acompaño solo hasta el edificio.

—Subes las escaleras y a mano izquierda, en el último salón, es tu club. Es el aula Z-17.

—Es algo tenebroso. –opinó Violeta viendo el viejo edificio.

—Lo es. Suerte.

—Gracias –le sonrió Violeta amablemente.

"Vaya, que niña tan agradable" había pensado la prefecta.

Enseguida Violeta se despojó de todo rastro de amabilidad y su expresión fría volvió a gobernar su rostro blanco. Después, subió las escaleras llenas de polvo y telarañas blancas.

—Definitivamente seremos un gran club… -decía una voz a lo lejos, que pertenecía a Alex Heartburn muy sonriente, cuando Violeta apareció en la puerta.

—¿Qué te hace creerlo? –le preguntó Violeta con voz fría y mirada de hielo. –Por el puro nombre puedo asegurarte que este club está destinado al fracaso.

—Vaya, alguien con sentido común. –dijo Yair un poco aliviado.

—Y qué decir del líder que desde un principio se da por vencido tan fácilmente. –agregó Violeta en tono mordaz, ganándose una mirada entornada de Yair. –Gracias al cielo llegue yo, así que no se alarmen, este club está "salvado" por así decirlo.

Yair le dedicó una mirada de molestia por lo que había dicho sobre él. Violeta observó que era más alto que ella, fuerte, y seguía con la misma cara pálida y la misma expresión de antaño. También vio a dos gemelos rubios y a un moreno junto a una pelirroja de gruesos anteojos.

"Lilian" la reconoció de inmediato.

—¿Se puede saber quién rayos eres para venir a decir sandeces a mi club? –le pregunto Yair hecho una furia.

—Soy la nueva integrante del club de lo paranormal. –le informó Violeta viéndolo severamente, sin miedo alguno a su mirada fría.

—No me digas. –dijo Yair con sumo sarcasmo. –Parece que la directora nos trajo a un monstruo como nuestro primer caso. –musitó haciéndose el sorprendido.

Violeta se quedó callada. "Sigue siendo el mismo malnacido de antes" pensó ella.

—¿Tu poco cerebro no te permite hacer mejores bromas? –le contestó Violeta.

—Sí, solo que no quiero hacerte llorar, nena.

"¡¿Me llamó nena?! ¡Lo mato!"

—Claro, excusas siempre hay, ¿verdad? –se encogió de hombros, aquél insulto de él ni siquiera la había inmutado físicamente.

Yair la miró aún más molesto, sentía que quería aplastarle la bocota a esa chica. ¿Qué maldita clase de mujer era ella? Normalmente las jóvenes caían rendidas ante él. Yair tenía una idea pasándole por la mente…

—Eres hombre, ¿verdad? –le preguntó Yair casi seguro de ello.

—¡¿Qué clase de pregunta es esa?! –Eso sí que la descolocó. Violeta se puso histérica. – Obviamente soy una chica, ¡¿quieres que me quite la maldita blusa?!

—¡Dejen de pelear! –ordenó Lilian con timidez y el silencio reinó.

Los gemelos y Raúl observaron la escena, sorprendidos, nunca habían visto a una persona que le diera una buena pelea verbal a Yair.

¿Y qué decía el refri? Nada. Estaba que no se la creía del todo. Este día las chicas empezaban a revelarse contra él, pues había conocido a dos tipos de chicas nuevas para él, además de las que ya conocía: las perdidamente enamoradas de él. Tipo 2: Chica identificada con indiferencia casual hacia Yair; tómese por ejemplo a Lilian Fuego. Tipo 3: (Y probablemente la más peligrosa) Chica identificada con indiferencia hacia Yair, con odio letal integrado y facilidad de palabras petulantes y que además podía sostener una pelea con Yair hasta dejarlo como un verdadero gnomo; aplastado y enanito.

Era increíble que apenas se hubieran visto y ya estaban declarados enemigos por el resto de su vida.

—Ehm, esto… ¿Cómo te llamas? –le preguntó Axel para tratar de aliviar un poco la tensión que se había generado.

—Violeta Villasana –habló con voz fuerte y decidida, sin una pisca de timidez o de flaqueza.

—Pues parece que esto será divertido. –observó Axel con una enorme sonrisa.

—Bien dicho, hermanito. –lo acompañó Alex. – ¡Con Lunita y Villasanita nos divertiremos mucho!

—¡No me llames Lunita/Villasanita! –gritaron Yair y Violeta al unísono y luego voltearon a verse con odio mortal por haber hablado al mismo tiempo.

Así es, definitivamente esos dos no se iban a llevar para nada bien. ¿Pero… quién iba a decir que justo esas peleas los iban a llevar por el camino menos deseado?