"Si tengo cielo al que mirar y estas dos alas para volar ¿Por qué sigo en el suelo."

Abrázame – La Oreja de Van Gogh.

Besos Muertos

Solo con la carretera por delante, con el sol de lado, pero en completa oscuridad dentro de ella, Soledad recorre el camino de nuevo a su hogar. Su mirada al frente con una lagrima bajando por su mejilla, sigue pensando que lo único que duele es un sentimiento adormecido, lejano, pero ardiendo dentro de ella como brasa. No fue su mirada, porque nunca la miro a los ojos, sino ese beso que murió en sus labios el que la despertó del letargo, no recordaba sentirlo así, un beso muerto, allí se dio cuenta que ya no había énfasis en la palabra amor entre ellos, que la poca dulzura que capto en ese beso, se alejaba de ella y de él mientras su auto recorría los kilómetros de regreso a su vida habitual. Le costaba recordar la última vez que su sonrisa le ilumino el alma y lleno de calor su interior, cerrando sus ojos un segundo logro traer de nuevo un momento de risas, y su corazón se apretó dentro de ella solo para que esas brazas perdieran calor. Sabía bien que no volvería a sentir el tiempo de cuando se querían, que poco a poco, la razón la azotaba demostrándole que ese tiempo se fue hace mucho y que ella solo lo dejo irse.

Sorbo su nariz y el suspiro entrecortado encerró el miedo que tenia a ser solo ella, pero la noche se apaciguo cuando sintió el calor del sol en su brazo, ese acogedor calor que perdió hace mucho, porque hacía mucho recorría el camino sola, no lo había notado antes, no vio sus ojos tristes, ni la distancia abismal que existía entre ellos a pesar de compartir el lecho, de sus suspiros al observarla cuando su concentración se encontraba en sus pendientes, de ese reflejo en la ventana, lejanía era su captor, y a pesar de saberlo no intento retenerlo, no lo abrazo para hacerlo sentir seguro, amado, no podía brindarle algo que ella ya no tenía.

Dejo que el aire llenara sus pulmones, y sus ojos se enjuagaran, freno el auto, y luego de unos segundos giro el volante para regresar por donde venia, debía ser justa con ella misma, y por la poca dulzura que quedaba entre ellos, seria sincera en voz alta.