Nota 1: El capítulo es corto, el siguiente será bastante largo y seguramente deberé de partirlo en dos (para no agobiar la lectura digital). Ya tengo estimado que más o menos serán 35 capítulos, quizás más, dependiendo de cómo vaya todo y más o menos de que tratara cada uno. También, para esta versión online, pondré "interludios" cada diez capítulos con una introducción a los personajes, en este caso, los del grupo de Martin. Será contar un poco de ellos, dar una descripción física más detallada y algunas cosas extras. Como la introducción solo que sin intro, ya que se contaría un poquito de su pasado, qué fue de ellos en el caos del seudo apocalipsis y su posterior llegada a la fortaleza, con, si es necesario, un poco de su vida allí (aunque creo que solo en el caso de Em es más importante eso). Comenzaría con Laura, seguiría con David y por último Emmanuel.


Capítulo 5: Decisiones

Era como estar bajo el agua, la sensación que rodeaba a Victor. Los sonidos eran amortiguados y lejanos, se sentía flotar y, por unos instantes, nada importaba. Pero como todos aquellos que nos hemos sumergido alguna vez, sabemos que siempre saldremos a la superficie. Lentamente el mundo intentó invadirlo, una vez más, y agobiarlo con todas las sensaciones de golpe. El dolor lo demuele con rapidez cuando al fin puede dar un respiro fuera de este lugar donde estuvo inducido, seguido de un pitido constante en el cual las voces se habían convertido abrumándolo de un modo inexplicable. Tarda sólo unos segundos en volver en sintonía con el mundo de los vivos, los cuales fueron eternos. Con un gemido oculto entre las sabanas, el comandante apenas se giró en su cama sintiendo por primera vez en mano propia las drogas experimentales de Kailahi para mantenerte dormido y el dolor sordo de sus heridas remachadas. Intentó abrir sus pesados ojos, pero sabiendo que es una batalla perdida se resigna, mientras se centra en el único consuelo que encuentra: la voz susurrante de ella y Takehiko.

— Deberíamos enviar un equipo a buscarlos —, la voz del hombre en insistente pese a su susurro que apenas la vuelve audible.

— Seria muy riesgoso —, ella contradice usando una tonalidad más bien dudosa, como su sopesara realmente sus opciones y en base a esto mismo su conversación queda en pausa momentánea antes de que continúe—, no sabemos con certeza qué camino tomaron y puede que vuelvan antes de ser encontrados por el segundo grupo, ¿enviaríamos un tercero a buscar el segundo? Sería ridículo.

— ¿Entonces sólo esperaremos? —, aunque salió como pregunta ambos sabían que era una afirmación. No había acusación en el tono, ni resignación, solo simple y llanamente una aceptación de la única opción viable. En un mundo con aún tecnología ellos podrían intentar contactarse, ahora si quiera intentar arcaicos estilos de mensajeo sería peligroso. El silencio vuelve a propagarse y Victor está seguro que se manifiesta gracias a que estas dos personas tienen una discusión silenciosa o simplemente porque acomodan sus ideas—, ¿el otro asunto? ¿Qué haremos?

— Es complicado —, su respuesta sale tan rápido como la última silaba es mencionada, lo que recalca que está a la defensiva y su tono, infantil y poco característico, solo reafirma aquella suposición. Hay un movimiento, escucha los pasos alejarse y volver, lo que da a entender una caminar nerviosos por parte de ella (ya que Takehiko era incapaz de tal hazaña—. Si mandamos un grupo para recuperar a Roni, ahora, quedamos desprotegidos —, la simple mención de la cadete perdida hace que el corazón de Victor latiera más fuerte y se obliga abrir sus ojos cansados para evaluar mejor la situación; no lo logra. Por parte de ella, ella mantiene un tono de rabieta, demostrando como la situación estaba superándola— No tenemos más líderes que puedan comandar un grupo y sólo quedan los guardianes de la muralla que nunca han salido o niños que apenas comienzan su entrenamiento.

— Puedo…

— No —, ni bien el hombre comenzó a sugerir una solución ella lo calló chistando y negando con un tono más alto al que ambos usaban en ese momento para no despertar a Víctor, sin saber que este los escucha con atención. Ambos sabían cuál sería la sugerencia y la incongruencia de esta misma. Al fin, el comandante, logra abrir sus ojos y enfocarlo en la pareja. Takehiko está sentado en la silla alta que suele usar la médica para sus investigaciones y/o anotaciones, su pierna con la rodilla destrozada y mal sanada está extendida verticalmente; ella, por su parte, ahora se posa frente a este y tiene una mirada decisiva que hiela la sangre del adulto, sabe que esto no puede traer nada bueno—, apenas puedes estar un par de horas parado sin sufrir, nunca podría mandarte al frente, menos sabiendo que tus posibilidades de volver son casi nulas.

