Poco más de 800 palabras de cositas para adultos entre personajes de TIEMPO DE LADRONES - HUESOS, ORO Y SANGRE.

Nadie puede juzgarme por querer smut y fantasía a la vez. Como contexto, les digo que son una tiefling y un medio elfo, razas del Dungeons and Dragons.


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Sudor y magia

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Los coloridos cristales de la habitación estaban empañados y el incesante chirrido de la madera contra la piedra se veía opacado por gemidos variantes en tono. Un hechizo silenciador mantendría a terceros desconocedores de lo que sucedía tras la puerta, y la ubicación de la habitación se ocuparía de disuadir cualquier intento de espiar al interior. Ser un prodigio mágico traía ciertos beneficios, como aposentos en lo más alto de una de las torres.

Salir con un prodigio mágico traía otros beneficios, como dedos que zumbaban una mínima cantidad de electricidad cuando rozaban contra su rojiza piel, o la deleitable ilusión de demasiadas manos sosteniéndola suavemente para mantenerla quieta mientras dígitos deliciosamente fríos entraban y salían de la humedad entre sus piernas. Escalofríos subían desde la base de su cola hasta el final de su nuca, y Shae pensó que perdería en conocimiento cuando un par de labios capturó a uno de sus pezones.

Prácticamente maulló ante la sensación de una lengua juguetear con su sensibilidad en mociones circulares, y las palabras que quería expresar perdían coherencia al salir de su boca. Sus ojos, nublados de placer, buscaron los de su acompañante. Gerónimo Hastur Idóneo II era alguien difícil de callar, pero su verborrea se había visto temporalmente frenada ante el descubrimiento de un mejor uso para su lengua.

–Has –gimió Shae. Iba a decir algo más hasta que sus ideas se ahogaron en su garganta al enfrenarse con los profundos ojos grises del medio-elfo. Él se alzó, poniéndose cara a cara con Shae hasta elevar la barbilla lo suficiente para besar su frente, justo en el espacio entre los cuernos que salían de la misma y se curvaban como una espiral.

–Paciencia –dijo Has frotando la punta de su perfilada nariz contra la de ella, chata y redondeada. Más que ver, Shae podía sentir la sonrisa rebosante de soberbia de Has, aunque su vista estaba clavada en las avanzadas entradas en el rubio cabello de él. Se entretuvo con la idea por cortos momentos hasta que su mente se detuvo en seco al sentir la punta de un músculo firme y caliente presionar contra su entrada. En un arrebato de pasión, buscó la boca de Has con la suya buscando ahogar fútilmente el profundo suspiro que emitió.

Has gimió con ella y aumentó la presión, provocando que Shae abriera más las piernas demostrando el hambre por su carne. Se separaron un segundo, inhalando y dándole tiempo a Shae para exigir: –Más –Él sonrió de nuevo, disfrutando el puchero indignado en el rostro de su compañera cuando eliminó el contacto entre sus cuerpos, mas no deshizo el agarre mágico que sostenía sobre ella. Sobre rodillas y manos, bajó hasta posar su cabeza ente las rojas piernas cubiertas por cicatrices delgadas de la tiefling.

Lamió.

Shae exclamó sorprendida y forcejeó contra el agarre ante la intensa, aunque luego bienvenida, sensación. El calor en sus caderas iba en aumento, y éstas encontraron una mentalidad propia que las guiaba a seguir un ritmo ajeno al de la conciencia de la muchacha, buscando ir a la par de la boca de Has. El contacto con sus labios inferiores le había arrebatado la razón, pero fue cuando él besó su clítoris que perdió toda noción de existir. Dibujó círculos alrededor del mismo y succionó suavemente mientras que por su barbilla chorreaba la evidencia de su disfrute.

Un dedo alegre fue introducido, asistido por su lubricación natural, y Has jugó con su interior hasta acariciar repetidas veces con la yema el punto donde la visión de Shae perdió todo color. Los gimoteos que salían de ella eran algo que no podría reconocer como suyos en ese estado, y ante sus ojos solamente había luz y la mera moción de Has, Has, Has por todos lados jalándola a todos los planos existenciales y a la vez anclándola a uno solo. La presión en su entrepierna aumentaba, así como los movimientos de sus caderas se tornaban enteramente erráticos.

Arqueó la espalda, se tensó y eyaculó sobre las recién lavadas sábanas de seda de la cama. Su cuerpo temblaba como una hoja mientras los espasmos de su orgasmo aminoraban. Su cuerpo cayó como una pluma y su pecho subía y bajaba con violencia mientras recuperaba el aire.

Con la barbilla cubierta por los jugos transparentes de un trabajo bien hecho, Has besó el cuello de Shae, luego sus hombros y sus pechos. La ayudó a pasar sus temblorosos brazos por detrás de la cabeza de Has y en ese abrazo colmado de ternura, la acurrucó contra sí mientras se acostaba de lado. Has le hacía dibujos ilógicos a lo largo de la espalda, mimos que sabía que adoraba, deleitándose de la visión que tenía ante sus ojos.

Shae lo besó con la poca fuerza que había recuperado, un mero roce de labios, y susurró: –Métemela –Pasó una pierna alrededor de las caderas de Has, uniendo sus entrepiernas buscado contacto con su miembro. Estaba duro y caliente como el resto de su cuerpo– Por favor –rogó.

Y él no había sido, hasta entonces, alguien que le negara cosas a la ladronzuela cuyo mayor crimen había sido arrebatarle el corazón. Tampoco planeaba serlo pronto.