El cuervo y el canario

Era un día brumoso. El cuervo observaba desde el alfeizar de la ventana, anhelante de calor, a joven dama, jugueteando con el canario mascota suya. El cuervo observaba atentamente al canario y su ama, anhelando, anhelando algo fuera de su alcance, algo que sabía que no podía poseer. Por ello el cuervo se limitaba solamente a observarlos, a aquellos en su propio mundo, observando como todas las veces que lo había hecho, así era siempre, una agonizante rutina inmutable que prometía ser eterna, mas, ese día prometió ser diferente.

-Ana-

Femenina voz resonó, llamando a la joven dama. La joven fielmente obedeciendo al llamado de su madre partió, dejándolos atrás inconsciente del cuervo que los vigilaba.

-¿No te cansas de observarnos todos los días?-

Cuestiono con curiosidad el canario sorprendiendo al cuervo que creía pasar siempre desapercibido.

-No lo se-

Respondió el cuervo.

-Solo busco algo-

-y ¿Qué es lo que se supones que busca? -

-¿Un lugar?, tal vez-

Fue todo lo que se dignó en responder. El canario sabiendo que no obtendría mas respuesta que esa pregunto decidió pedir ayuda.

-Hey cuervo-

Llamo el canario.

-Si es un lugar el que busca, ¿Qué te parece el mío? -

-El tuyo dices-

-Si-

Respondió el canario con un cantar extraño

-Libérame y te daré mi lugar-

-Porque querías tal cosa-

Respondió el cuervo inclinando su cabeza en confundió, ante el extraño pedido.

-Como que porque, obviamente ya no quiero seguir siendo la mascota de nadie, deseo ser libre-

-Liberta pides, solo un abstracto concepto, ¿acaso no te cuida bien la joven dama? -

-Aunque sea así, ya no quiero seguir siendo una mera mascota, como ya lo había dicho antes-

-¿Aun con todo el cariño que has recibido?, te aferraras al relativo concepto de liberta-

Planto dubitativamente el cuervo, observando con recelo al canario frente a él.

-Así es-

Respondió con indiferencia el canario.

-¿Qué me dices cuervo?, tu que busca un lugar, te ofrezco el mío, como mascota de la joven dama, a cambio claro está, que me liberes-

-Digo-

Musito el cuervo, fundido en sus pensamientos sobre lo dicho.

-Digo que tenemos un trato-

-Excelente entonces-

-Pero-

Interrumpió el cuervo a un entusiasmado canario.

-Pero tengo una condición-

-Y ¿Qué clase de condición seria esta? -

Cuestiono el canario con recelo.

-Simple la verdad sea dicha, la condición es, que cuando el momento llegue, vuelvas y retomes el lugar al que perteneces-

-No seas ridículo cuervo-

Replico el canario un tanto ofendido.

-Planeo irme de este lugar, no planeo volver-

-Tal vez sea así, tal vez no, solo planteo que lo tengas en cuenta, esa es mi condición-

Explico el cuervo, impasiblemente, como se había mantenido hasta ahora, observando al canario frente a el.

-Bien, si solo es eso, acepto, ahora pues libérame cuervo-

Habiendo confirmado lo dicho el cuervo batió sus alas de plumaje de ébano, y voló hacia la jaula del canario, y con sus filosas garras quito el pestillo del seguro, habiendo así, liberado al canario de su prisión de latón exquisitamente tallada.

-¡Libre!, ¡al fin libre!-

chirrió el canario eufórico mientras se liberaba de su jaula.

-¡Hasta nunca cuervo!-

Canto felizmente, volando hacia un mundo, que sería nuevo para él.

-Hasta luego-

Fue la única respuesta del cuervo. El cuervo poco tonto, sabiendo que sería descubierto al mismo instante que la joven dama lo viera, voló hacia el nochero donde se encontraba varias pinturas, resultado del hobby de la joven dama, así pues, se pintó con un tarro de pintura amarilla, mientras practicaba sus graznidos en preparación a actuar su nuevo papel.

Al regresar la joven dama, lo miro a él, Hallí en la jaula pareciendo un tanto confundida, por un ínstate el miedo lo invadió, creyendo pues que había sido descubierto y tal vez lo fue, más la joven dama no pareció darle importancia, así que creyó haberla engañado exitosamente.

El tiempo, dama cruel, paso sin demora, las estaciones cambiaban, el mundo giraba y la felicidad lo impregnaba, mientras compartía los días con su amable ama, más pensamientos de culpa se arremolinada en su interior, culpa de fingir algo que no era, culpa de engañar a este inocuo ser.

Sus días pasaba observando el alfeizar de la ventana donde solía posarse, en aguarda que el canario volviera y a la vez una parte de Él desea que no lo hiciera. Fue una mañana brumosa, justo como aquel día que llego el canario, bastante maltratado.

-Tiempo sin verte cuervo-

Pronuncio lánguidamente.

-Lo justo diría yo-

Respondió el cuervo melancólicamente.

-Supongo que ya es hora que te devuelva tu lugar, pero antes de hacerlo quisiera saber que te ha sucedido como para estar en esas fachas canario-

-Un gato me ataco-

Respondió estremeciéndose ante el recuerdo.

-Y el bastardo parecía solo jugando conmigo y un poblé ratón que por desgracia no pudo escapar-

-Veo, los común-

Respondió con cinismo el cuervo, con eso dicho el cuervo abandono el lugar con cierto pesar en su corazón sin mirar atrás, condenando así a buscar de nuevo su lugar, más a la mañana siguiente al posarse en el alfeizar de la ventana como solía hacerlo encontró un plato con comida en este, mientras la joven dama lo miraba con complicidad, y allí fue cuando se dio cuenta, que ya tenía un lugar.