Capitulo 3

-Te digo que no son doce, son once, yo los conté.- le dijo Lelé a su primo.

-Yo deje doce.- le respondió Samuel mientras caminaban hacia un depósito en la cuidad.

-No eran doce, no sabes contar, eran once, yo los conté y te los entregue, once botellas de Whisky importado, les hice el moño yo mismo, no voy a saber cuántas eran.- dijo Lelé caminado junto a él detrás de sus hombres de seguridad.

-Eran doce, había una de demás.- recalco Samuel sin mirarlo.

-Que testarudo!, eran once, una para cada socio.-

-Sobraba una.- contradijo Samuel.

Lelé giro los ojos mientras esperaban afuera de una habitación, Sam lo miro de soslayo, él no era un tonto, había contado bien las botellas que debían regalarle a los socios de la firma.

-Está limpio.- dijo uno de sus hombres.

Entraron a la oficina mirando el mobiliario y unas cajas de madera que estaban en el centro.

-Hace cuanto salió?.- pregunto Samuel.

-Hace unos minutos, tenía prisa.- respondió Lelé.

-Si, para que no lo encuentre, revisen todo, papales, los cuadros, la caja de seguridad... Todo, quiero ver que esconde.-

Lelé miro dentro de la caja de madera que se encontraba con la tapa corrida y no vio nada dentro.

-Que tendría aquí?.- preguntó mirando otra caja vacía también.

Samuel leyó las etiquetas de embarque y luego a su alrededor, noto una pecera gigante sin agua dentro, entonces entendió cual era el contenido de las cajas.

-No se muevan...- pidió con cautela.

Todos lo observaron sin entender.

-Lo que estaba allí...- dijo señalando la pecera y luego señalo las cajas. -y aquí, anda suelto por la habitación, tengan cuidado.- dijo mirando el suelo por doquier.

-Que había allí?.- pregunto Lelé mirando la enorme pecera.

-Un tiburón seguro que no.- le respondió a su primo.

Lelé miro consternado el suelo hasta que noto la cola de una enorme serpiente.

-AHHH!.- grito dando un salto a una mesa. -AHI ESTA!, AHI ESTA!...-

-Como llegaste allí arriba tan rápido?.- le pregunto Samuel con curiosidad.

Lelé intentaba hablar mientras señalaba una esquina de la habitación.

-Esta ahí!.- dijo en un susurro.

-No creo que te oiga Lelé.- le dijo Sam. -Salgamos, que control animal se haga cargo.-

-Yo no me muevo de aquí, hay dos cajas grandes, la otra debe andar por ahí.- le dijo Lelé.

-Bájate de ahí quieres, ves a alguno de nosotros histérico por una serpiente?, deja de hacer el ridículo y baja.- Samuel lo miraba serio.

-Me va a morder.- Lelé estaba aterrado.

-Se deben haber asustado con tus grito, baja Lelé, la puerta está ahí.- pidió Sam caminando hacia la misma.

Los hombres de seguridad miraban a Lelé con gracia, salieron de la habitación pero Sam tuvo que quedarse en la puerta esperando a su primo, quien comenzó a saltar de mueble en mueble, sujetándose de ellos hasta llegar a la puerta, por donde salió a las corridas, Sam río por lo bajo y la cerró, miro a su primo que parecía alterado.

-Tienes una araña en el saco.- le dijo al pasar junto a él.

Lelé comenzó a gritar y a quitarse el saco a los tirones, Samuel río fuerte y Lelé se dio cuenta que no había tal araña.

-Idiota!, casi me muero del susto!.- grito Lelé levantando el saco del suelo y limpiándolo.

Samuel salió hacia el exterior mientras uno de sus hombres llamaba a control animal.

-Eres de película Lelé.- le dijo a su primo mientras entraba al auto.

-Respeto a esos animales y mi vida.- le dijo éste.

-Le tienes pánico. Es bueno saber eso.- respondió Sam.

-Llego a ver un animal de esos cerca mío y te lo hago tragar Samuel.- le amenazó Lelé.

Sam río con ganas.

Esperaron en el auto a que control animal hiciera lo suyo, a la hora de entrar nuevamente a la oficina, Lelé decidió quedarse en el auto, no regresaría allí.

Horas después regresaron al club con todos los papeles y lo que encontraron en ese lugar, entre Lelé y Samuel revisaron todo, buscaban algún dato que les sirviera para saber quiénes eran los socios de ese sujeto.

