CAPÍTULO 5

Mis palabras tienen un fuerte efecto en ella, provocando que retroceda unos pasos y se tambalee. Siento la necesidad de acercarme y ayudarla a estabilizar su equilibrio, pero me abstengo. Al final ella logra controlarse por su cuenta y yo me siento más impotente que en toda mi existencia.

—¿Eso significa que estoy muerta? —se atreve a preguntar, débil pero intensa.

—No aún. Estás en una especie de dimensión intermedia. Se supone que mi trabajo es guiarte al mundo de los muertos y nada más, pero no quiero porque entonces todo estará perdido. La única manera de regresar a tu mundo es si alguien logra sacarte de tu coma antes de que tu estado se vuelva permanente. Tu alma debe encontrar el modo de regresar…

—Pero mis amigos ni siquiera saben, están en la cafetería pensando que yo estoy bien y…

—No Katherine. Lo que viviste hace rato fue producto de tu mente, lo que hubiera pasado si el derrumbe de la biblioteca no te hubiese enterrado… —una lágrima recorre mi mejilla, no obstante, no es nada comparado con el mar de llanto que es mi protegida en estos momentos.

—Y tu crees que si hubie… —intenta hablar, pero un dolor insoportable silencia sus preocupaciones. Llega a tal grado que hasta a mí me duele. Ella se desploma al suelo y suelta un grito ahogado. En ese momento, lo que pasará conmigo pierde toda su importancia; decido acercarme a ella e impulsarla a ponerse de pie. La rodeo con un brazo y la dejo apoyar todo su peso en mí con la intención de ayudarla a sobrellevar la agonía.

—¿Qué está sucediendo?

—Ya está decidido Katherine, cómo lo siento.

Quiero decirle algo más… quiero hacer algo más. Quiero protegerla de todo esto, quiero poder decirle que todo estará bien sin mentirle, pero no puedo. Su mano en mi hombro me saca de aquel abismo en el que me había estado cayendo lentamente.

—Gracias.

—¿De qué hablas?

—Ahora lo entiendo. Lo que has hecho por mí. Gracias Ayden.

—Kath… no fue suficiente.

—Pero lo diste todo, al punto de que evitaste que me cayera, a pesar de que eso te destruiría.

—¿Y tú cómo sabes eso?

Su mirada me responde. No me sorprende, ella siempre fue muy inteligente. Ambos nos dejamos caer al piso con lágrimas en los ojos. Siento su sufrimiento y, al mismo tiempo, su tranquilidad… después de tanto tiempo… puedo sentirlo.

—No te culpes Ayden. Soy una simple mortal después de todo —sus ojos se cruzan con los míos, y en ellos logro encontrar algo de calma. Es curioso pensar que ella siempre fue la más fuerte de nosotros dos…

En esencia, reconozco que tiene razón… es una mortal, y yo sabía en lo que me metía. Qué ironía, un ángel de la muerte enamorándose de su protegida. Esta vez crucé la línea.

—Eres muchas cosas Kath, pero simple no es una de ellas.

Su último aliento se fue en una leve risa que iluminó sus hermosos ojos. Por mi parte, no pude haber pedido más que su sonrisa haya sido lo último que presencié antes de dar el mío propio. Cierro los ojos, preparado para lo que viene, dejando a la oscuridad invadirme hasta el punto de terminar en desaparición. En silencio, agradezco la trágica situación porque, a final de cuentas, el precio pagado resulta insignificante ante el valor del último momento que compartimos.