Capítulo 4 – Yo, Beta

Salgo de mi propio cuadro de tristeza al sentir la humedad dejada por mis lágrimas en la almohada. Hay días en los que simplemente me duermo llorando y otros, como hoy, en los que se me hace incómoda la sensación y opto por dejar de llorar. Aun así siento que esto me está sucediendo cada vez con más frecuencia. Sin mucho ánimo decido levantarme para darme una ducha. Las duchas son lo único que no dejo pasar con independencia de cómo me sienta, después de todo no quiero sentir que he tocado fondo, no aún. Quiero resistir en este estado aunque sea absurdo.

Tras salir de la ducha enciendo la televisión para escuchar las noticias. Lo primero que veo es el titular que habla de las condensaciones de hace unos minutos. Sin embargo, al cambiar de canal veo un titular similar que explica una condensación ocurrida casi al mismo tiempo y tan solo a unos kilómetros de donde ocurrió la que vi. No puedo evitar sentarme a pensar en que esto es extraño. Me acomodo en el sillón con una toalla de mano y mientras me sacudo el cabello con la misma voy escuchando los detalles del acontecimiento. Tras un par de minutos de escucha no puedo seguir ignorando un pensamiento que ronda en mi mente desde hace meses, y es que de un tiempo hasta ahora las condensaciones están apareciendo cada vez con más frecuencia en la ciudad.

El incidente narrado es prácticamente igual al que vi con mis propios ojos y la cantidad de esfuerzo puesta sobre la condensación apenas si ha sido suficiente. Una parte de mí se desespera ante el inminente hecho de que las condensaciones estén ganando aún más terreno en esta batalla sin sentido. Se me hace gracioso pensar en que me da miedo morir considerando el estado en el que estoy.

Decido apagar la televisión al no encontrar nada más que sea particularmente llamativo. Me paso los dedos por el cabello, aun húmedo. No quiero resfriarme otra vez así que voy de vuelta al baño en busca del secador de cabello. Cuando termino de usarlo y lo apago, el rugir de mi estómago se hace presente. Es cierto, aun no desayuno. Me pregunto qué podría combinar para armar un desayuno decente.

Voy hasta el reducido sector que este lugar tiene por cocina y tanteo con la mirada la alacena, pero antes de que pueda proceder a prepararme algo el timbre suena con un largo chirrido. Lo ignoro, pero el chirrido se repite un par de veces. Suspiro y decido dirigirme a la puerta. Abro con cierta inquietud, desde hace un tiempo se me hace extraño interactuar con personas desconocidas. Sin embargo, apenas abro la puerta reconozco un uniforme familiar y escucho al mismo tiempo una voz que me saluda cálidamente.

—Hola, Beta. —El instructor Lambda está parado frente a mí, sonriéndome suavemente. Como siempre, se siente como una figura amable y confiable. —¿Puedo pasar? Me gustaría hablar contigo.

—Claro. —Contesto enseguida, aunque lastimosamente no puedo devolverle la sonrisa. Después de todo sé qué es lo que viene a hablar conmigo, dado que ya ha venido en otras ocasiones hasta mi puerta. —¿Me dejaría desayunar?

—Por supuesto.

Sin más palabras de por medio, el instructor Lambda entra en mi departamento con naturalidad, sentándose pacientemente en el sofá mientras yo me dirijo nuevamente a la cocina para prepararme el desayuno, aunque ya no siento hambre. Opto por mi clásico favorito: té con galletas. Con el hervidor en su máxima potencia en pocos minutos tengo el agua suficiente para sumergir una bolsita de té en un tazón color lila. Saco unas cuantas galletas de un envase rectangular y comienzo a comer en silencio mientras Lambda contempla unos de mis cuadros caseros. En cuanto termino carraspeo un par de veces antes de hablar.

—Me iré a la cama. —Le comento para hacerle saber sutilmente que nos moveremos de habitación. El asiente con seguridad y se pone de pie. —Ya sabe, puede sentarse en la silla de siempre.

Me muevo con lentitud hacia mi habitación, sintiendo como una tensión invisible se adhiere a mis hombros. No me gusta esto. No me gusta tener conversaciones que tienen que ver conmigo y con mi profesión. Esta es la cuarta vez que Lambda viene hasta mi departamento a intentar convencerme de que regrese a mi escuadrón o que le imparta clases a algunos novatos en la última rama. O peor aún, puede que incluso suceda otra vez el hecho de que hablemos de ella y de mí. Mientras me recuesto en la cama un suspiro llega hasta mi boca, lo dejo salir en plenitud, esto es agotador.

