IV

Después de las festividades, Ariel y yo decidimos formalizar todo y consideramos que vivir en el atolón llamado Blanquillas era lo mejor, aquel de tres mil novecientos treinta y nueve comenzaba muy bien para nosotros

.—¿Quién iba a creer que iba a ganarme la vida como ni más ni menos como instructora de natación en un hotel de lujo y que eso me daría más alegría que ser arquitecto?

—Y ¿Quién iba a creer que esto de escribir discursos me iba a dar de comer? Y ¿Qué tal tu día, Ariel?

Vivíamos en una pequeña casa, cerca de nuestros respectivos lugares de trabajo. Aquel cambio le había caído de maravilla; la sonrisa siempre le adornaba su rostro y era una honesta. Su madre apenas si aparecía con las llamadas, igualmente pasaba con mi familia, todo indicaba que el viento soplaba a nuestro favor.

Aunque aquella noche llegó una llamada desde la oficina del gobernador, en su momento no me pareció tan alarmante.

—Muchacho, te llamo por un asunto con los uniformados. Concretamente con los militares, quieren usar nuestros astilleros, la flota estelar necesita unos retoques. No esperan mucho, unas palabras que les den aliento y algo de formalidad ya que van a estar aquí en unos días y quien sabe hasta cuándo se extienda su estadía.

El gobernador del atolón era una rareza, integrante del partido conservador, pero alguien muy cercano con las ideas del tercer partido más votado. Cuando supo que había llegado a su territorio me pidió que le ayudase en sus discursos; aunque aquella relación laboral era de tantas que me ayudaban a llevar algo de comida a la casa así como era la que más me gustaba era la de profesor de inglés.

Aquella noche del domingo teníamos dos visitas en casa, la primera era una nube que parecía darme una señal que me costaba comprender si era una mera coincidencia o el indicador que algo no estaba muy bien en mi propia casa y la segunda me comentó lo siguiente.

—Tu esposa lleva rato hablando con mi querida, vecino— me dijo mi vecino. Un gerente medio de una empresa de telecomunicaciones de pocas palabras— y lo mejor será que pasemos a hacer otra cosa.

—Gracias Manny, pero ¿tienes alguna idea de lo que pasó en mi ausencia? Mira que me preocupé un buen rato cuando vi un mensaje de ella en que la llamada del gobernador se extendió más de lo habitual.

—Yo no tengo idea y creo que lo mejor será que salgas de las dudas, antes que tu querida sirena vaya a deshidratarse o algo peor. —al entrar a la sala me encontré con Ariel, inmóvil, pero aliviada. Pero su rostro estaba rojo del llanto. Ya la había visto así anteriormente, pero aquella situación me tomó con la guardia baja, simplemente era algo que no me esperaba.

Y ¿Qué había puesto a la sirena en ese estado?—Abraham me mandó este mensaje. — me aclaró Ariel. Lo extraño era el hecho que lo mandó hablando común y con el uniforme del ejército de las fuerzas rebeldes. —, apenas he podido verlo, es demasiado fuerte para mí.

Que ingenuo fue en pensar que Abraham iba a desparecer al momento de instalarnos en el atolón. Ariel me insistió en algo, en ver aquel video con ella. Abraham comenzó explicando las razones por las cuales estaba haciendo el video y usando común como idioma así como la pequeña esperanza que tenía en encontrarla.

La otra razón es informarle que su tía, la única hermana de su madre y dedicada activista política del grupo Rosa Blanca, había sido capturada y él se movería con sus hermanos de armas, ya que estaría dispuesto a liberar a su tía y a su nación.

Pero, para finalizar le pedía seguir con su vida. Pero que no se olvidase de su querida tía y de la nación en donde nació la cual estaba sumida en un conflicto, uno que estaba escalando.

Ariel rompió en llanto nuevamente, pero aprovechó la oportunidad en golpear una mesa cercana, de inmediato Karen me ayudó en calmarla, aunque parecía que era tarde, así como complicado pedirle algo de cordura.—Te voy a dar unas pastillas, las cuales te van a ayudar a dormir. Es lo mejor que puedes hacer en este momento.

— ¡No las quiero!—exclamó molesta la sirena— ¡No quiero dormir!

—Amor, por favor, cálmate. Mañana te va a tocar ir a trabajar, al igual que a mí. No lo hagas por mí, hazlo por ti y por todo lo que has hecho en estos meses y que es pésima idea lanzar todo eso por la borda. Sé que no es algo fácil de hacer, considerando pues…todo lo que ocurre.

—Está bien, lo haré por el hecho que mañana tengo que ir a trabajar, a dar clases. —Después de esas palabras, se tomó la pastilla. —, voy a irme a mi cuarto. No quiero decir algo más sobre todo este asunto.

