Capitulo 30

Llegaron a París, intentaron arreglarse lo mejor posible en el baño privado, pero las horas de viaje eran evidentes en sus rostros.

-Que hora es?.- pregunto Scott.

-Las once creo.- respondió Matthew, caminando hacia el interior del aeropuerto.

-Las maletas?.- pregunto Scott.

-Emmm...- Matthew busco entre las personas a alguien conocido. -Reginald.-

-Bonjour, monsieur Mayers, monsieur Parker. Bienvenue.- dijo un hombre delgado y alto, tenía unos ojos color café y cabellos castaños, una imagen impecable y un traje digno de un lord.

-Merci. Mon mari ne parle pas Français, alors je vous demande de parle dans votre langue.- pidió Matthew en un perfecto Francés.

-Muy bien señor.- dijo Reginald con acento francés.

El hombre se dirigió a donde se encontraban las maletas, Scott lo quedo mirando y a Matthew.

-Que le dijiste?.- preguntó Scott.

-Que no hablas en francés así que le pedí que hable en nuestro idioma de ahora en mas, Reginald es el jefe de servicio de la casa de mi madre.- respondió Matthew mirando a su alrededor.

Scott sonrió y tomo la mano de su esposo, no podía estar más enamorado. Matthew le sonrió y le dio un beso en los labios.

-Es extraño no tener a quince hombres a tu alrededor.-

-Eso es porque aquí no hay tanto riesgo, de todas formas, ves a aquel hombre?.- preguntó Matthew señalando a un sujeto de gran porte.

-Si.- respondió Scott.

-Es un ex agente de policía, trabaja con mi madre desde hace tres años, y su gente también, fueron del FBI y ahora están trabajando en lo privado, son más discretos, cuando lleguemos a casa te los presentare.-

Scott suponía que debía ser así, negó con la cabeza adivinando que la situación en París no sería muy diferente a la de New York.

El hombre alto regreso con un carro y las maletas, Matthew y Scott lo siguieron hasta la salida del aeropuerto, el aire caliente golpeo a Scott, no creyó que hacia tanto calor, subieron al auto agradecidos, el aire acondicionado era esencial en esa época.

-Hace calor aquí.- comento Scott.

-Si, se supone que estaría fresco, pero parece que el verano no se hizo esperar.

El hombre alto, Reginald, se sentó en el asiento del acompañante mientras un hombre fornido seria el chofer.

-Monsieur Mayer, Monsieur Parker, bienvenue.- dijo éste.

-Hola.- respondió Scott.

-Merci, amor el es Adrien, el jefe de seguridad.- dijo Matthew a su esposo.

El hombre asintió con la cabeza y Scott le sonrió, el auto se puso en marcha y Matthew tomo su mano, él apoyo su cabeza en su hombro mirando por la ventanilla la hermosa ciudad, sus calles, sus tiendas, la arquitectura de la ciudad gritaba París y él no creía que estaba recorriendo ese lugar junto a su amor, a su esposo.

Ni bien bajaron del auto Scott notó que a unas calles estaba la Torre Eiffel, se veía claramente, la sonrisa que se dibujo en su rostro era notable y reflejaba su entusiasmo.

Matthew sonrió al verlo así, tomo su mano y le hizo un gesto para entrar por un portón negro enorme que tapaba su vista de la propiedad de los Mayers, pero cuando éste se abrió, pudo ver la enorme casa color beige que estaba a unos metros, con un pequeño jardín por medio que tenía un camino de piedras guiando directamente a la puerta de roble, una enorme puerta que era la entrada a la gigante casa que se presentaba frente a él, con enormes ventanales.

-Ven.- dijo sonriendo Matthew al ver a su esposo de pie mirando la casa.

Ni bien entraron Scott se dio cuenta que la fachada representaba mucho de lo que había adentro, la sala era lo más cercano a la puerta, con unos muebles dignos de un palacio, la enorme escalera de mármol que se extendía frente a la puerta de entrada era sublime, y el cuadro enorme que estaba en medio de las escaleras laterales era lo más parecido al paraíso.

-Es italiano, mi tío se lo regalo, mi madre ama ese cuadro.- dijo Matthew mirando a sus esposo.

-La comprendo perfectamente.- comento embobado Scott con su mirada fija en el mural.

-Amor, el es Jean Pierre el cocinero de la casa...- dijo Matthew. -y el resto de su equipo.-

Scott ni había notado las personas de pie frente a él, un hombre con delantal negro lo miraba expectante, al igual que los jóvenes junto a él y una muchacha, que educadamente movieron sus cabezas hacia abajo en forma de respeto.

