Toc, toc.

Puedes pasar. No es como si alguna vez hubieses necesitado permiso para entrar aquí, para hundir tus dedos en la pústula tierna.

¿Quieres hablar? hemos estado aquí tantas veces y aún abogo a la clemencia para conseguir algo, tener algo de ti sin romper mi mutismo.

Hoy el cielo está precioso... ya, disculpa, estoy desviando las cosas otra vez. Cosas... cosas, hay tantas. Hay tanto.

¿Te conté que he vuelto a comer? sí, vale, no voy a pasarme. No, sí, tal vez debería controlarme. No, no, está bien, sé que te preocupas por mí.

Cuando estoy triste masco chicles de cereza, son mis favoritos. Aunque el sabor me regrese a la niña tonta... Sí, sí, no es importante. No debí haber estado ahí. No debí haber estado.

No quiero estar aquí.

Saldré mañana.

Hay un par de ojos pardos sonriéndome, ladinos. No quiero esto, pero no me escucho. ¿Me escuchas? haha, sí, hace mucho no hablamos. Te quiero. Sí, ya comí. Seis manos sucias en la tela blanca y tengo miedo, pero está bien. Está bien. ¿Cuándo regresas? hay algodón en mi boca, hay algo en mi boca y no puedo escupir.

Duele. Duele. Perdón. Huele a cloro, y me pican las piernas. Arde. No, creo que no iré, dale saludos de mi parte. Quiero gritar.

Dices que no digo nada; ¿mi silencio te agrede? estoy pudriéndome en estas sábanas rogando morir y tú sólo reclamas que no estoy aquí.. ¿Aquí?

No me toques.

Odio los chicles de cereza. ¿Por qué me miras así? tu incuria me repugna. Me repugno. Hace frío, ¿has dormido bien? te extraño. Me están lastimando y no estás.

¿Por qué no te vas?

No se va. No se van. Las manchas siguen. Aquí debajo, dentro, en la carne. ¿Me vas a marcar también? No le diré a nadie, nadie sabe, nadie daña. Sé que odias cuando me disculpo, no sé qué hacer.

Perdón, no quería llegar tarde. ¿Estás enojado? no sabía dónde volver. Estoy bien. Me he connaturalizado con esta mala pécora que es la náusea.

¿Puedes abrazarme antes de que ya no quede nada que abrazar?