Karen acompañó a Ariel, Manny por otro lado se acercó a mí y comentó. Tenía la cara enjuta, quien sabe que había pasado anteriormente antes de llegar al atolón mi buen vecino.

—Te ofrecería algo, como una cerveza, pero me toca también ir a trabajar mañana. Pero el asunto que les cayó encima es bastante fuerte y creo que me toca comentarte que se ha dado una reducción en la empresa en donde estoy.

—La cerveza te la acepto, pero para el viernes ¿te parece? Y con respecto a esa noticia, pues me cayó como balde de agua fría, la verdad. Yo, si te soy honesto, quería cambiar de empleo, ya que esto de estar en la oficina del gobernador no es tan glamoroso como lo pintan y pasarme a una empresa privada. Y darte las gracias por todo el apoyo.

—Es lo menos que puedo hacer, Ricardo.

El año de tres mil novecientos treinta y nueve fue muy fuerte, primeramente algunos sectores dentro de la Federación Terrestre le declararon la guerra la Unión de Colonias, el planeta Tierra permanecía neutral y más preocupado en resolver sus problemas internos. Una postura bastante coherente, ya que cuando intervino en la gran guerra no nos fue muy bien que se diga.

Eso sí, esos sectores recibieron secretamente ayuda. Pero algo más serio no. Yo, personalmente, mantenía mi postura de no intervención, me preguntaba si era válida mantenerla ante tanta injusticia. Aunque combatir eso con más pólvora, no era la mejor opción aunque parecía que esos altaneros no eran del tipo de personas con las que se pudiera sentar a hablar en una mesa.

Pero me preocupaba por Ariel, no era para menos, ya no sonreía tanto como cuando llegamos y apenas si quería compartir con nuestros vecinos por la noche; pero la sirena estaba con un mejor humor aquel viernes por la noche, incluso con uno mejor que yo, que no estaba muy bien de ánimos, ya que mi búsqueda de empleo en algo más estable si bien había terminado, se había sumado el asunto de una entrevista de empleo. Me hice a la idea que estaba mejorando. —Para el lunes, entonces. Realmente no sé qué decir— le dije a Manny—, ya que creo que unas simples gracias se quedarían cortas, la verdad. Aunque, nuevamente gracias, amigo y vecino.

—No es para tanto, el sueldo es un tanto mejor en comparación con los que ganas y en especial ese que viene de la oficina del gobernador. Por cierto ¿Quieres una cerveza? Mientras que la guerra esa no llegue a nuestras costas, yo me podré quedar tranquilo y más si estoy cerca de uno de mis sueños.

—Una casa con dos refrigeradores— matizó riendo Karen—, ese fue tu sueño. Lo tenías desde que te conocí en la universidad. Aquí tienes tu cerveza y cuento a ti sirena, te sale integrarte a la conversación y elegir el juego de esta noche.

— ¿Tienen un juego llamado monopolio?—preguntó Ariel con una sonrisa—, si lo jugué tres veces, estoy exagerando. Unido al hecho que la prima de Ricardo no es precisamente una persona que le guste mucho perder. No me veas con esos ojos, sabes que es verdad y hasta tu abuela lo sabe.

Así pasamos los primeros meses de aquel año, con esa calma aparente y con un conflicto que si bien parecía distante, la geografía podía decir una que otra cosa diferente. Ese nuevo empleo prometía mucho, aunque esa misma noche me llegó un correo electrónico. Me lo había enviado el coordinador del partido en el que aún estaban quería comunicarse conmigo ya que tenía una preocupación enorme.

"Mi seccional necesita algo de inspiración, ya que tanta calma nos ha puesto contra las cuerdas, básicamente necesitamos algo que nos ponga a hacer alguna actividad." Pero si aquí y ganaron el poder político ¿Qué más quieren?, fue la réplica que le quería dar pero me contuve. Pero llegué a pensar que no perdía nada con una reunión con aquel muchacho.

Llegada la tarde del primer domingo de enero, la sirena y yo nos encontrábamos en uno de los parques de la ciudad, lejos de la influencia de los medios de comunicación.

—Mañana es tu gran día ¿Nervioso?

—Un poco, si te soy honesto. Ya ni recuerdo mucho que responder en esas entrevistas. Aunque me contactó uno del os responsables de la seccional del partido aquí. Me preguntó si podríamos reunirnos.

Al escuchar esas palabras Ariel detuvo en seco la bicicleta y de inmediato me respondió con su rostro que me decía que no estaba muy contenta después de escuchar esas palabras que le dije.

—Dale largo al asunto ¿queda claro? Ya no necesitamos del dinero público. Yo estoy segura que vas a quedar en esa empresa, además, no tiene mucho sentido defender el libre mercado siendo un empleado del gobernador. Y si hablamos de noticias raras, voy a tomar clases de Pilates, para variar la cosa.