— ¿Gabriel? —, la sugerencia era lógica, los tres lo sabían, pero no por ello la acertada. Susodicho estaba entrenado y más que equipado para llevar a cabo la misión, pero después de que tuvo un ataque de asma en medio de una de ellas hace años que casi lo lleva a la muerte, tanto ella misma como Emmanuel (exigió) decidieron que lo mejor era reducirlo a tareas pasivas como otros habitantes del lugar. Había más adultos, entrenados, pero todos tenían una razón por la cual no serían activos óptimos; también estaban aquellos retirados, no eran muchos, pero se habían ganado su jubilación.

— ¿Quieres que Emmanuel no sólo pierda a su hermana sino también a su marido? —, ella alza su ceja antes de soltar tal palabra acusatoria, sus brazos se cruzan sobre su plano pecho y parece estar retándolo a que intente reafirmar lo contrario. Take niega con su rostro, retrocediendo y bajando su mirada, pensativo, distante y el silencio vuelve a rodearlos mientras las alternativas son tachadas lentamente en sus mentes.

— Tal parece que solamente nos queda esperar a que el grupo de Martin regrese y mandarlos a buscarla —, esta parecía, indudablemente, la única solución, pero no la mejor. Cuanto más tiempo pasara más posibilidad habían de que, si por casualidad, Roni estaba viva pudiera morir por sus heridas o ser presa fácil para cualquier mutante; si había sido secuestrada había menos posibilidades de seguir el rastro cuando más esperasen; y como última alternativa, que todos deseaban que no fuera real, si ella había muerto la única forma de recuperar sus cuerpos sería si iban antes de que cualquier mutante decida devorar sus restos. Ella mínimamente se merecía un entierro digno y Emmanuel un lugar donde llorar, llegado este caso. La opción, nuevamente, aunque era la más razonable también se convertía con facilidad la menos deseada.

El silencio se propaga tras esta afirmación, pesado y sofocante. Victor duda si hacer algo para llamar la atención en él, especialmente porque su garganta lo está matando y daría lo que fuera por un poco de agua; se siente, de igual modo, cruel de irrumpir este momento tan frágil. Los observa sintiéndose inútil, sabiendo que es su culpa y que él debería de arreglarlo. También siendo consciente que no podría hacerlo, aunque intentara ponerse de pie o salir de allí, no si deseaba vivir y no perecer en medio del camino. No sería un cadáver más que enterrar, su corazón no le permitía tomar tal elección por mucho que doliera dejar a su amada pupilo a un destino cruel. Sin poder evitarlo, aprieta los dientes maldiciendo internamente a Alicia y a Clara por su elección egoísta que firmó un destino indeseado. Y si ellas no lo hubieran desobedecido ahora no tendrían este dilema ni una terrible noticia que darle al buscador.

— Iré —, la voz de ella corta cualquier estupor en el que se encontraran. Ambos adultos mueven su rostro para fijarse en ella tan rápido que sus músculos se quejan y casi sienten que alucinan o escuchan mal dado que esa simple palabra era irreal.

— ¿Qué?

— ¿Qué? —, la voz de Victor hace eco a la de Takehiko ganando no sólo un resoplido por parte de ella, sino que la atención se dirigiera completamente a él. Su garganta duele tanto que solo pronunciar tal palabra hizo que su voz saliera ronca y dolorida lo que posteriormente, y aunque intento que no sucediera, terminó en un ataque de toz. Ella es la que se mueve primero, abalanzándose junto a la cama e intentando que se colocara en una posición casi sentada. Takehiko es más lento debido a su pierna y reguera con una botella de agua que ya tiene una pajita que les extiende sin dudarlo antes de dejarse caer en la silla junto a la cama. Ninguno dice nada más dejándolo recuperarse y cuando al fin la toz se calma, bebe agua y se puede recostar nuevamente gimiendo de dolor, la niña vuelve hablar.

— Llevaré algún veterano conmigo, no iré sola, pero seremos sólo dos. Será rápido, sin equivocaciones —, ella intenta explicarles, pero a cada palabra ambos parecían querer meter bocado o hasta llegaban a soltar algunas consonantes por ahí, pero no les permitió tapar su voz—, ninguno está en posición de detenerme, ni notarán que me fui. Saben que no soy indispensable para que el lugar funcione, a diferencia de ustedes, así que no pueden discutir conmigo.

— Pero lo eres —, el japonés agregó sin dudarlo—, eres la imagen y quien ha tenido la mayoría de las ideas. Nuestras vidas están a salvo por ti, puede que nosotros hagamos el trabajo pesado, pero nada nacería sin ti.

— Take —, la voz de ella es burlona, mientras suelta un suspiro mezclado con un bufido. Hay una sonrisa en su rostro mientras niega con firmeza y rueda los ojos al dejar que las palabras del hombre se hundan por completo en su ser—, lo pondré de este modo: soy la "líder", como bien dices, y les ordeno dejarme ir. Quieran o no, lo haré.

La conversación finaliza cuando ella reafirma que lo hará de una u otra forma. Ambos saben que pueden intentar detenerla, quizás encerrarla o atarla, pero también saben que es escurridiza y en el momento que se den vuelta ya no estará allí. Quieren discutir, pero hacerlo desestima sus propios argumentos de que ella lleva el lugar y que ella es, en cierta medida, la ley. Así que, con su mejor cara de desaprobación, la ven marcharse. El silencio ahora se extiende entre los dos viejos amigos. Takehiko toma una de las manzanas que trajeron algunas personas hacía unas horas, tomando su cuchillo de caza comienza a pelarla como si fuera un simple cuchillo de cocina. No ofrece bocado, sino que él consume los gajos hasta que una mirada penetrante e insistente de parte de Victor hace que esta ceda y le entre algunos, entre risas.