—Veo que puedes moverte mejor que otras veces, Beta. —Inicia Lambda al tiempo que toma asiento en la silla que utilizo para sentarme frente a la computadora.

—Al parecer el tratamiento de esta vez está siendo efectivo, ya estoy en la etapa 3 de 4. —Le comento de vuelta con desinterés.

—Sabes por qué he venido, ¿verdad? —Asiento con la cabeza. —Beta, como te he dicho antes, entiendo tus circunstancias y por lo mismo es que quiero apoyarte activamente para que puedas movilizarte y superarlas.

Asiento nuevamente al tiempo que observo que está algo cansado. Entiendo que no es precisamente porque esté harto de mí o de venir aquí, sino más bien porque ha de tener más trabajo ahora que las condensaciones ocurren más a menudo. Ha de ser estresante tener que dirigir a los varios egos que están detrás de cada escuadrón del top de profesionales de la luminosidad. Mientras me mira con cuidado, como si yo fuese algo muy frágil, prosigue.

—Eres un elemento vital para tu escuadrón, sí, pero antes que eso eres una persona y mereces vivir tu vida con más diversidad de lo que te brindan estas cuatro paredes. Beta, seré claro, vuelve a trabajar como profesional de condensaciones.

—Sabe que no volveré, no así, con mi cuerpo en esta extraña condición. —Me excuso como de costumbre, pensando en que aunque no lo diga él sabe perfectamente que mi cuerpo no es lo único que anda mal en mi vida.

—Tú mismo has dicho que estás mejorando y puedo ver que has mejorado, ¿qué te detiene de intentarlo?

Su pregunta me hace sentir que el tiempo se ha detenido por un segundo. Me ha llegado profundamente. Suelto un suspiro y me giro para mirar por la ventana. ¿Qué me detiene? Buena pregunta. La respuesta es que realmente, en lo técnico, nada me detiene. Sé que si quisiera mi tratamiento podría ir más rápido, así que la condición de mi cuerpo no es más que una mera excusa al final del día. Sin embargo, lamentablemente volver a tener una vida no es algo solamente técnico, se necesitan ganas para vivirla, y eso es algo que yo no tengo.

Pero aun así, ¿realmente es mi condición mental la que me detiene? No sabría decirlo con certeza, después de todo solo se trata de intentarlo, y lo peor que puede ocurrir es que vuelva a fracasar. Suspiro nuevamente, es tiempo de que de alguna respuesta.

—Instructor. —Inicio mi frase con firmeza y luego procedo con sinceridad. —No hay nada que me detenga, pero aun así no puedo intentarlo, lo lamento mucho.

—¿Es debido a…?

—No, no es debido a ella. —Lo interrumpo con fuerza y algo irritado, aunque sin terminar de entender por qué me he molestado. —Es un problema de motivación. Simplemente no puedo hacerlo, volver ahora después de todo lo que ha pasado.

—Lo siento, no pretendía alterarte. Pero Beta, ¿realmente estás bien así?, ¿es así como quieres pasar el resto de tus días?

—Yo… —Antes de que pueda completar la frase para decir que me parece bien, los sentimientos se agolpan en mi interior. Hago una pausa mental al girarme para ver por la ventana, pero es inútil, las lágrimas comienzan a ganar terreno en mis ojos. —Yo no quiero vivir así, instructor, pero esto no es algo contra lo que pueda luchar.

Lambda me mira comprensivamente, no puedo percibir que esté sintiendo lástima por mí. Continúo llorando un par de minutos hasta que el nudo que tenía en la garganta parece disiparse.

—Lo entiendo, no tienes que presionarte. Gracias por tu sinceridad, y lamento si he sido insistente en mis formas.

—Está bien, cada quien lo intenta a su manera, supongo.

—Sé que tú también puedes intentarlo a tu manera, Beta. Recuérdate a ti mismo quien eres y lo que has hecho hasta ahora. —Lambda hace una pausa antes de proceder a levantarse de la silla. —Agradezco que hoy también te dieras el tiempo de escuchar mi solicitud.

—Gracias a usted por venir hasta aquí. —El asiente como siempre, con una leve sonrisa en su rostro. Por esta vez decido sonreírle de vuelta, aunque siento que mi boca solo ha logrado hacer una mueca algo torcida.

