La carta inesperada

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Mientras sonaba un cuarteto para cuerdas y piano, el hombre en el despacho trataba de concentrarse en beber el Whiskey que sostenía en su mano sin pensar en nada más porque su atención estaba absorta admirando el vaso que giraba en su mano descartando su propio reflejo; su mente quería divagar en nada sin embargo él mismo no lo permitió. En su cabeza apareció el calendario con la fecha de hoy, era importante que pusiera manos a la obra en el trabajo que tenía pendiente y lo habría comenzado en ese momento si su mayordomo no lo hubiera interrumpido, este entró en su despacho sin tocar la puerta llevando una pequeña bandeja de plata.

—Disculpe que lo moleste Señor, llegó esto para Usted.

El hombre recibió la bandeja y vio en ella un sobre. No esperaba correspondencia ese día así que dejo el vaso de Whiskey a un lado y revisó el sobre mientras el mayordomo salía de la habitación. El remitente era un nombre que no le decía nada, un tal Richard H. El Señor H era un desconocido así que ignoró el sobre dejándolo a un lado en la mesa sobre otros documentos que estaban ahí a la espera de ser revisados en algún momento. Tenia mucho que hacer como para perder el tiempo con ese sobre y el remitente desconocido.

Se levantó del sillón y fue directo a su escritorio para retomar el trabajo pendiente: su nuevo libro que requería de toda su atención. Trabajó durante las siguientes tres horas, más o menos, en ese texto sobre la "Segunda guerra mundial" que llevaba preparando desde hacía algunos meses y que se trataba de una larga serie de memorias de sus días como agente al servicio del Tercer Reich.

Mientras repasaba los hechos en su mente una y otra vez revisando fechas y corroborando que estos estuvieran en el orden correcto llego de pronto el recuerdo de un solado.

En ese momento detuvo su escritura bruscamente tratando de reordenar sus pensamientos mientras se ponía de pie lanzando la silla hacia atrás sintiéndose como herido por un rayo. En su cabeza vio a un soldado que le apuntaba con un arma mirándolo con desprecio. Él estaba en el suelo indefenso y casi moribundo en medio de un charco de sangre y, tratando de no morir, alcanzó a ver la placa de aquel soldado que estaba por matarlo: Richard H.

Ese era el nombre del soldado americano y el mismo que estaba en el sobre en la mesa.

Fue directo por el sin perder tiempo abriéndolo. La hoja estaba doblada en tres. El hombre lo leyó con calma y gran interés.

"Apreciable Sargento S:

Perdone que me haya tomado el atrevimiento de escribirle pero, tengo que decirle que soy su más ferviente admirador. He leído todos y cada uno de sus libros sobre las dos grandes guerras y sobre las atrocidades acontecidas en ambas, en especial, en los campos de concentración.

Apuesto a que Usted conserva todos estos recuerdos en su memoria así como los sentimientos que le producen mientras escucha algún cuarteto de cueras y piano de Mähler".

Su amigo, H.

El Señor H fue uno de los tantos soldados americanos que llegaron a la Alemania de Hitler hacia el final de la guerra; H no lo mato no sabiendo bien por qué pero, le permitió vivir y así huyo de Alemania luego de los juicios de Nuremberg; pasado algún tiempo cruzo el océano refugiándose en la nación americana olvidando por completo el evento con el soldado.

¿A qué venia esa carta precisamente ahora, querría matarlo acaso?

Han pasado muchos años desde entonces, ¿por qué esperar tanto para hacer algo así? Releyó la carta una y otra vez no encontrando amenaza alguna en el cuerpo de la misma, el encabezado o cierre como tal, ni un solo "Cuídese que iré por Usted". Solo era una carta plana en la que H expresaba ser aficionado a sus libros de historia. Tras una larga meditación al respecto y, sintiéndose más tranquilo, se fue a la cama.

Esa noche soñó con el soldado H. En su mente se recreó el momento justo en el que estaba en el cuartel alemán rodeado de destrucción, la guerra estaba por acabar y él yacía en el suelo herido de bala, por otros soldados, y cubierto de sangre mientras H le apuntaba con un arma y, de fondo, sonaba el cuarteto de cuerdas y piano de Mähler que se quedo sonando en el tocadiscos antes de que fueran atacados.

Se despertó justo cuando en su mente sonó el estruendo del disparo.

Ahí estaba la respuesta a sus inquietudes: el soldado H iría a matarlo, iría por él para terminar lo que quedo pendiente tantos años atrás; su inconsciente se lo decía. No había escapatoria, no como aquel día casi al final de la Alemania nazi, en las oficinas el campo de concentración.

Las pesadillas lo atormentaron el resto de la semana, veía en sus sueños imágenes violentas protagonizadas por él y el soldado donde este lo terminaba matando de un disparo. En ningún momento se metió directamente con algún americano así que el soldado simplemente lo mataría como parte del cumplimiento de su deber. Así como él asesino a tantos en el cumplimiento de su deber.