En medio del enorme parque nos encontramos algo que nos sorprendió. La policía y la policía militar estaban reuniendo a todos los visitantes del lugar, como cosa rara, por la fuerza. Y en medio de aquel tumulto, se encontraba un muchacho que parecía tener cierto nivel de jerarquía entre la policía militar y que tenía un altoparlante entre sus manos.

—Estimados conciudadanos, muy cerca de nuestra órbita se detectó recientemente una nave que no ha respondido las advertencias. Así que los vamos a llevar a sus hogares mientras nuestras fuerzas van a hacer todo lo posible para retenerla y darle tiempo a ustedes los civiles para que regresen a sus hogares. Para lograr eso lo mejor posible, nosotros mismos los vamos a llevar. Gracias y disculpen las molestias causadas.

Cuando vi todo eso y como de pronto la calma se cambió por una tensión constante aparecieron en aquel desfile, en el cielo aviones y luces que buscaban algo a que dispararle. En ese momento, algo había muerto y así lo sentí.

Pero no quería compartir esa idea, aquella noche cuando ya habían pasado horas y llegada la noche tuve que hacer un té para poder cerrar los ojos tranquilamente. A la mañana siguiente, mis peores miedos no habían hecho realidad, me puse el traje y la sirena seguía dormida.

—Afortunada tú, que puedes entrar a una piscina y llamarlo empleo. Te voy a dejar café, pero no sabes cómo me gustaría decirte que todo a va estar bien, pero lo que pasó ayer me hace dudar mucho de eso.

Salí y encendí el auto. Se me ocurrió encender la radio y me detuve a escuchar una noticia. "El vehículo retenido ayer en nuestra orbita fue derribado; ya los escuchas deben darse una idea de dónde vino y lo que buscaba. La tripulación del mencionado no fue encontrada, una verdadera lástima. Aunque unos menos en el bando de los revoltosos si me permiten decirlo así de seco."

Pocos minutos después estaba rumbo a la entrevista, la ciudad parecía diferente, más pequeña y hasta vulnerable. Lo sentía en el cielo, en la gente que no dejaba de ver hacia arriba para luego regresar a sus vidas cotidianas.

Llegué a la hora indicada a la empresa, era un terreno donde en días pasados funcionaban unos telares industriales y me extrañó que fuera el único que estaba en la sala de espera. Una de las recepcionistas me comentó que si llegaban el resto de los candidatos comenzarían las entrevistas.

A los pocos minutos, la sala ya no estaba tan vacía posteriormente entró otra recepcionista e indicó. —Las entrevistas se van a hacer por el orden en que llegaron. Y pregunto ¿Quién de ustedes llegó primero?

Mi entrevista fue bastante ágil, lo bueno fue que no se extendió demasiado y me pude regresar a casa, donde podía buscar algo con lo que despejar mi mente. No quería mirar las noticias aunque, poco a poco me tocó caerme por abismo; buena parte de las secciones de la Federación se encontraban ya en una guerra abierta. Estaban tomando muchas zonas los pardos, con tácticas que habían tomado por sorpresa a las defensas de muchas secciones. Los Neo holandeses, los Serbo—Polacos y los británicos trataban de hacer lo posible para salir de Neo Galia. Al otro lado, pues la sección de los pardos estaba haciendo de las suyas en los alrededores de la órbita de Venus.

Esa tarde, la sirena llegó, con la cara arrugada y sin mucho que decir; no tenía muchas ganas de hablar. Me angustiaba verla así y ¿Qué podía hacer? Así pasamos hasta la noche, tratando de evitar tocar un tema delicado. Fue durante la cena cuando decidió bajar la guardia y buscar conversar. Su cara estaba dando el mensaje que quería quitarse ese peso de encima.

—Me despidieron, Ricardo. —Me dijo—, el hotel está pasando por un mal momento ya que no hay turistas o conferencia alguna, el equipo de atención de la universidad pasó a dejar de lado sus entrenamientos y muchos se han enlistado ya que temen lo peor.

—Vamos Ariel, no todo es tan malo. Manny me comentó que le di una buena impresión a su jefe. —le comenté, mientras la rodeaba con mis brazos—, tampoco estoy considerando enlistarme. Me parece una pérdida de tiempo eso, nos hace perder lo que nos hace humanos.

—Pero ¿Qué tal si vuelven a atacarnos y logran meternos en su juego? ¿Vamos a seguir huyendo y escondiendo el miedo entre sanciones y palabras bonitas? En ocasiones, te vas a encontrar con gente irracional que simplemente quieren pelear.

Aquellas palabras me llegaron, fueron como como muchas lluvias de golpes que sin querer la sirena me estaba dando y que eran necesarios. Ya que era la idea de defenderte era necesario para detener a un agresor, en ocasiones, sin importar las consecuencias que eso pudiera traer.