Un Amigo Especial

Esa semana fue extraña, sus padres se fueron de segunda luna de miel y creyó que estaría completamente solo, pero no fue así.

La primera vez que noto que algo extraño sucedía fue cuando pasó frente a una casa vieja abandonada en el centro del pueblo, allí había vivido una familia años atrás, él era niño cuando llego a ese pueblo y logro conocer a esa familia, pero de un día a otro desaparecieron, el matrimonio y sus dos hijos. Los rumores no tardaron en aparecer, miles de ellos, pero la verdad salió de la boca del oficial de policía, él hijo mayor de la familia había desaparecido una mañana que salieron de vacaciones, estaban en una ciudad costera cuando Matt desapareció del hotel, ni su pequeña hermana, ni sus padres supieron más de él, ellos dejaron todo en su búsqueda, pero jamás lo hallaron. Desde ese día, esa casa abandonada, fue el objeto de cientos de historias, especialmente para esa época, en Halloween.

A él le ponía los pelos de punta cada vez que pasaba por allí, pero ese día, después de salir de su trabajo, camino a paso lento, creyó ver a un joven de pie mirándolo desde el umbral de la puerta de entrada, a unos diez metros hacia adentro, se quedo mirando entre las ramas de unos arbustos muy altos.

Cerro sus ojos dejando pasar la sensación que le provocó eso, respiro profundo y volvió a mirar, no había nada, se dijo a si mismo que estaba alucinando. Siguió caminado, sintiendo que alguien lo observaba y decidió volver a mirar hacia a esa casa, y una corriente lo recorrió de pie a cabeza.

-Dondy!.- dijo una voz frente a él.

Grito y cayo sentado del susto, su tío lo miro con una ceja alzada.

-Está bien que sea feo pero no exageres.- dijo el hombre de unos cuarenta años, de tez blanca, cabellos negros y ojos del mismo color.

Donatello se puso de pie mirándolo con una mueca, él también tenía la misma fisonomía que su tío, si no fuera porque era el hermano de su madre, cualquiera lo confundiría con su padre.

-Estoy bien, no te preocupes por mi.- dijo mientras sacudía su ropa.

-Escúchame, tus padres llamaron por quinta vez...- dijo rodando sus ojos. -se supone que con veinte años tienes cierta independencia pero al parecer tu madre le hizo una extensión al cordón umbilical hasta aquí...-

-Se supone que tienes independencia cuando te mudas a los veinte años, no cuando te quedas a vivir con tus padres.- aclaro Donatello caminando hacia su casa.

-Como sea, quería saber si almorzaste, le dije que probablemente sí, que llevaste tu sándwich al trabajo, aunque también era probable que te lo comiera la rata enorme que hay en el taller mecánico, y no lo digo por el animal sino por gordo y horrible de tu jefe.-

-Porque le dijiste eso?, mi madre me llamara treinta veces más de las que ya llama para preguntarme como estoy!, no puedes simplemente decirle que estoy bien Andrew?.- pregunto a su tío.

-No.- respondió caminado junto a él. -Iremos al bar esta noche verdad?, yo iré.-

-Mañana trabajo.- respondió Don.

-Estas viejo... por lo pronto... habrán cortes de luz hasta la medianoche... eso dicen en la tv.-

-Que bien, pasare una noche solo y a la luz de las velas.- comento Donatello.

Miro a su tío que le sonrió a una jóven, se preguntaba que le veían las mujeres, tenia cuarenta años y siempre decía que tenía diez menos, él lo llamaba por su nombre desde que era niño, Andrew era de esos tíos que no habían crecido emocionalmente, y jamás salió del condado, vivía en un departamento atrás de su casa, desde siempre.

Al llegar la noche su tío salió al bar, él se sentó en un sillón a mirar un libro de autos de colección, le gustaban los autos desde que era adolescente, por eso comenzó a trabajar en el taller. Su familia no tenía mucho dinero, pero sus padres durante muchos años ahorraron para irse de viaje unos días, siempre trabajaron en la fábrica de zapatos que había en el pueblo, y se merecían ese viaje.

