Esto es básicamente una historia individual por capítulo, que bien puede estar corto o largo. Enjoy it! ;)

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LOS CUENTOS PARA NO DORMIR

I. El misterio del agua


Mauro era un joven de preparatoria al que siempre se le conoció como una persona agradable, responsable y bueno en los estudios. Era el mejor de su clase, tal vez de toda la preparatoria y jamás utilizó su inteligencia para hacer a sus compañeros menos, sino que los ayudaba desinteresadamente.

Un día de verano Mauro conoció el amor en una joven pelirroja que llegó como nueva estudiante a su clase, se llamaba Casandra. Casi; como todos le llamaban, siempre estaba sola, no conversaba con nadie y Mauro con lo amigable que era se acercó a ella, decidido a hablarle para intentar integrarla en el grupo.

—Es difícil ser la nueva, ¿no? ―Ella lo miró de reojo y lo ignoró ―. Si quieres tener amigos debes hablar.

—Hablar es malo. ―contestó de forma cortante, sin mirarlo realmente.

—No es malo ― sonrió afable ―. De hecho es bastante divertido.

—¿Tu qué sabes? No me conoces, así que mejor vete ―Cassi miró a los estudiantes de manera ausente, expulsando ventiscas de soledad, tristeza y cansancio.

—Es que yo... te veo tan triste. ¿Por qué estas así? ¿Por qué no quieres hablar con nadie? ―preguntó preocupado por ella.

—¿Quieres... saberlo? ―Lo miró despectivamente.

—Sí.

—El agua puede dejarte marcas y mostrarte cosas horrendas que... no te vuelven a dar ganas de hablar. Como ir al río Naval, o al lago Victoria. ―Se levantó para alejarse de él.

Mauro se quedó pensando en la seriedad con la que Cassi le había dicho eso, cualquiera habría pensado que ella era una loca pero el joven siempre veía las cosas desde un punto comprensivo y humano. Por las siguientes dos semanas Cassi continuó sin amigos y huía de él, siempre sola y triste.

Un fin de semana los padres de Mauro tuvieron que salir a un viaje de negocios, por lo que se quedó solo en casa. Se encontraba haciendo la cena cuando se dio cuenta de que le faltaban algunos ingredientes, así que tomó el auto y se dirigió a una tienda del pueblo. Ya estaba oscuro, así que se apresuró para comprar lo necesario y regresar al auto. Ya iba camino a su casa cuando pasando por el viejo puente de piedra observó a Cassi caminando. No dudó siquiera un segundo y detuvo su auto cerca de su compañera de clases.

—Cassi, ¿qué haces tú sola a estas horas de la noche? ―La regañó por la ventanilla.

—No, ¿tú que estás haciendo aquí? ―musitó asustada de repente ―. ¡Vete! ¡Ahora! ¡Hay agua cerca! ―Empezó a gritar frenética, con los ojos abiertos a su máxima expresión y temblando visiblemente.

—Cassi, ¿qué te pasa? ―La vio muy desesperada, como si ella sintiera que algo iba a pasar.
De pronto una larga cola de pez con escamas verdes se enredó en uno de los barrotes del puente solitario. Mauro salió del auto para proteger a Cassi, se posicionó frente a ella.

—¡Debes irte! ¡Ahora! ―insistió Cassandra.

—¿Que rayos es eso?! ―Enfocó su vista en la oscuridad.

Una especie de criatura humanoide subió al puente y se arrastraba por el suelo hasta ellos. No se veía con claridad hasta que se acercó a una vieja farola de luz titilante. Efectivamente la mitad era una cola de pez pero la otra mitad era la de una mujer con dientes verdosos y afilados. Una especie de sirena salvaje y de cabello rojizo.

Cassi corrió al otro lado del puente, alejándose de un paralizado Mauro. El chico trató de escapar corriendo junto a Cassi pero la extraña criatura lo enredó con su larga cola de pez, atrayéndolo hacia ella. Minutos después se oyeron los gritos desgarradores de Mauro cayendo al río y el agua se tiñó rápidamente de rojo carmesí. Cassi bajó del puente, rumbo al río. Esperó paciente y triste, mordiéndose compulsivamente las uñas. La sirena salvaje asomó la cabeza del agua y se acercó a la orilla del agua entre verdosa y rojiza.

—Gracias, eres una niña buena, Cassi. ―Le dijo la criatura con su voz rasposa.

—Yo no lo traje, él vino solo.

—Entonces fue el destino. ―sonrió mostrando sus dientes afilados, con algunos pedacitos de carne incrustados.

—Odio lo que eres, hermana. ―La pelirroja dio media vuelta y se fue del lugar.

—¡Mas te vale que nos consigas más víctimas, Cassie! ¡Estamos en todas partes! Siempre en el agua... siempre. ―gritó antes de que se alejara su hermana y volvió a sumergirse dentro del lago.

"Y no olvides que pronto serás como ella", se lamentó la joven preocupada por la reciente muerte de Mauro. Sería empezar otra vez, otro pueblo nuevo aterrorizado por desapariciones de citadinos.

Sí, el agua puede dejarte marcas y mostrarte cosas horrendas que... no te vuelven a dar ganas de hablar.