Y así, sin mucho más que decir, Lambda hace su retirada de mi departamento dejando nuevamente abierta la interrogante sobre si he de regresar o no a mi vida como profesional. Esta vez siento que sus palabras han calado hondo en mí, más de lo normal. La pregunta sobre qué es lo que me detiene me sigue dando vueltas, mezclándose con imágenes vagas de aquello que creo que me detiene, mi escuadrón y ella. A ninguno de los dos puedo verles a la cara después de cómo me he comportado.

Cuando miro al pasado solo puedo sentir vergüenza y arrepentimiento. En ese entonces fui un imbécil presuntuoso y arrogante que solo podía pensar en sí mismo. Herí a quienes me importaban, a quienes me querían, hasta un punto en el cual solo podían sentir lástima y desprecio por mí. Yo les hice cambiar, los llevé hasta el extremo, los hice sucumbir a base de malos tratos, exigiéndoles lo imposible.

Actué frívolamente contra los que más me importaban, pese a que tanto mi escuadrón como ella llegaron a ser lo más cercano que tuve a una familia. Mi mente ronda alrededor de esta última palabra. Pensar que en algún momento imaginé mi vida en compañía se me hace extraño ahora que he experimentado la soledad por un tiempo.

Me pregunto cómo hubiese sido mi vida en compañía de ella. Descarto esta idea con rapidez. No quiero tener que pensar en ella, ni en nadie. No de nuevo. Me frustra y me quema por dentro el recordar todos los escenarios en los que mi comportamiento fue más que cuestionable. Sin embargo, los gritos, las malas palabras y acciones, todo lo malo que le hice sentir y pasar, comienza a carcomerme desde dentro, buscando salir.

Como siempre termino golpeando la pared por la impotencia y el asco que me causa mi propio ser. No puedo volver en el tiempo, no puedo arreglar absolutamente nada. Mis lamentos pronto se transforman en un llanto desesperado. Estoy harto de todo, de mis acciones, de mis elecciones, de mi pasado y de mi presente. Sin darme cuenta comienzo a perder fuerzas mientras lloro. Pronto el sueño me lleva a una paz temporal.

Para cuando despierto al sol no le quedan sino unas pocas horas de protagonismo antes de que aparezca la luna. Supongo que por hoy no habrá condensaciones. Más tranquilo que antes traigo de vuelta la pregunta de Lambda a mi mente. Me pregunto qué es lo peor que podría pasarme si me reintegro. No tardo en preguntarme qué diría mi escuadrón o que diría ella si regreso.

Es ridículo, pero tengo miedo de ellos, porque siento que en el momento en que crucemos miradas todo lo malo que he hecho aparecerá de golpe y me lanzará al suelo. No quiero mostrarme así de frágil, quiero ser quien era antes. Quiero volver a ser esa persona amigable y capaz en la que todos confiaban y creían. No quiero aparecerme con este aspecto maltrecho de ser humano, quiero verme y sentirme bien de nuevo. Sin embargo, no tengo de donde aferrarme, tampoco tengo nada que me jale hacia afuera de este agujero que con el pasar del tiempo se vuelve cada vez más profundo.

Pienso en ella otra vez y no tardo en comenzar a extrañarla. Me pregunto qué estará haciendo en este momento, si estará feliz, tranquila. Muy probablemente sí, después de todo antes de que yo apareciera en su vida esta parecía ir bien. Fui yo quien torció su rumbo y por lo tanto tengo que permanecer lejos hasta que ella termine hartándose y le dé fin a esta extraña relación, porque al menos yo en este momento no puedo hacerlo. Simplemente no puedo dejarla ir, pese a todo el mal que le he causado no puedo imaginarme sin ella a mi lado. Me siento patético y egoísta. No tengo remedio.

Al final del día soy solo un inútil que no puede tomar ninguna decisión. Me giro de cara a la ventana, el atardecer me llega con ardientes tonos de rojo y naranja. Se siente abrasador el mirarlo y de alguna forma me calma. Cierro mis ojos, sintiendo el sonido de las ramas de los arboles chocar entre sí, el día de hoy todo parece andar bien. Me pregunto si mañana podría ser un mejor día que hoy, espero que sí, estoy cansado de tener días malos. Abro mis ojos nuevamente y el paisaje sigue sintiéndose como algo surreal. Suspiro. Quizás debería plantearme más en serio el hacer algo con mi vida, ya sea que vuelva o no a mi trabajo como profesional de la luminosidad.