La luz se apago y él recordó lo que su tío le dijo horas antes, escucho un sonido en la cocina y camino en penumbras hacia esa habitación despacio e intentando no hacer ruido, volvió a escuchar el sonido y tomo un portarretratos que tenía a mano, se lo aventaría a quien esté allí, pero cuando entró no vio nada ni a nadie. Busco las velas en un cajón y escucho nuevamente el sonido, provenía de la ventana, se acerco a ésta y miro hacia afuera a través del vidrio, no vio nada pero una sombra paso por la otra ventana haciéndolo dar un paso hacia atrás, camino hacia la otra ventana y miro sin hallar nada, otro sonido se oyó, eran las maderas del pórtico, resonaban como si alguien caminara por allí, siguió el sonido hasta la puerta de entrada esperando a que llamaran pero no sucedió, en cambio se oyó un estruendo en la parte superior de la casa, se quedo de pie en medio de la sala y oyó las pisadas en el segundo piso, tenía miedo, pero aun así tomo el bate de su tío que siempre estaba detrás de un sofá y camino hacia la planta alta, subió la escalera pensando que le daría con el bate por la cabeza al ladrón, fue a la primer habitación iluminada únicamente por la luna, miro hasta debajo de la cama pero no encontró nada, camino por el pasillo hasta su habitación, abrió la puerta y miro con el bate preparado, pero no halló nada tampoco, las ventanas estaban cerradas, evidentemente nadie pudo entrar allí, pero él escuchó los pasos, no estaba loco.

Salió nuevamente por el pasillo pero algo lo hizo detenerse, la ventana del final de éste estaba abierta cuando hasta hacia unos minutos estaba cerrada, se acerco a ella presuroso, miro hacia afuera y noto que era imposible que alguien bajara o subiera por allí, no había de donde sujetarse, ni arboles. Cerro la ventana y observo la figura de una persona en la entrada de su casa, era un joven estaba seguro de eso, lo miraba de una manera extraña, fijamente y directo a sus ojos. Dio unos pasos hacia atrás y camino hacia la escalera, bajo rápido y abrió la puerta pero el joven ya no estaba, una sensación lo recorrió nuevamente, era la segunda vez en ese día que le sucedía eso.

Cerró la puerta y se dispuso a ir a la cocina, pero antes se giro y la cerro con seguro, no soltó el bate por las dudas, no sabía bien que había sucedido pero él había escuchado bien, y había visto a un joven en la entrada. Busco las velas y una linterna, la puerta que daba al patio estaba cerrada, se aseguro que todas las ventanas tuvieran seguro y se acostó en el sofá, con el bate entre sus brazos.

La noche siguiente algo lo despertó a media noche, su tío dormía en el sofá, le contó lo sucedido la noche anterior y éste decidió acompañarlo, no sabía que era, pero se levanto y fue hasta la ventana que daba hacia la calle, y allí estaba, el joven de pie, mirándolo fijamente, su cuerpo se estremeció pero no bajo las escaleras, quería ver si ese joven se iba solo o no, pero estaba de pie como atornillado mirándolo desde la entrada, entonces decidió bajar a toda prisa.

-Andrew!... Andrew!... Allí esta!... Andrew!.-

Llamó Donatello, pero al notar que su tío estaba dormido como un tronco decidió salir afuera, tomo el bate y abrió la puerta, el joven ya no estaba, salió hacia la entrada y se detuvo en la acera, y allí lo vio, de pie en la esquina.

-Hey! Tú! Que hacías en mi casa?!.- pregunto caminado hacia él con el bate en la mano.

El joven doblo la esquina y él corrió para alcanzarlo, le daría una paliza cuando lo alcanzara, pero al llegar el joven ya no estaba, camino dudoso mirando hacía las casas que estaban cerca de él, creyendo que el joven había entrado a alguna de ellas, hasta que lo vio nuevamente al final de la calle y en la acera de enfrente.

-Te voy a sacar a palos las ganas de jugar conmigo.- susurro enojado.

Camino hacia él apretando el bate pero el joven siguió por la acera, él corrió hasta llegar a la esquina y lo vio de pie a unos cincuenta metros, camino hacia él mas enojado que antes, pero el muchacho entró en una propiedad, él no se dio cuenta del lugar donde se encontraba hasta que estuvo frente a la casa, era esa casa, la que estaba abandonada. Bajo el bate mirando con cautela, si ese infeliz se había escondido allí para huir de él, entraría y lo sacaría a palos, aunque a media noche e iluminado por la luna era algo que se le dificultaría.

