Prólogo – Cielo

Cuando el cielo se abre ocurre algo hermoso. Eso pensarás si vienes a esta ciudad. Miles de luces en una mezcla de colores hacen que el mundo, en el respiro de un segundo, se sienta mágico. Y mientras descienden hacia el suelo en un cegador bamboleo todo parece ir más lento. Cuando el cielo se abre todos se detienen y miran, pues la postal es propia de una fantasía. Poco a poco las luces comienzan a agruparse en pequeñas estelas de distintas formas, todo lo imaginable es todo lo posible para aquellas masas luminosas; que conservando su núcleo etéreo van tomando consistencia a medida que se acercan hacia el suelo, no, hacia nosotros. Y es que cuando el cielo se abre ocurre algo que muchos ajenos a esta ciudad tacharían de hermoso, pero que no lo es. Que el cielo se abra no es algo exactamente digno de admiración, pero las miradas hacia aquellos pequeños conjuntos luminosos ocurren de todas formas porque todos necesitan saber hacia dónde correr, dónde protegerse para no perderse entre lo que ya van siendo seres de brillo multicolor. Sin facciones, sin emociones, solo luz, color y una indolora letalidad.

Cuando el cielo se abre significa que la muerte cae nuevamente sobre la ciudad, que es tiempo de luchar si es que puedes o de lo contrario resguardarte lo antes posible. Aunque ningún lugar termina de ser seguro cuando las condensaciones luminosas descienden. Puedes correr, puedes esconderte, puedes resistirte o rendirte, pero has de saber que desde el momento en que el cielo se abre tu vida ya no es tuya sino del azar. Así, el momento que alguna vez fue fotográfico en la retina de muchos ahora se vuelve una película que va a toda velocidad. Aunque ya todos aquí estamos acostumbrados a eso. La agitación no es del todo desesperada, y algunos incluso anhelan poder quedarse mirando más tiempo para ver como batallan hábilmente aquellos que pueden hacerles frente. Les llaman "los profesionales de la luminosidad" y en su mayoría son jóvenes, puesto que es una carrera altamente deseable y rentable, y que lo peor que puede sucederte es morir sin dolor.

Sin embargo, pese al nombre que les ha puesto la gente de la ciudad, quienes se enfrentan a las condensaciones de luz usan todo excepto luz. Las máquinas de vacío que portan son el componente principal de su equipo, ya que captura en una oscuridad absoluta a las partículas de luz que conforman la condensación. Ya después es un asunto de gustos y excentricidades, mientras no refleje la luz todo es válido para su uso contra estos seres. Y así, todo se vuelve eventualmente un espectáculo. Y todo espectáculo se vuelve comercial. Así, estos anhelados profesionales terminan peleando entre sí por estar en las mejores ligas, casi como si aniquilar lo desconocido fuese un deporte. Que el cielo se abra no es un buen signo en absoluto, pero aun así la gente de aquí sabe cómo vivir.

Yo vivo aquí, y hoy también desde mi cama veo como el cielo se abre, como las nubes se cortan de par en par. Hoy también siento la brisa fría que pasa por el entorno como un susurro de advertencia ante lo que está a punto de suceder. Hoy también suspiro pensando en que de todas las veces que llevo viendo desde mi habitación como el cielo se abre, en ninguna ocasión una condensación ha venido por mí. Solo han llegado leves copos de luz que nada pueden hacer excepto dejar leves heridas en mi piel y un desgaste en mis ventanas y cortinas. Me pregunto por qué y para qué sigo vivo hasta ahora. Pero hoy tampoco es el día en el que encuentre la respuesta a esas preguntas que me hago cada vez que el cielo se abre.