Quizás debería haberse asustado cuando vio que él no se reflejaba en el espejo del ascensor. Sin embargo, estaba ocupada enredando los dedos en su pelo.

Tal vez debería haberse planteado que había algo raro en él cuando le dedicó esa sonrisa en la que destacaban dos colmillos muy afilados. No obstante, para entonces ya tenía las manos debajo de su camisa.

A lo mejor debería haber pensado en huir cuando él inclinó su cabeza hacia ella en busca de su cuello, pero acababa de poner la mano en su pecho y ya estaba clavando la punta de madera que remataba su anillo donde el vampiro debería haber tenido el corazón.

Quizá, después de todo, había sido él el que no había estado prestando atención a las señales. La cazavampiros se permitió sonreír mientras lo veía convertirse en polvo. Después el ascensor paró y ella salió a seguir con su vida hasta la noche siguiente.