Respiro profundo, no podía entrar a una propiedad privada así como así, pero vio al joven nuevamente de pie en el umbral de la puerta de la casa, mirándolo y eso lo lleno de rabia, decidió entrar y asegurarse de dejarle en claro a ese tonto que nadie se burlaba de él, pero cuando llego a la puerta el joven no estaba, apretó la mandíbula pensando que realmente le veía la cara de idiota, la puerta estaba entreabierta así que decidió entrar, con el bate en sus manos y listo para golpear a alguien entró a la casa abandonada, a esa casa que desde niño le daba miedo pero en ese momento tomo fuerzas y camino hacia el interior, la luz de la luna entraba por las ventanas, los muebles estaban cubiertos por sabanas, el polvo se levantaba del suelo a medida que él caminaba, las puertas de las habitaciones estaban abiertas de par en par, él avanzo despacio con el bate en sus manos, un sonido lo sobresalto, miro hacia un mueble, un portarretratos estaba volcado, se acerco por curiosidad y lo puso en su lugar, noto que no tenia polvo, algo muy extraño para un lugar abandonado, en el había una foto de una familia, seguramente la que vivió allí, miro hacia todos lados para asegurarse que ese joven que entró a la casa no estuviera por atacarlo o algo similar y camino con la foto hasta la ventana para verlo de cerca, en ella había una mujer, un hombre, una niña de unos siete años y un jóven y allí sus sentidos se paralizaron, era él, ese joven era el que persiguió hasta allí.

-Siempre se cae cuando la puerta se abre.- dijo una voz.

Él levanto sus ojos de la foto y vio una silueta en el umbral de una habitación.

-Quien... quien eres?.- pregunto Donatello aterrado.

-Matt... y tú?.- respondió el joven dando unos pasos hacia él pero aun a las sombras.

-Donatello... tú... tú...- sentía la boca pastosa, y sus piernas estaban a punto de fallarle. -tú vives aquí?.-

-Si.- respondió Matt acercándose a él. -vivo solo aquí... mi familia se fue... un día regrese... y ellos ya no estaban.-

Don pudo ver su rostro cuando estaba a unos pasos, definitivamente era el joven que estaba de pie fuera de su casa y el mismo de la foto. Se quedó mudo mirando sus ojos color esmeralda, su piel era de un color blanco grisáceo, y su cabello claro opacado lo hacían verse como un adolescente, sentía también un aroma extraño, como a hierbas aromáticas, pero suaves.

-Tú estás muerto... todos dijeron eso.- susurro mas para sí que para él muchacho.

-Lo sé... - dijo Matt mirándolo a los ojos pero sin maldad. -pero no puedo hacer nada... Ya no puedo... hacer nada...- había pena en su voz, tenía una pena que helaba la sangre. -yo... recuerdo que fui a una fiesta en la playa, me escape del hotel, y luego no se qué sucedió, estaba aquí, buscando a mamá.-

Don sintió su dolor como si fuera de él, le entrego el portarretratos pero Matt no pudo tomarlo, intento pero su mano atravesó el mismo y Don dio un paso hacia atrás.

-Mierda... realmente eres un fantasma...- dijo mirándolo.

-Te doy miedo?.- pregunto con inocencia Matt.

Don respiro profundo y lo miro atentamente.

-Un poco.-

-Eres la primer persona con la que puedo hablar, que me ve y no huye, no sabía que podías oírme, nadie puede.- dijo Matt caminado hacia un lado y apoyándose en la ventana.

-Te vi aquí y... y en mi casa... estabas en mi casa.- dijo Don.

-Te seguí... tú me mirabas pero no podías verme, hasta que lo hiciste, no sé como... y luego sentí curiosidad y me acerque a tú casa, es linda.- respondió Matt. -es cálida, huele a hogar, algo que había olvidado.-

-Y... que haces aquí?, porque no vas al cielo o lo que sea que le siga a éste plano?.- pregunto Don sin saber que se le pregunta a un fantasma.

-No lo sé... Creo que me quede atorado aquí.-

Don se quedo mirándolo, toda la situación era extraña pero sentía que había algo de Matt que lo atraía, un sentimiento difícil de explicar.

-Tú tienes familia... los vi en tus fotos.- dijo Matt.

-Si... espera como que los viste en mis fotos?.- pregunto contrariado Don.

-En tu habitación.- respondió Matt como si fuera algo trivial.

-Qué?... entraste a mi habitación?.-

-Si, cuando duermes.- respondió Matt.

Don lo quedo mirando sin creerlo.

-Quieres ser mi amigo?, ya no tengo y es triste estar solo.- pregunto Matt mirándolo con atención.

Don no sabía que responder, pero esa mirada suplicante era más fuerte que cualquier poder humano.