Su mente, sus recuerdos y ahora estas ideas sobre su posible muerte no lo dejaban estar.

La fecha limite para la entrega del texto llego y su editor recibió alegremente el manuscrito casi pudiendo predecir las grandes ventas que tendría ese nuevo ejemplar apenas lo pusieran en los anaqueles de las librerías.

Sin embargo el autor, el Señor S, suspendió toda presentación publica a partir de ese momento; no quería ponérselo fácil al soldado H porque sabía bien que sería altamente probable que lo cazara en medio de un sitio abierto aunque poco probable que se arriesgara a matarlo en un sitio repleto de personas. Aun así, prefería mantener la distancia del publico, al menos, por una larga temporada.

El tiempo paso rápido. Ya habían pasado meses y, desde esa carta, no había vuelto a recibir otra como si el soldado H se hubiera desvanecido de su vida y sus pensamientos de un momento a otro. Durante ese tiempo él se mantuvo alerta, alejado de la gente y, al cabo de un tiempo, olvidó casi por completo la existencia de aquel némesis imaginario.

Una tarde el mayordomo le llevó la correspondencia de la semana como hacia cada lunes dejando la bandeja de plata sobre el escritorio. Apenas salió, S tomo todo el grupo de cartas revisando cada una de forma minuciosa, quería asegurarse de que no había carta del soldado H; sin embargo esa semana fue la novedad.

Su corazón dio un respingo al ver que ahí estaba el horrible nombre escrito en el remitente del sobre. Con mano temblorosa decidió abrirla y leerla cuanto antes, así podría estar preparado para lo peor además de ser presa de una curiosidad morbosa sobre el texto de la misma.

"Apreciable Sargento S:

Me permito extender mis felicitaciones por otro gran ejemplar. Como ya lo he dicho, soy gran admirador suyo y he considerado, por largo tiempo, en pasarme por la oficina de su editorial a fin de pedirle que me haga el enorme favor de autografiar uno de sus ejemplares.

Seria para mi un gran honor.

Lo estoy considerando muy seriamente ya que debo cruzar el país para llegar hasta su oficina que se encuentra en Bostón y, tengo entendido, que Usted mismo tiene su residencia ahí también. Reencontrarme con Usted luego de tantos años y, en otras circunstancias, será una experiencia enriquecedora.

Su amigo, Richard H".

La carta le heló la sangre, entonces ese hombre iría hasta su casa para matarlo después de todo. Trato de tranquilizarse un poco mientras revisaba nuevamente la carta así como el sobre; la dirección del remitente era una ubicación en Oregon; al otro lado del país ciertamente. Por su puesto que no se esperaba que fuera a verlo como mencionó pero no estaba del todo tranquilo a fin de cuentas. El sudor cayo por su frente mientras el corazón le latía con fuerza, se reacomodó en la silla sintiendo un terror horrible imaginando todo lo que podría pasar de ahí en adelante.

Desde ese día fue presa de ese miedo, de ese terror aislándose en su casa y evitando a toda costa el tener que salir.

Lamentablemente, la edad y las preocupaciones del Sargento S se llevaron su vida tiempo después sin reencontrarse con Richard H, este jamás fue a sus oficinas o su residencia aunque, antes de fallecer, el Sargento le mando una carta tratando de poner paz en su mente e intentando cambiar un poco el curso de las cosas:

"Mi muy estimado Señor H:

Tras mucha deliberación me decidí a responder a sus cartas mientras escucho un cuarteto para cuerdas y piano; uno de Mähler para ser exactos. Le aseguro que me traen peores recuerdos de lo que Usted imagina.

No entiendo a donde quiere llegar mandándome esa correspondencia luego de tantos años que han pasado de la guerra y del momento en que Usted y yo nos conocimos. He llegado a la conclusión de que Usted quiere atormentarme ya que he estado esperando su visita por meses. Visita en la que, imagino, Usted querrá terminar lo que dejo pendiente aquel día en la Alemania nazi y quitarme la vida.

Lamentablemente, amigo mio, me adelantaré ya que no deseo ser asesinado por Usted.

Con afecto, el Sargento S".

Por supuesto que Richard H recibió la carta, algún tiempo después, sin entender del todo a donde quería llegar el Sargento. Tras saber sobre su fallecimiento concluyo que no alcanzo a aclararle que era honesto cuando se hizo llamar su admirador y no pretendía otra cosa más que seguir comprando sus libros y que uno fuera autografiado porque, después de todo, el Sargento S era su ídolo.

No lo mato en la guerra porque, de uno u otro modo, compartían ideales.

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FIN

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*Notas: Estoy practicando la escritura a base de "promts", espero poder mejorar mi estilo. Gracias por leer.