-Hola.- saludo Scott mirándolos.

-Bienvenue Monsieur Parker, c`est un plaisir de vous rencontrer.- dijo el hombre con amabilidad pronunciando extrañamente su apellido.

Scott sólo sonrió, iba a ser un problema no entender francés.

-Je leur demanderai de parle notre langue pendant notre séjour à París, merci beaucoup.- dijo Matthew mirándolos con una sonrisa amable.

Éstos le devolvieron la sonrisa, hicieron un movimiento con sus cabeza hacia ambos y de retiraron.

-Que les dijiste?.- pregunto Scott perdido.

-Que hablen en nuestro idioma durante nuestra estadía aquí.-

-Gracias.- agradeció a su esposo sabiendo que lo hacía por él.

-No me lo agradezcas... ven... te mostrare la casa.-

Matthew lo tomo de la mano y atravesaron la sala que estaba a su derecha, los muebles eran evidentemente fabricados a gusto de Pam, Matthew le explicaba que su madre había comprado esa casa hacia ya muchos años, un umbral daba al comedor, una mesa grande estaba en el centro y varios muebles más que costosos, una puerta hacia la derecha daba a un pasillo que llevaba nuevamente a la sala, pero cruzando el pasillo, justo detrás de la escalera estaba la cocina, Scott ingreso con Matthew y no podía creerlo, realmente era grande, Jean Pierre estaba a un lado de su equipo, mirándolos.

-Jean Pierre vive aquí, así que siempre está disponible.- dijo Matthew a Scott quien miraba todo con asombro.

Salieron de allí y frente a la cocina había una puerta enorme de vidrio, daba directamente al jardín trasero, un enorme y hermoso jardín, Matthew abrió la puerta y salieron, Scott estaba encantado, el jardín era más pequeño que el que tenían en New York, pero las enredaderas trepando por los murales, los rosales de todas clases y otras flores hacían ese jardín único y mágico.

-Wow...- dijo Scott caminando por un camino de piedras.

-Mi madre ama éste jardín, ama ésta casa.-

-Yo también la amaría.- respondió Scott.

Matthew camino hasta él y lo tomo de la mano, le dio una recorrida al jardín que tenía una piscina a un lado y una edificación parecida al kiosco donde se casaron pero más grande, regresaron a la casa de la mano y Scott tenía la sensación de haber estado en una película de Disney.

Siguieron por el otro lado de la casa, justo del lado contrario del comedor, habían dos habitaciones pequeñas.

-Aquí duerme Jean Pierre, quiso estar cerca de la cocina, y esa fue la habitación de mi tía cuando se cayó en su casa, ella vive del otro lado de la cuidad.- explicó Matthew señalando ambas habitaciones.

-Porque el duerme aquí?.- pregunto Scott.

-Porque está siempre aquí, él vive aquí, su equipo, el resto de los empleados no, pero él si.- respondió Matthew abriendo otra puerta, la primer habitación que estaba cerca de la escalera principal. -ésta es la biblioteca y oficina de mi madre, normalmente ella hace las reuniones aquí, las de la empresa.-

-Es bellísima ésta casa.- comento Scott mirando todo.

Caminaron hacia la entrada y miro el cuadro de las escaleras.

-Quieres que descansemos?.- pregunto Matthew.

-Quiero bañarme.- respondió sonriendo Scott.

-Vamos.-

Matthew tomo de la mano de su esposo para subir las escaleras, Scott no pudo evitar pasar la mano por el mármol blanco del enorme pasamanos, se detuvo a ver el cuadro que era más alto que él, luego siguieron por otra escalera hacia el ala derecha, allí habían algunas habitaciones, y un ventanal en el extremo del pasillo.

-Esa es la habitación de mi madre, da al jardín, éstas son de invitados y ésta es la que usaremos, la que yo usaba.- dijo Matthew abriendo una puerta de madera y Scott sonrió, la habitación era más pequeña que la que tenían en New York, pero era increíblemente hermosa, la cama de madera era enorme, los muebles estaban a tono a todo el mobiliario de la casa, sus maletas se encontraban a un lado, Matthew camino hasta la ventana abriéndola y lo llamo con la mano, Scott se acercó y pudo observar la ciudad frente a él y a un lado, la Torre Eiffel, se quedo con la boca abierta, parecía realmente un cuento.

-El baño es aquel.- dijo Matthew señalando la puerta junto a un mueble. -es más pequeño que el nuestro, pero cómodo.-

Scott camino hacia la puerta y la abrió, obviamente el baño relucía, especialmente la bañadera antigua.

-Voy a usar esa bañadera.- dijo Scott sonriendo.