-No le veo nada de malo... excepto por el hecho que estás muerto y yo vivo... ésto es... es... muy extraño, entiendes eso verdad?.-

-Ya no sé qué se siente estar vivo, al principio era una sensación extraña, pero luego... eso se fue, junto con todo lo demás.- respondió Matt.

Algo ató a Don a ese joven, algo que era un misterio para la mente humana. Esa noche se quedo hablando con él, e incluso cuando regreso a su casa ya con el amanecer al pie del cielo, se recostó en su cama y pudo sentir ese aroma a hierbas, una sensación lo inundo pero no tuvo miedo, miro en su habitación y no vio nada, no sabía si Matt estaba por allí, de todas formas ya no le temía.

Al día siguiente fue a trabajar, pasó por la casa de Matt y lo vio de pie en el umbral de la propiedad, se sonrieron mutuamente, siguió camino hacia el taller con esa sonrisa en su rostro, nada de ésto tenía sentido, no un sentido natural, pero le agradaba.

Noche tras noche se encontró con Matt, algunas veces en su habitación, hasta que se dormía, y luego lo veía en el umbral de la puerta de su propiedad hasta la noche de Halloween, esa noche unos jóvenes entraron a la casa de Matt y decidieron hacer una fiesta, él se entero tarde, cuando fue media noche se acerco a la casa pero algo había salido mal y la casa estaba incendiándose, él solo pensó en Matt.

Se quedo allí hasta el amanecer, los bomberos no lo dejaron entrar, no había quedado nada de la casa, absolutamente nada. Al ver que Matt no estaba, regreso a su casa con la esperanza de verlo allí, y así fue, Matt estaba en su habitación, triste.

-Matt.- dijo Don al verlo.

-No tengo tiempo... sé que no tengo tiempo, algo me llama... solo quería despedirme de ti... tal vez regrese con mi familia, no lo sé, pero quiero que sepas que éste tiempo fuiste mi familia, mi amigo, un gran sentimiento cálido...-

-Espera... como que te vas?, a donde?, eres un fantasma... a donde iras?.- preguntó confundido Don. No quería que Matt se fuera.

-Sé que tenia esta noche nada mas, desde que se incendio la casa cuando esos jóvenes entraron, no sé, algo... algo se está llevando una parte de mi... y sé que tengo hasta que salga el sol, te espere aquí para despedirme... pero no llegabas.-

-No quiero que te vayas... por favor... no te vayas...- pidió Don, sentía que arrancaban algo de él lentamente, era algo doloroso y desolador.

-No quiero irme...- dijo Matt con angustia en su voz. -te quiero... fuiste mi único amigo, mi amigo con vida... un amigo especial…- la voz de Matt se sentía lejana, al igual que él, parecía desaparecer a medida que la luz del sol iluminaba la habitación. -gracias... siempre estarás conmigo.-

-Matt...- dijo Don al no verlo ni oírlo. -Matt!... Matt!... Matt!.- grito mirando hacia todos lados.

La puerta se abrió de un golpe dejando entrar a Andrew medio dormido con el bate en la mano.

-Donde esta?!... donde?!.- preguntó a los gritos.

Don se sentó en el borde de la cama mirando a su tío con desolación.

-Se fue... se fue.- susurro.

-Se fue?... por donde?... por la ventana?... Como era?... lo viste?, se robo algo?.- preguntó Andrew mirando por la ventana seguro que el ladrón salió por allí.

-Se fue...- susurro con una pena que no le cabía en el cuerpo.

...

Un año después Don se encontraba mirando como terminaban la mudanza de los nuevos habitantes de lo que había sido la casa de Matt, él nunca más volvió a verlo, lo espero meses en la penumbra de su habitación, y en lo que había quedado de la casa después del incendio, pero jamás supo nada más.

Vio una mujer que se le hizo conocida, familiar, ésta estaba despidiendo a los de la mudanza, la casa había sido reconstruida y los nuevos dueños no tardaron en habitarla.

-Señora.- llamó acercándose a ella cuando estuvo sola.

-Si?.- preguntó ésta mirándolo.

Don se quedó observándola con atención, la mujer poseía unos ojos color esmeralda muy similares a los de Matt.

-Disculpe, usted se muda a aquí?.- pregunto Donatello un poco nervioso.

-Si, mi hijo y yo, tú vives por aquí?.- pregunto ella con una media sonrisa amble.

-Si, es que... No pensé que los dueños hayan vendido la casa.- respondió Don.

-Marie era mi hermana, ella, su esposo y mi sobrina murieron hace un año en un accidente de auto, la misma noche que se incendio la casa.- dijo ella.