-No hay ningún Cortez.- dijo Lelé.

-Tiene que haber, deben estar con otro nombre.- respondió Sam buscando su celular que estaba sonando. -Avril, lo tienes?.-

-Si, y tiene otro depósito.- respondió ésta.

-Cuidado porque le gustan las serpientes, a nosotros nos dejo sus mascotas para que nos saludaran.- advirtió Samuel a su hermana.

-Bien, te aviso cuando tenga algo.-

Avril termino la llamada e hizo que sus hombres entraran al depósito, cuando Sasha salió del mismo y abrió la puerta de su auto, ella bajó y camino hasta el lugar mirando las cajas.

-Le gustan las serpientes, le dejo un regalito a mi hermano, tengan cuidado.- pidió a sus hombres mientras caminaba por un pasillo.

Dentro de la habitación había muchas cajas abiertas, ella las miro y vio muchos muñecos de peluches en ellas, todas estaban llenas de éstos.

-Vas a poner una juguetería Denver?.- preguntó acercándose al sujeto que estaba de pie a un lado de la habitación, sus hombres lo mantenían allí para que no huyera. -o son los juguetes de tus serpientes?.-

Avril lo miro con una sonrisa.

-Porque me persiguen así?, no sé que les hice.- respondió el hombre con miedo.

-Estas en falta, por eso tienes miedo.- dijo Avril mirando una mesa donde habían muñecos con el relleno afuera.

Se acerco a la mesa y tomo un muñeco mirándolo, luego observo unas cajas cerradas cerca de ella y saco sus conclusiones.

-Abran esas cajas.- ordeno a sus hombres.

-Son solo más muñecos.-

-De ahora en mas no quiero volver a escucharte...- le dijo al sujeto señalándolo con un dedo.

Sasha estaba de pie a un lado de Denver, lo miraba serio, su altura y porte abrumaban a cualquier persona, Denver comenzó a temblar cuando un hombre de Avril le alcanzó un muñeco y ésta comenzó a inspeccionarlo, hasta que tomo una costura y de un tirón lo abrió, metió la mano entre el relleno y una sonrisa apareció en sus labios.

-Denver, Denver, Denver...- dijo sacando una bolsa con pequeñas pipetas de droga. -hubieras traficado serpientes.-

El sujeto intento correr pero Sasha lo tomo por el cuello y sin hacer esfuerzo alguno lo estrello contra el muro.

Avril se acerco a él mirándolo con una sonrisa perturbadora.

-Dime, que idiota te entrego ésta porquería?.- pregunto mostrándole una pipeta.

Denver no podía respirar, Sasha lo soltó pero lo sostuvo contra la pared para que no se escapara.

-No sé que hacen allí.- respondió el sujeto.

Avril sonrió ante esa respuesta, luego lo observó seria y fijamente a los ojos.

-No te matare si me dices quien te dio ésto.-

El sujeto no dijo nada, sabía que si hablaba lo matarían, Avril lo miro a los ojos y en un movimiento rápido lo tomo con una mano por el rostro y le metió la pipeta de unos tres centímetros en la boca.

-Trágala!.- dijo ella, como él no la tragaba, le abrió la boca y metió sus dedos dentro de ésta empujando la pipeta.

El sujeto se ahogo pero la trago, quería zafarse de Sasha pero éste lo sostuvo con más fuerza.

-Denme mas.- pidió Avril estirando su mano hacia sus hombres, uno de ellos le entrego varias y Avril con ayuda se Sasha se las hizo tragar.

Denver tosía y Avril se alejo, miro a Sasha y éste le dio un golpe en el estomago que lo hizo doblarse del dolor.

-Con mucha, pero mucha suerte no se abrió ninguna pipeta, si no es así, empezaras a vomitar sangre, y en unos minutos morirás...- dijo ella limpiándose la mano en un pañuelo que le alcanzo uno de sus hombres. -no tienes mucho tiempo, así que mientras más rápido me respondas...-

-Pino... Pino Cortez me dio la droga, me dijo como tenía que empaquetarla... Y... Llévame a un hospital por favor...- pidió arrodillándose por el dolor.

-Y?...- pregunto Avril mirándolo seria.

-Y me dijo a quien entregársela...- respondió él. -Arthur Leiva, es el que la distribuiría.-

Avril apretó la mandíbula, los latinos estaban inundando de droga la ciudad y obviamente, el responsable era un Cortez.