-Perfecto, hay una ducha también, por si deseas usarla.-

-No, voy a usar esa bañadera contigo.- dijo Scott acercándose a él y besándolo. -te amo, mi hermoso esposo.-

-Te amo más, mucho más mi perfecto esposo.- dijo Matthew besándolo nuevamente.

-Nos duchamos y comemos, porque muero de hambre.- pidió Scott.

-Por supuesto.-

Scott buscó su maleta y saco ropa, Matthew hizo lo mismo, y se internaron en la bañera, relajados, Scott estaba entre las piernas de Matthew apoyando su espalda en su pecho, éste lo abrazo, finalmente estaban en su luna de miel.

… … …

El almuerzo era exquisito, Scott no había probado algo similar ni en los mejores locales de comida de New York, ambos estaban en el comedor uno junto al otro.

-Porque no hay de ésto en New York?.- preguntó Scott mientras comía.

-Porque no tenemos un Jean Pierre en la mansión… por cierto, a Jean no le gusta que entren en su cocina, es muy sensible con eso.-

-Mmmh...- Scott sonrió, había alguien que desafiaba las leyes de los Mayers, pero con la comida que hacia Jean era probable que lo dejaran hacer lo que deseaba.

-Cuando desees algo y estemos en la habitación, el interruptor negro que está junto a la cama comunica con la cocina, Jean preparará lo que desees cuando lo desees.- le dijo Matthew.

-Wow, que nivel, jamás pensé que fuera así, bueno, cuando entré por primera vez a la mansión me di cuenta de tu estilo de vida, pero era como algo... no lo se... increíble aunque vivía allí... era irreal.-

-Todo lo que tengo es tuyo... ahora es oficial, pero sabes que antes también era así.- dijo Matthew mirándolo.

-Si, lo sé y sigue siendo increíble que viva en una mansión...-

-Que es tuya también.- agregó Matthew.

-Lo sé, lo sé bien...- Scott lo miro con amor. -pero yo jamás había estado ni cerca de una mansión, y era abrumante, ahora me acostumbre, aunque hay cosas a las que no me habituó, como eso de tener a tu disposición a alguien todo el tiempo, es... de película.-

-Pues eres el protagonista de ella.- le dijo Matthew mirándolo con una sonrisa.

Scott sonrió, amaba tanto a Matthew que la idea de ser su esposo todavía parecía un sueño.

-Por cierto, mi madre nos dejo un regalo pero no me dijo que era, supuestamente Reginald sabe pero aún no puede decírmelo, así que... en medio de esa expectativa, tú y yo iremos a recorrer París.-

-Ok.- respondió Scott aunque él tenía sus planes.

Terminaron de almorzar y decidieron ponerse más cómodos para salir, pero Scott quería su noche de bodas aunque no fuese de noche.

-Amor...- dijo Scott acercándose a él.

-Si...- respondió Matthew buscando una camisa más cómoda.

-Podemos dejar el paseo para más adelante?.- preguntó Scott en un tono coqueto.

-Bien…- dijo mirándolo. -y que quieres hacer?.- pregunto Matthew con una sonrisa adivinando lo que quería su esposo.

Scott se acerco a su rostro y lo besó con deseo, enredando sus dedos entre los cabellos de su esposo y éste lo tomo por la cintura pegándolo a él.

-Quiero que mi esposo me haga el amor.- susurro Scott con una sonrisa.

Matthew le sonrió de nuevo y lo aprisiono contra el armario, besándolo con deseo, Scott comenzó a quitarle la a camisa, pero Matthew se separo de él y lo giro, Scott sonrió y levanto los brazos cuando Matthew comenzó a quitarle la playera.

-Recuerdas cuando hicimos el amor por primera vez?.- preguntó Matthew besando sus hombros mientras desabrochaba el jean de Scott.

-Mmm... si.- respondió éste sonriendo y disfrutando lo que sabía estaba por suceder.

-Te gusto aquella vez?.- preguntó Matthew en su oído.

Scott sintió una corriente recorrer su cuerpo cuando escucho la voz tan sensual de su esposo.

-Si.- solo atino a decir mientras Matthew le quitaba el jean junto a su bóxer dejándolo desnudo.

-Pues ésto...- dijo Matthew quitándose sus pantalones y su camisa de un tirón. -ésto será mucho mejor amor.-

Scott suspiro expectante, mordiéndose el labio, sintió los labios de Matthew en sus glúteos mientras los apretaba con sus manos, y luego su lengua en su entrada enviando una ola de placer a su cuerpo.

