A veces recuerdo a mi abuelo, tocar en su guitarra cierta zamba, perdido en su añoranza de años que no regresarán y un día escuché una canción de Horacio Guarany llamada "Memorias de una vieja cancion" que dice asi:

"Este día sin sol es todo mío,

golpea mi ventana tanto frío.

Una vieja canción en mi guitarra,

una vieja canción no tiene olvido.…"


Esa vieja canción

Sentado en esa silla, con una vieja guitarra en su mano, solo haciendo resonar unos acordes, miraba a través del ventanal la llovizna dejar un rastro de lágrimas por el vidrial, en esa tierra extraña a la que llego horas atrás, recordaba esa tarde de sol cuando trabajaba en el campo junto a los demás jornaleros, sintiendo el peso del calor como cualquier otro día, se sentó en un tronco limpiándose el sudor con un pañuelo que llevaba en su cuello, cuando la vio caminar junto al río, juntando hierbas en una canasta, su vestido hasta la rodilla color crema con flores amarillas le daban esa brisa de juventud, la cual emanaba de ella reflejándose en sus posibles veinte años, podía verla mover la cabeza y dar un giro levantando el vuelo de su vestido, agudizo su oído al escucharla cantar mientras bailaba, fue allí cuando noto que estaba descalza, cantando una canción que hacía años no escuchaba.

Resonó inconscientemente los acordes de la guitarra, cerrando sus ojos, recordando cuando ella lo observo sonriéndole, tomando su falda y girando mientras tarareaba...

-La la la, laira lara la la, la la la la, laira lara y lara...-

Dejo de cantarla cuando descubrió que unas lágrimas caían por su mejilla, sus acordes se cortaron junto con un suspiro lleno de añoranza.

Cerro sus ojos con la imagen de esos ojos color café profundos, nativos de esa tierra, rememorando esa noche que la volvió a ver en la fiesta del pueblo, se acomodo la camisa dentro del pantalón y paso su mano por sus cabellos, ella estaba junto a unas amigas hablando, con un vestido similar al que llevaba la primera vez que la vio, pero con flores rojas, y unas sandalias blancas, se acerco a ella pero no se animaba a hablarle, podía notar su cabello color castaño semi recogido dejando ver su cuello, y un rosario con un crucifijo en el, su sonrisa era la que iluminaba la noche, su risa era la música mas hermosa, su tierna voz se grabo en sus oídos, como su perfume de manzanilla se impregno en él.

Ella lo observo notando su presencia y le sonrió mirándolo a los ojos, él sintió que su corazón se detuvo y se acerco a ella sin dejar de mirarla, y desde el momento que cruzaron unas pocas palabras, presentándose mutuamente como si nadie más existiera, su mundo cambio completamente.

Solían verse detrás de la tienda cuando ella iba a comprar con su madre, ella pedía ver las flores y él la esperaba junto a las masetas, solo cruzaban unas palabras, pero sus corazones palpitaban por el otro, a veces ella iba a la vera del río a recoger flores y él se alejaba de su trabajo para encontrarla junto al árbol donde la oía cantar esa vieja canción y donde por primera vez, un beso sello los labios de ambos dejando el sabor del verano en ellos.

Desde ese día se veían allí, a veces ella bailaba para él tarareando esa canción, descalza, moviendo su falda con el viento suave, mientras él la contemplaba en silencio con una sonrisa enamorada.

Pero una mañana mientras trabajaba, oyó a un compañero hablar de la familia de su lucero, se iban a una ciudad alejada, un familiar estaba enfermo y decidieron mudarse allí, la noche anterior dieron el aviso que dejaban la casa que rentaban. A él no le importó que lo despidieran del trabajo, salió corriendo hacia la humilde casa de su amor, pero ya estaban saliendo, ella lo miro dentro del viejo auto que era lo único que poseía la familia, puso su mano en el vidrio con sus mejillas mojadas y sus ojos tristes, el auto partió con su castaña, él corrió detrás pero no solo eran los metros los que los separaba sino el destino que parecía extender su agonía.

Aún con esa imagen en su memoria tomo con fuerza su guitarra en la que había resonado incontablemente esa melodía antigua, así, habían pasado lento los días, las semanas, los meses, aunque ese mismo día que su lucero partió, él comenzó a seguir su rastro hasta llegar a esa vieja habitación, en esa tierra nueva, siguiendo el rumor de una familia que arribo hacia unos meses atrás, había caminado infinitos caminos, bajo el sol, y vientos fríos, solo para comprobar si era ella o no.

Respiro profundo mirando el reloj, la tienda donde los habían visto trabajar ya estaba por abrir, él tomo su abrigo rogando que ella éste allí y salió hacia el exterior, la lluvia había cesado dejando ver los rayos de sol, él camino las calles que los separaba y se detuvo en esa esquina donde sus ojos se posaron en esos cabellos castaños, abrió su boca para gritar su nombre pero ella como si el viento le hubiera anticipado su llamado, miro hacia él y una sonrisa se expandió en su rostro, intentó llegar a él pero la mano de su madre la detuvo, mirándola y mirándolo a él con el seño fruncido, ella se soltó del agarre de su madre observándola y volvió su mirada a él, le sonrió y camino hacia esa esquina recorriendo esos metros que los separaba, y que esta vez el destino solo acorto, para abrazarlo por el cuello mientras él la tomaba por la cintura sintiendo irreal todo aquello, y esa voz que lo acompaño en sus sueños y cantaba esa vieja canción, le susurro al oído.

-Sabía que vendrías por mí.-