-Llévame al hospital por favor.- pidió antes de vomitar sangre.

-Incendien todo... Seguramente los bomberos te ayudaran.- dijo ella saliendo de la habitación.

Sasha la acompaño hasta el auto y luego subió como acompañante del chofer.

-Pino es el que se robo la mercadería verdad?.- pregunto Sasha cuando el auto comenzó su marcha.

-Si, mi padre dijo que se encargaría pero no sé cuando será eso, ni que tiene planeado, lo que si sé es que mientras siga en la cuidad tendremos más de ésta mierda.- respondió ella.

-Porque no lo mata y ya?.- pregunto Sasha.

-Porque son socios de gente importante, de socios de papá, del alcalde... La única manera de sacarlos es si los socios les sueltan la mano y supongo que eso está buscando papá, no quiere empezar una guerra, es algo que mi abuelo tampoco quiere.- respondió Avril.

Sasha no hizo más preguntas, si Matthew Mayers no quería una guerra, todos harían lo que él decidiera, cuando lo vio por primera vez entendió porque todos lo respetaban, era un hombre entrado en años, pero en su mirada se notaba la sangre de sus enemigos.

Avril suspiro pensando, tenían que encontrar a Arthur Leiva, pero era uno de los criminales más buscados por la policía y el jefe de la departamental Catterberg tenía negocios con él, por eso nunca lo apresaban, solo que ahora se cruzo en el camino de los Mayers y eso le costaría mucho.

Samuel y Lelé no encontraron lo que buscaban, necesitaban algún papel que vinculara a Denver con los Cortez para tener algo conciso, Avril entro a la oficina del club con Sasha detrás.

-Arthur Leiva...- dijo ésta sentándose en un sillón. -Pino Cortez le dio la droga, Denver con nuestro crédito compro cajas y cajas de muñecos peluches, les quito el relleno y metió la droga, y Arthur Leiva era quien iba a distribuirla en la cuidad, obviamente, éste idiota trabaja para Cortez, ellos están metiendo la droga en la cuidad.-

-No falta nadie en la fiesta.- comento Lelé.

-Maldita sea, y donde esta Denver ahora?.- pregunto Sam.

-En el hospital, si llegaron a tiempo los bomberos.- respondió Avril.

-Incendiaste el depósito?.- pregunto Sam casi sin creerlo.

-Si, y le hice tragar su droga.- respondió Avril con orgullo.

-Eres tonta?.- pregunto Sam enojado.

-Y ahora qué?.- Avril no estaba de humor para los planteos de su hermano.

-Que si no hubieras incendiado el depósito podríamos haber engañado a Leiva, ahora sabrá que nosotros los descubrimos, esa era nuestra oportunidad, como demonios demostramos que Leiva era quien distribuía la droga?, no piensas Avril.- respondió con enojo Samuel.

Avril lo miraba fijamente pero muy dentro de ella sabía que tenía razón.

-Para ti hago todo mal.- respondió seria.

-Si, prácticamente.- dijo fastidiado Samuel.

Avril se puso de pie mirándolo y salió de la habitación junto a Sasha, Lelé suspiro agotado mentalmente de las peleas de sus primos.

-Estas muy estresado Sam, ella no tiene la culpa, hizo lo que creyó mejor.- dijo a su primo.

-Hace lo de siempre, arruinarlo todo.-

Tocaron la puerta y Lelé fue a abrirla, el técnico en informática apareció con su computadora portátil.

-Einstein.- dijo Lelé dejándolo pasar.

-Mark... Me llamo Mark...- susurro al entrar.

-Necesito que busques en las cuentas de Denver alguna conexión con Cortez o con Arthur Leiva, aquí...- dijo señalando lo que trajeron. -están los papeles, hay números de cuentas.-

El joven miro los papeles sin creer que tendría que revolver allí para encontrar algo.

Samuel salió de la habitación y Lelé se quedo mirándolo.

-Ya encontramos las cuentas, aquí están.- le entrego un papel al joven quien suspiro aliviado. -llévalo a tu departamento y busca tranquilo, pero no olvides que el tiempo es oro.-

-Gracias.- dijo tomando el papel y girándose para salir, no sin antes darle una mirada a Lelé que lo observaba fijamente, realmente les tenia pánico a los Mayers, no sabía en qué momento pensó que era buena idea trabajar para ellos.

