Mayo: El relato debe transcurrir en el baño (600 palabras).


En el que se socializa en un escenario poco común.

Unos dos siglos atrás, al decir "baño", la gente solía fijarse un poco más en el aspecto de aquel que lo pronunciaba.

En el caso de la gente de clase social baja, al decir "baño" hablaban de un cuartucho a prueba de mirones con algún depósito de agua adjunto, en el cual cuidaban de su aseo personal lo más posible.

En cambio, cuando una persona encombrada mencionaba el "baño", podía bien referirse a una preciosa habitación en su vivienda, con lo más avanzado en la disposición de agua y productos de cuidado corporal, aunque también podía referirse al establecimiento ubicado al oriente de la ciudad, al que podía acceder todo aquel que tuviera el dinero para pagar la estancia.

Santiago sabía todo eso, pues los patrones eran de esos pudientes de la ciudad a los que les gustaba presumir sus buenas costumbres y se hacían notar al ir a los baños públicos por lo menos una vez a la semana. Siendo uno de los sirvientes de confianza del patrón, debía acompañarlo literalmente hasta el interior de los baños públicos y solo así pudo conocerlos.

Quitando el color claro de todo a su alrededor (pisos, paredes, e incluso techos), admitía que, en general, era un sitio agradable. La temperatura era cálida en el área de aguas termales de una de las salas y según escuchó, contaban con algo muy práctico y moderno que llamaban "regaderas" (aunque jamás las había visto).

Últimamente pensaba mucho en su posición en el mundo, y la excursión semanal de los patrones a los baños públicos no impidió que lo siguiera haciendo. Al llegar, ayudó con los enseres de la patrona, encargándolos a algunas empleadas de los baños que acompañarían a la mujer en su rutina de aseo, mientras él se marchaba con el patrón.

Fue en el camino que sus reflexiones se vieron interrumpidas por un efusivo saludo de su patrón.

Se habían encontrado con el caballero de cabello rojo que fuera a la velada de días antes, ese que parecía bastante a favor del movimiento separatista.

Mi estimado señor, me alegra sobremanera encontrarlo —dijo el susodicho caballero, tras las fórmulas de cortesía de rigor—, no es mi intención retrasarlo, así que seré directo, ¿le gustaría asistir a una velada en mi humilde morada? Será dentro de dos semanas, el viernes en la noche.

¡Excelente! No tengo compromiso alguno para esa fecha.

Será un honor tenerlo allí. Y abusando de su generosidad, ¿ese día podría contar con uno o dos de sus sirvientes? Solo para tareas sencillas relacionadas con la cena, y en cuanto terminen, podrán regresar a su propiedad. Como sabe, soy relativamente nuevo en la ciudad y todavía no he completado las contrataciones de mi servidumbre.

El patrón hizo una mueca y Santiago supo que fue por la mención de las contrataciones. Se estaban poniendo de moda y a los más ricos no les gustaban porque requería que sus futuros sirvientes tuvieran voz y voto en las condiciones bajo las cuales trabajaban, incluyendo la retribución que obtenían por ello.

Lo apoyaré con mucho gusto. Le enviaré un mensaje para acordar los detalles. ¡Andando!

Lo último, por supuesto, estaba dirigido a Santiago, quien agachó la cabeza al echar a andar, pasando junto al caballero de cabello rojo.

Mientras ayudaba a su patrón en el baño de tina que éste eligió, Santiago se preguntó si había tenido una visión de algún tipo debido a los vapores que a veces inundaban los baños.

Es que era imposible que el caballero de cabello rojo lo mirara directamente, ¿cierto?

Mucho más raro sería que de verdad, le hubiera sonreído.