— Cuando el grupo de Martin regrese se celebrará el juicio ante Alicia y Clara. También se juzgará al joven que trajeron, cual, por cierto, está aislado dado que mordió a Simon, el guardia —, comenzó a recitarle, cual noticiero, con voz apacible y desinteresada—, se espera que puedas participar en ese momento.

— Lo haré.

— Lo sé, más terco que un hipopótamo —, murmura entre dientes y causa una risa por parte de Victor, quien lo miro como si acaba de contar el mejor chiste del mundo. Toce, ahogándose con el pedazo de manzana y sintiendo un dolor punzante que viene de la parte posterior de su cuerpo (donde lo apuñalaron) ante la agitación.

— Que una mula. El dicho dice: "Es más terco que una mula: si dice que no, es no" —Presume que mula e hipopótamo debe ser similar en su idioma de origen, pues no entendía como podría confundir ambos animales en especial en el idioma actual que nada tenían que ver el uno con el otro. El japonés fácilmente lo desestima, moviendo su mano con el arma restándole importancia y se encoge de hombros. Esto les da una pequeña calma. Se sientan en silencio, comiendo hasta que el dolor y la droga que aún está en su sistema lleva a Victor a quedarse dormido.

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Victor despertó agitado, sintiendo el sudor frío correr por su espalda y el susurro lejano de su pesadilla aun atormentándolo. Aun así, no emitió ni un sonido, mientras tomaba respiraciones largas y trabajosas al sentarse con rapidez. Intentó alejar aquel sueño tan común en su vida: la alarma, el frágil cuerpo entre sus brazos y esa necesidad de huir tan sofocante, mientras sabes que los "perseguidores" están pisándote los talones y que en cualquier momento volverán atraparle para jamás volver a salir. Es una imagen tan recurrente que a veces puede recitar que va a suceder antes de que suceda, pero sin tener el poder para cambiarlo pese a ser su sueño y casi siempre con el mismo final: unas manos lo sujetan, otras arrancan el cuerpo que intenta salvar de sus brazos y los gritos del infante que es alejado lo rodeando al punto que muere solo de su dolor. Volver a dormir luego de ello es imposible, así que intenta centrarse en el ahora, girando rostro y tomando cualquier detalle menor que lo haga volver al mundo real.

Es de noche, lo notó en el momento que sus ojos se clavan en las sombras producidas por sí mismo y porque la única luz encendida es una vieja lámpara de aceite. Nota, también, que Takehiko descansa en la silla casi recostado y con ambas piernas sobre la cama, si él se moviera sólo un poco podría empujarlas fuera y causarle dolor innecesario. Sabe que su pierna mala debe de tenerla extendida cuanto pudiera, sin darle peso extra; su lesión pudo haber sido evitada por él mismo si al encontrarlo hubiera actuado más rápido y no tan cauteloso. La rodilla se rompió a un punto que el posterior médico que encontraron argumentó que era un milagro que aún tuviera movilidad de la parte baja de esta; jamás pudo sanar correctamente y el dolor quedó allí, persistente y habitual, parte de su vida. Actualmente una de sus misiones de vida es causarle el menor dolor posible a su amigo, sea por culpa o propia lealtad que se generó posteriormente es difícil saberlo, sólo que así son las cosas. Centrarse en Take le permite disipar sus demonios nocturnos y se deja caer nuevamente en la cama.

La droga se ha ido casi por completo de su sistema, presume que Kailahi le ha dado otra dosis en algún momento, aunque sea menor, dado que está seguro que sus efectos debieron de haber terminado hace un largo rato. El dolor de su pierna es constante, un latido y en recordatorio de su falla; su espalda, mientras esté recostado, parece amortiguarse y eso lo agradece. Su cabeza, por otro lado, duele como mil infiernos y está seguro que si fuera posible su cerebro ya hubiera salido de la prisión que su cráneo representaba; saltando y golpeándolo constantemente, exigiendo libertad. Victor terminó cerrando los ojos con fuerza, apretando su mandíbula e intentando volver a dormir.

— Que una mula —, escucha a Take repetir entre sueños y es suficiente para hacerlo sonreír a medias. Recuerda viejos dichos o refranes repetidos de mala forma por el japonés, con cariño y casi ternura, se deja arropar por un momento tan simple y común; sin peligros, sin monstruos al acecho, sin misiones suicidas o juicios. Sin dolor, sin pena, sin culpas.


Nota 2: El capitulo sirve únicamente para presentar un poco a Takehiko, quien se volverá alguien importante en algún punto y también como apertura del séptimo capitulo donde vemos a ella saliendo y haciendo algo (?). Queda de más decir que es para mostrar que Victor está vivo y recuperándose, Clara y Alicia están encarceladas como el chico que trajeron.