Lelé se relajo cuando el joven se fue, necesitaba descansar, distraerse, algo que sus primos también necesitaban.

… … …

Avril fue al hospital donde estaba Denver internado, busco su habitación y entró sin llamar.

-Señor Denver, como está?.- preguntó Avril con su mejor sonrisa.

El hombre la miro consternado, estaba conectado a muchos aparatos y había estado al borde de la muerte, ella se sentó en su cama alisando la falda de su vestido y luego miro a su alrededor colocando un mechón de su cabello detrás de su oreja.

-Llamaras a Leiva, y le dirás que te quemamos la mercadería, pero que ya tenías algo preparado, y que quieres deshacerte de ella lo antes posible.- dijo Avril mirándolo a los ojos.

-No... No va a creerme.- susurro el sujeto.

-Espero que seas convincente, o te haré tragar mas de tus caramelitos.- le dijo con una sonrisa. Saco un celular de su bolso y se lo entrego. -Mañana, en ésta dirección.- le dio un papel y éste lo leyó.

-No va a creerme, es muy desconfiado.-

Avril suspiro molesta mirándolo fijamente.

-Te matare si no lo haces... Dile que la mercadería que no quemamos estará en esta dirección, a esa hora.-

Denver marco un número en el celular y espero a que atendieran, cuando lo hicieron miro a Avril con miedo y comenzó a hablar, intento sonar normal aunque le temblaba el cuerpo bajo la mirada penetrante de Avril, cuando acabo le devolvió el celular a la joven.

-Me... Me dijo que irá a buscarla mañana.- dijo con miedo.

-Genial!, ahora vas a prepararte para un paseo.-

-No puedo salir de aquí, ni siquiera puedo caminar.- le explico temeroso Denver.

Avril giro sus ojos y chasqueo sus dedos, Sasha apareció mirando al sujeto y a ella.

-Busca una silla de ruedas.-

Sasha camino hacia la puerta de salida de la habitación mientras Avril se ponía de pie.

-Si algo sale mal, te voy a rellenar con la droga como hiciste con los muñecos, entendiste?.-

El sujeto asintió aterrado.

Sasha entro con una silla y dos hombres de seguridad de Avril, ella se coloco los lentes de sol y salió de la habitación, arreglaría ésto y su hermano tendría que reconocer que era buena en lo que hacía.

… … …

Samuel se sentó en el sofá de su departamento, tomo una botella de champagne y la abrió, se sirvió en una copa y lo bebió de una vez, el timbre sonó y se puso de pie para atender a su visita.

-Hola bebé.- dijo una jóven rubia y muy sensual.

-Hola muñeca.- saludo él con una sonrisa.

La hizo pasar y ella dejo su bolso y su chaqueta en el sofá.

-Cenaste?.- le pregunto Sam sirviendo mas bebida en dos copas.

-Si... Tu departamento sigue apestando, porque no contratas a un diseñador?.- pregunto la joven con una sonrisa.

-Para qué?, aquí vengo cuando quiero relajarme, no necesitó más que una cama.- respondió él entregándole la copa y acercándose a ella con una sonrisa seductora.

-Siempre tan romántico.- susurro la jóven bebiendo de la copa.

-Te llevare a cenar una de estas noches.- dijo Sam dejando la copa en la pequeña mesa y tomo a la muchacha por la cintura.

-Promesas, promesas, hace meses que dices lo mismo.- respondió ella dejando la copa junto a la de Sam.

-Te lleve a cenar a ese local italiano.- dijo él acercándose a su cuello para besarlo.

-Hace un año de eso.- la joven le dejo espacio para que él hiciera lo que quería.

-Tanto... bueno, la semana que viene vamos a cenar...- Sam busco sus labios para besarla con ansias.

Sus encuentros siempre eran así, una que otra cena de por medio pero nada que pudiera llamarse relación, todo los amantes de Samuel tenían el mismo trato, el amor era algo que para él no estaba disponible, así que solo se perdía de cuerpo en cuerpo cuando le daba la gana.

Esa noche dejó que todo su estrés se perdiera en el cuerpo de esa muchacha, como la noche anterior fue con un joven, desde que tenía noción del tiempo, su vida amorosa era así, no tenía conflictos a la hora de intimar con un hombre o con una mujer, su único conflicto era consigo mismo.