Matthew estaba concentrado en darle todo lo que esperaba y más, y supo que iba por buen camino cuando Scott comenzó a gemir, introdujo su lengua en el interior de él y luego un dedo, su esposo gimió en voz alta, entonces siguió su trabajo separando sus glúteos con sus manos e introduciendo su lengua hasta que Scott no ya no podía contenerse mas, se detuvo y se puso de pie, Scott estaba con la respiración agitada y con la cabeza apoyada en la puerta de armario, sonrió al verlo así, busco un preservativo en su pantalón y se lo colocó, Scott lo miraba expectante y ansioso y volvió a su posición, Matthew besó sus hombros y su cuello con suavidad mientras Scott disfrutaba de ésto, lo tomo por la cintura y lo penetró despacio, entre gemidos de ambos, disfrutando, Scott gimió alto cuando lo embistió por primera vez y eso lo motivo a seguir, moviendo sus caderas y penetrándolo profundo, se apego a él cuando tomo otro ritmo, mas rápido, Scott lo volvía loco con sus gemidos, no intentaba callarlo, más bien si todos lo oían poco le importaba, él quería que Scott no olvidará nunca ese momento.

Ya no podía mas, sus piernas no aguantarían mucho, el placer no lo dejaba pensar, no sabía si estaba gritando pero era probable, sintió su cuerpo explotar cuando el orgasmo lo golpeo, Matthew se abrazo mas a él gimiendo en su oído, envistiéndolo con devoción hasta que sintió a su esposo llegar a su orgasmo de igual manera que él.

Se mantuvieron así unos instantes hasta que Matthew se aparto y se quito el preservativo, Scott sonrió con los ojos cerrados y se giro para verlo, se besaron unos momentos hasta que Scott lo encamino a la cama, allí se sentó a horcajadas sobre él, acariciando su abdomen, sus músculos, se acerco a su boca y lo besó con amor y deseo, movió su pelvis hasta que Matthew lo tomó por la nuca intensificando el beso, sabia como encender a su esposo, y también sabia hacerse desear. Se alejo de él sentándose nuevamente, y volvió a acariciarlo con ambas manos por su pecho mientras se mordía el labio inferior mirando el escultural cuerpo de su amado, Matthew no podía quitar sus ojos de él, entonces se puso de pie y fue hacia su maleta, Matthew lo miraba sin entender que estaba haciendo hasta que vio a Scott sacar una pequeña caja de plástico donde tenía preservativos.

-En mi billetera había.- dijo Matthew mirándolo con una media sonrisa.

-Pero no tantos.- respondió sonriendo con picardía.

Volvió a subirse a horcajadas sobre su esposo y le coloco el preservativo, acaricio sus músculos con reverencia y deseo, Matthew recorrió con sus manos sus piernas, deseoso, expectante, pero sin perder de vista los ojos de su amor, dejándolo llevar el ritmo, y el control.

Scott se mordió el labio sin poder contenerse, tomo el miembro de su esposo y se penetro lentamente, sentándose sobre él, soltando el aire cuando lo sintió dentro de él por segunda vez.

-Mmmm...- Scott lo miró mordiéndose el labio con una media sonrisa.

Matthew cerró sus ojos unos segundos, disfrutando de todas esas sensaciones. Scott se movió lento, gimiendo, deseaba más, mucho más, pero quería llevar a Matthew a ese lugar donde lo único que quería era poseerlo. Lo miraba a los ojos con una media sonrisa, Matthew movió sus caderas haciéndolo gemir más alto, Scott acelero el ritmo apoyándose sobre su pecho con sus manos, Matthew lo acariciaba por doquier, necesitando mas, lo tomo por las caderas, Scott sonrió complacido y Matthew se apego a él haciéndolo rodar y quedar debajo, y allí estaba a su merced, Scott tenía una sonrisa picara plasmada en sus labios, Matthew sabía lo que quería y no iba a hacerse rogar, lo embistió con fuerza y rapidez varias veces haciéndolo gemir alto, al borde de los gritos, luego ceso el ritmo y Scott busco su boca para besarlo, Matthew movió sus caderas y Scott se aferro a su nuca gimiendo en el beso, hasta que volvió a recostarse, Matthew tomo su pierna y la subió a su hombro, y volvió a embestirlo con pasión hasta que sucumbió al pedido de su cuerpo al igual que Scott, llegando juntos al orgasmo.

Matthew se recostó a su lado y envolvió a su esposo entre sus brazos, realmente estaban exhaustos y saciados, al menos por ese momento.

Se durmieron perdiendo noción de todo, pero con la seguridad que brindaban los brazos de su amado, y el amor que los sostenía, haciéndolos felices y llenos de ilusiones.