-Ellos... la misma noche dijo?.- pregunto sorprendido Don.

-Si, una desgracia tras otra...-

-Encontraron a Matt?.- preguntó inconscientemente Donatello.

-No... tú conociste a mi sobrino?, él... debería tener casi treinta y ocho años, desapareció hace más de quince años y jamás lo encontraron.- pregunto mirándolo atenta.

-Si, bueno conocí la historia... Todos conocemos la historia.- respondió sin más que decir.

-Imagino que si. Mi hermana y su familia nunca encontraron a Matt, no supimos nunca que sucedió.- dijo la mujer.

Don sintió esa tristeza que lo había inundado desde hacía meses, miro a la señora frente a él quien lo observaba extrañada.

-Pues... realmente lo lamento, y espero que... que sea feliz allí... por él, por su familia.-

-Ellos ya están todos juntos, ese es mi consuelo... Qué edad tienes?.-

-Veintiuno.- respondió Don pensando en las palabras de la mujer.

-Tienes la edad de mi hijo, espero que sean amigos, está solo aquí y la verdad no quería mudarse, pero pues, ésta casa es todo lo que tenemos...- dijo ella mirando la propiedad. -le tiene miedo... hay muchas historias que la rodean.- le comento mirándolo.

-Si lo sé, yo también le tenía miedo pero... conocí a alguien que me ayudo a perderlo.- dijo con tristeza.

-Bien, preséntaselo a John, a él le aterra.-

Don sonrió de lado, miro la casa y casi se cae sentado de la impresión cuando vio a un joven acercarse, era Matt.

-Mamá...- susurro el joven acercándose a la mujer. -no me dejes solo allí.- pidió mirando de lado a Donatello.

-Hijo él es un vecino, conoció a la familia de mi hermana, él es John mi hijo.- dijo ella.

-Hola.- saludo serio el joven mirándolo con atención.

-Hola.- dijo casi en un susurro Don.

-Si lo sé, John se parece a Matt, él era igual a mi hermana, como lo es mi hijo conmigo.-

-Es igual.- Donatello estaba perdido en el rostro de ese joven.

-Y tú tienes nombre?.- pregunto John.

-Donatello, Don me dicen Don... un placer.- dijo estirando la mano para saludarlo.

El jóven estiro su mano y Don sintió una electricidad cruzar por su cuerpo, John lo miro incómodo al sentir lo mismo.

-Porque no vamos a comprar algo para comer?.- le preguntó la mujer a John.

-Yo los acompañó...- dijo antes que respondiera el joven. -les indico donde está el mejor negocio, es por aquí cerca...- se corrigió Don al ver como ambos lo miraban.

-Ok, cerrare la puerta, en seguida vuelvo.- dijo la mujer.

Don ni noto cuando la señora se fue, se quedo mirando al joven que lo observaba incomodo de lado.

-Vas a la universidad?.- pregunto John sin saber que decir.

-No y tú?.-

-No, el banco nos quito la casa así que nos tuvimos que mudar a aquí, no llegue ni a anotarme en la universidad...- respondió John y miro hacia la propiedad esperando que su madre saliera. -es tan tenebrosa.-

-No... no le tengas miedo, las casa no hacen nada, son las personas las que hacen a las casas, ésta estaba apagada... hasta ahora.- dijo con una sonrisa. -estoy seguro que serás muy feliz aquí... Y si quieres un día...-

-Sabes jugar en la PlayStation?, no tengo compañero de juego.- preguntó John en un arranque de valentía.

-Si claro, mi tío es un maestro, bueno eso cree él.- respondió entusiasmado Don.

John sonrió mirándolo y Don pudo sentir ese aroma nuevamente.

-Bien, encontré de casualidad la billetera.- dijo la madre de John.

-Ok, les daré un tour por aquí...- Don tenía una sonrisa tan grande que no sentía los músculos del rostro.

-A él le gusta jugar en la PlayStation...- comento John a su madre. -que juegos te gustan?.- le preguntó a Don.

-Autos, fútbol soquer... he jugado hasta golf.- respondió Donatello sonriendo.

John sonrió de igual manera mirándolo.

-Sabes?, siento que te conozco de otro lado.-

Don lo miro y le sonrió feliz.

-Te iba a decir lo mismo, tal vez fuimos amigos en otra vida.-

Ambos rieron y la madre de John también.

Caminaron por el centro del pueblo hablando de todo un poco, Don sintió por primera vez en meses, que volvía a tener a ese amigo especial.